Cómo la muerte del ‘gentleman’ de la Fórmula 1 sirvió para salvar muchas vidas

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Elio de Angelis durante su etapa en la Fórmula 1. (Foto: David Olson / Getty Images).
Elio de Angelis durante su etapa en la Fórmula 1. (Foto: David Olson / Getty Images).

Desgraciadamente, desde que en 1950 comenzó la historia de la Fórmula 1 más de medio centenar de pilotos han perdido la vida durante una carrera, en entrenamientos, en sesiones de prueba o en otros eventos no relacionados con el Mundial. Todos los aficionados recuerdan algunas como las de Ayrton Senna, Gilles Villeneuve o la reciente de Jules Bianchi, pero probablemente la que más sirvió para que cambiara la seguridad en este deporte y se evitaran muchos otros fallecimientos la protagonizó Elio de Angelis en 1986.

Descendiente de una de las familias más ricas de Italia, contó con privilegios a los que la mayoría de pilotos no podían acceder, como ir a las carreras de Fórmula 3 en jet privado o debutar en la Fórmula 1 con 21 años, algo muy inusual en la época salvo si tenías mucho dinero. Sin embargo, este romano demostró ya desde categorías inferiores que su ascenso en el automovilismo no se debía únicamente a sus posibilidades económicas.

Heredó la pasión por la velocidad de su padre, Giulio, que tenía una constructora y participaba en carreras de lanchas. Sin embargo, él se decidió por los coches. Fue campeón de Italia y subcampeón del mundo de karting, ganó la Fórmula 3 de Italia, venció el Gran Premio de Mónaco de Fórmula 3 y consiguió un podio en la Fórmula 2 Europea antes de debutar en la Fórmula 1 con el equipo Shadow en 1979.

Pese a las limitaciones de su coche, realizó buenas actuaciones en su primer año, consiguiendo una meritoria cuarta plaza en Estados Unidos, y se ganó un puesto en Lotus de cara a la siguiente temporada. En la escudería británica pasó la mayor parte de su carrera en la Fórmula 1, en la que consiguió dos victorias, nueve podios y tres poles, obteniendo como mejor resultado en el Mundial el tercero de 1984.

De Angelis con su Lotus en el Gran Premio de Alemania de 1984. (Foto: Paul-Henri Cahier / Getty Images).
De Angelis con su Lotus en el Gran Premio de Alemania de 1984. (Foto: Paul-Henri Cahier / Getty Images).

Levantando recelos siempre por esa imagen de niño rico, se ganó al paddock y a los aficionados con su educación, su elegancia y sus intereses más allá de los circuitos de velocidad, como la lectura o la música. De hecho, era un virtuoso con el piano. Muchos le apodaban el gentleman de la Fórmula 1.

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El fichaje de Senna por Lotus le dejó sin hueco en la escudería británica y en 1986 firmó por Brabham. El inicio de temporada fue malo con tres retiradas en cuatro carreras y solicitó acudir a unos entrenamientos privados en el circuito francés de Paul Ricard pese a que en principio su equipo no lo iba a llevar a él.

Era el 14 de mayo de 1986 cuando De Angelis realizaba estos entrenamientos libres. En un momento de la sesión, el alerón trasero de su monoplaza salió disparado y el italiano no pudo dominar el vehículo, que acabó levantándose de la pista, chocando con una de las barreras y dando varias vueltas de campana hasta caer de lado.

Milagrosamente, el accidente no le causó ninguna lesión importante, pero De Angelis era incapaz de salir del vehículo y no había nadie para asistirle. Fueron algunos pilotos que pasaron después por esa zona del circuito, como Alain Jones, Nigel Mansell o Alain Prost, quienes pararon su coche y trataron sin éxito de sacarlo.

Los minutos pasaban y del coche comenzó a salir humo. Siguió llegando más gente entre pilotos, mecánicos, aficionados y únicamente dos comisarios hasta que finalmente sacaron al italiano del monoplaza. Sin embargo, ahí no terminó la serie de desastres. Y es que el helicóptero que debía llevarle al hospital de Marsella tardó media hora en llegar.

Al día siguiente, De Angelis murió en el hospital de La Timone por inhalación de humo y se comprobó que en el accidente solo había sufrido una fractura de clavícula.

De haber habido más comisarios por toda la pista y con una buena preparación, de haber instalado un centro médico en el circuito y de contar con un helicóptero, el resultado hubiera sido diferente. A raíz de su fallecimiento, se comenzó a hablar mucho más de las normas de seguridad, especialmente en los test.

Se abrieron los debates y comenzaron las mejoras, si bien hasta después de la muerte en Imola de Senna en 1994 no se instauró la atención por la seguridad que continúa hoy. Max Mosley, presidente de la FIA entre 1993 y 2009, Charlie Whiting, director de carrera de la Fórmula 1 entre 1988 y 2007, y Bernie Ecclestone, patrón de la Fórmula 1 entre 1987 y 2014 y dueño de Brabham en el momento de la muerte de De Angelis, jugaron en ello un papel fundamental.

La de De Angelis fue una muerte evitable, pero al menos sirvió para que no ocurrieran muchas otras en los años posteriores y para cambiar la Fórmula 1 para siempre.

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