Mundial de Horseball: los argentinos disputan la copa en Francia con más entusiasmo que recursos económicos

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Los jugadores albicelestes en Saint-Lô, donde tiene lugar el cuarto Mundial de Horseball; la Argentina tiene como deporte nacional al pato, que es similar a la disciplina que dominan Francia y España, pero ha creado su asociación ad hoc para crecer en ese juego.
Los jugadores albicelestes en Saint-Lô, donde tiene lugar el cuarto Mundial de Horseball; la Argentina tiene como deporte nacional al pato, que es similar a la disciplina que dominan Francia y España, pero ha creado su asociación ad hoc para crecer en ese juego.

Recursos escasos, entrenamientos reducidos, costos altos. Llegar a la Copa del Mundo de horseball no fue fácil, como tampoco armar los equipos. Viajaron los mejores, o sea, no todos. Debieron pagar sus pasajes aéreos. Participan aquellos que tienen posibilidades económicas y capacidad de adaptación. Alquilan los caballos, consiguieron auspiciantes para sus uniformes y, sin mayor preparación, dos equipos nacionales debutaron en el Mundial de Francia de una disciplina que se parece bastante al pato, el deporte nacional de la Argentina por decreto. Tan nacional que casi solamente en el país se lo practica; lo que existe por el estilo en el exterior es el horseball.

Nicolás y Facundo Taberna, Justo Bermúdez, Narciso Díaz, Tomás Healy, Braulio Etulain y Vicente Moras conforman el conjunto de pro elite. Y Healy, Lautaro McDermott, Gonzalo Etulain, Mateo Jaime, Fausto Villagra e Inés Healy son el plantel sub 21. Inés es la única mujer representante de la Argentina en un mundial de horseball, y su hermano Tomás es el único que integra ambos equipos.

El orgullo por el Himno Nacional en el Mundial

“Éste es el cuarto mundial al que vamos. El año pasado el presidente de la Federación Internacional de Horseball nos dijo que fundáramos la Asociación Argentina de Horseball para poder participar de manera independiente en los mundiales. Nos recomendó que nos diferenciáramos del pato. A Francia vinimos con lo que pudimos, sabiendo que contra ciertas selecciones no vamos a poder jugar de igual a igual. Hay muchas ganas, y expectativas en que los sub 21 absorban experiencia para transmitir en el país”, explica Nicolás Taberna, jugador en pro elite y entrenador del cuadro juvenil.

El Mundial se divide en cinco categorías: pro elite, sub 21, sub 16, sub 10 y damas. Salvo los de esta última, los equipos pueden ser mixtos. Participan Portugal, Bélgica, Francia, España, Gran Bretaña, Italia, Canadá, Kazajistán, Japón y, por supuesto, la Argentina. Los líderes, un escalón claramente por encima del resto, son España y Francia. El horseball es practicado de forma amateur en el mundo, y pretende crecer en fechas internacionales, hasta llegar a un calendario estable, para generar más jugadores y aficionados, y con ello, patrocinadores.

Nicolás Taberna, un crack como patero, es el único que ha protagonizado los cuatro mundiales de horseball.
Nicolás Taberna, un crack como patero, es el único que ha protagonizado los cuatro mundiales de horseball.

Los argentinos se estrenaron este lunes, con derrotas frente a Bélgica por 13-5 en pro elite y Portugal por 16-4 en sub 21. No les fue ciertamente mejor este martes: 12-3 a manos de Portugal y 12-1 ante España, respectivamente. Este miércoles la exigencia será la máxima: España en pro elite y Francia en sub 21. El Mundial, que es el cuarto, se desarrolla en Saint-Lô, dura una semana y concluirá este sábado.

Los caballos son cosa típica de la Argentina, que se destaca en deportes hípicos. Pero, ¿por qué horseball y no pato? ¿A qué apuntan la nueva federación albiceleste? “La presencia del seleccionado argentino en el Mundial de Horseball nos permite implantar un deporte con miras futuras y fuera de nuestras fronteras, ya que será el despegue del deporte en el nivel nacional y el espejo de nuestra destreza ecuestre, ante un público muchísimo más amplio”, apuntan los miembros que fundaron la asociación nacional.

Jugadores argentinos durante la última práctica en el país antes de viajar al Mundial de Francia.
Jugadores argentinos durante la última práctica en el país antes de viajar al Mundial de Francia.

El deporte surgió en Europa y se desprende del pato. Es semejante pero se compone con varias reglas de otras disciplinas, como el rugby, el básquetbol y el handball. Se lo juega bajo techo sobre una superficie de arena de 70 metros por 40, rodeada por inflables que protegen a los caballos y los jugadores, que son cuatro por bando. Hay límite de tiempo de posesión, se anota dentro de una canasta, se ejecuta los laterales con un line-out. Existen dos suplentes y cambios ilimitados durante los dos tiempos de diez minutos.

“El horseball es más táctico que el pato. Hay más jugadas armadas y requiere mayor destreza. Pero el juego es similar. Acá somos todos jugadores de pato y la adaptación no nos cuesta, nos gusta. Además, atrae más al espectador porque es más chica la cancha, no toma tanta velocidad el caballo, es indoor y es mucho más económico. En el pato uno tiene que cuidar y preparar al menos seis caballos; para éste se necesita uno solo”, describe Taberna, el único jugador que protagonizó todos los mundiales, y campeón del Abierto Argentino de pato por San Patricio.

La Argentina es el único país participante que no tiene caballada propia en Saint-Lô. Debe alquilar montados, a 150 euros por día cada uno. Un costo alto, uno más en esta aventura que sufrió varias bajas en el camino a causa de los impedimentos económicos. Encima, el nivel de los caballos rentados no está a la altura para disputar la Copa del Mundo, aseguran los jugadores nacionales, que tuvieron poco tiempo para montarlos y conocerlos –apenas un día–. Por eso, saben de antemano que estar en el mismo nivel que Francia y España es imposible.

“Si termina siendo una caballada normal, no tan mala, puedo pensar en entrar entre los primeros cuatro. Me gustaría. Una semifinal contra España o Francia sería un buen objetivo, y ahí sí ya es imposible pasar de rueda”, sostuvo Taberna antes del debut en el campeonato. Quizás más entusiasmo que nadie tiene su única compañera, Inés Healy. “Es la primera vez que viajo a un mundial, es tremendo pensar que voy a jugar. Todavía no caigo. Creo que después de esto se va a conocer más el deporte, y para mí la gente va a interesarse más. Estaría bueno porque es muy divertido el horseball, si bien al principio cuesta”, manifestó para LA NACION previamente al viaje la protagonista femenina de la delegación.