Quanesha Burks, la atleta olímpica que sobrevivía trabajando en el McDonalds

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EUGENE, OREGON - JUNE 24: Quanesha Burks looks on after competing in the first round of the Women's Long Jump on day seven of the 2020 U.S. Olympic Track & Field Team Trials at Hayward Field on June 24, 2021 in Eugene, Oregon. (Photo by Patrick Smith/Getty Images)
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“Ha sido un largo camino, que empezó con una niña que trabajaba en McDonald’s y ahora está aquí”. Quanesha Burks (Alabama, 1995) lo dice como si nada, pero la historia que hay detrás de su viaje hasta los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 es mucho más complicada. Es una de esas historias olímpicas que tanto gustan, y que al mismo tiempo sirven como ejemplo para muchas chicas que sueñan con tener una cita con los cinco aros, aunque en un principio todo apunte a que será complicado.

Este verano, con 26 años, Burks representará a Estados Unidos en los Juegos Olímpicos en la disciplina de salto de longitud. El día que se clasificó de forma oficial para Tokio 2020 lo celebró tomando una ración mediana de patatas fritas, sin sal y con salsa agridulce. Un capricho que se sale de su estricta alimentación pero que tiempo atrás era una de sus comidas más habituales.

Con 17 años, Burks trabajaba en el McDonald’s de la localidad donde creció juntos a sus hermanas, siendo criada por sus abuelos. Se despertaba a las 4:30 de la madrugada para llevar a su abuela a su empleo en un centro de salud que estaba a media hora de su casa, regresaba a su domicilio, despertaba a sus hermanas y las preparaba para ir al colegio. Posteriormente iba a clase y entrenaba con el equipo de atletismo. Una vez que terminaba se iba a McDonald’s, de 16 a 22 horas, que era el horario máximo permitido para empleados en edad de instituto. No era en absoluto la vida de una adolescente al uso, pero a ella tampoco le parecía tan mal.

Cuando trabajaba en McDonald’s, pensaba que era el mejor empleo de la historia. Ganaba cien dólares cada dos semanas. Era muy poco, pero iba a trabajar contenta porque sabía que era una forma de conseguir mi objetivo de ir a la universidad”, cuenta en una entrevista para Sports Illustrated. Su familia no llegaba a fin de mes. Estiraban los cheques como goma de mascar. Mientras que a sus amigos sus padres les compraban zapatillas de baloncesto o la equipación de fútbol americano, ella se preocupaba de cumplir con todas sus tareas domésticas para no tener que robarle horas al sueño.

Un compañero de clase la empujó a que hiciese las pruebas en el equipo de atletismo. Para que no tuviese excusa, le regaló unas zapatillas de clavos y quedó tercera en los 2012 USATF National Junior Olympics. En ese momento se dio cuenta de que quizás la universidad no estuviese tan lejos y que una beca deportiva no era ninguna locura. “Recuerdo que muchas veces miré que requisitos se necesitaban para conseguir una beca y rápidamente la descarté. Pero todo cambió en el momento que salté más de 6 metros”, confiesa.

Alabama's Quanesha Burks competes in the long jump during the Southeastern Conference indoor track and field championships Friday, Feb. 26, 2016, in Fayetteville, Ark. (AP Photo/Gunnar Rathbun)
Quanesha Burks en sus días de universidad. Foto: AP Photo/Gunnar Rathbun.

Entrevistas universitarias en los descansos de McDonald's

La universidad se convirtió en una opción factible, pero no la única. McDonald’s siguió siendo su método de ahorro. Tanto que los entrenadores universitarios que se habían fijado en ella y querían entrevistarla ante la posibilidad de becarla tenían que esperar a sus descansos para poder hablar. Burks los atendía a toda prisa y prometía llamarlos por teléfono cuando terminase su turno… normalmente a una hora a la que ya no se llama a casa de un entrenador universitario.

“El entrenador de la Universidad de Alabama organizó una reunión conmigo y mi entrenador del instituto para hacerme entender que mi vida iba a cambiar por completo y que no iba a tener la necesidad de trabajar en McDonald’s nunca más”, recuerda una Quanesha que esboza una sonrisa en una entrevista televisiva en la NBC. Sin embargo la chica no dejó su trabajo hasta que no se graduó en el instituto y después de haber ganado once títulos estatales, incluidos los de 100 metros lisos, salto de longitud y triple salto.

Nadie en su familia había ido a la universidad. Burks no sólo lo hizo sino que además dejó su huella. Vistiendo el uniforme de la Universidad de Alabama consiguió el título de campeona NCAA de salto de longitud en pista cubierta en 2015 y 2016. Un año más tarde, después de terminar sus estudios, dio el salto al atletismo profesional.

La dura bofetada del profesionalismo

El cambio de la NCAA al profesionalismo se le atragantó a Burks, que recibió un gran palo al quedar cuarta en salto de longitud en los 2018 World Athletic Indoor Championships a sólo cuatro centímetros del pódium. Las contantes decepciones le hicieron plantearse muchas cosas y su vida empezó a ser un juego de Jenga que se desmoronó por completo cuando un año más tarde perdió a su abuela. El mazazo fue tan grande que no pudo clasificarse para los Campeonatos de Mundo de 2019.

Sin embargo, Burks tiró del orgullo, la perseverancia y el trabajo que tanto le había inculcado su abuela y resurgió de sus cenizas en 2020. Se calzó los clavos y voló para proclamarse campeona de Estados Unidos en pista cubierta. Pero la montaña rusa en la que se había convertido su vida le tenía guardado otro bajón en forma de lesión en el fémur. Estuvo casi tres meses sin correr ni saltar y nadie daba un duro porque pudiera llegar a tiempo a las pruebas clasificatorias del equipo olímpico. Ni su entrenador, ni los médicos. Nadie… excepto ella. “Sabía que me estaba jugando mucho, pero volví mi vista a mis tiempos en McDonald’s. Tenía un objetivo y sabía que iba a conseguirlo”, confiesa la joven. No sólo llegó a tiempo a la competición, sino que además saltó 6.96 metros, quedó tercera y consiguió el billete para su sueño olímpico que ahora vivirá en Japón. Como para resumirlo todo en “un largo camino, que empezó con una niña que trabajaba en McDonald’s y ahora está aquí”.

Vídeo | El atleta sin piernas con dos récords del mundo en atletismo

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