Andrés Casillas, planes, luces y sombras

Rubén Uría

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En su camino hacia la conquista de una triple corona inédita en la historia, España debutó con un empate ante Italia. Un reparto de puntos merecido en un partido de ida y vuelta, entretenido, con el césped seco y un tiempo completo para cada uno. España pudo ganar, sí. Italia, también. El equipo de Prandelli, en un ejercicio contracultural de mérito, se sacudió las viejas cadenas del catenaccio y tuvo la valentía de discutirle la pelota a España. De hecho, se la arrebató.  Desprovista de su alimento natural, la pelota, la campeona de Europa y del Mundo paso momentos de agobio. España tardó cincuenta minutos en encontrar su velocidad de crucero habitual. Entonces, cuando recuperó el gobierno del partido, gozó de varias ocasiones e incomodó a Italia, que se vio obligada a apostar por el contragolpe.

El partido, intenso en la primera mitad y vertiginoso en la segunda, dejó tres nombres propios. Por bando italiano, Andrea Pirlo, un veterano pura clase que impartió una lección magistral en el primer tiempo, como regista de una selección azzurra que demostró que sí, que puede. Que cuando quiere jugar, que cuando quiere tener la pelota, también sabe. Por bando español, protagonismo para dos sospechosos habituales del éxito: bajo palos, Iker Casillas contuvo a los italianos, demostrando que además de tener ángel, tiene la gran virtud de estar siempre de guardia cuando los demás están desatentos. En otra dimensión, rayando la matrícula de honor, estuvo el de siempre, Andrés Iniesta. Entregado en una actuación memorable, tuvo doble mérito ante los azzurri: acudió al rescate cuando España sufría y la dirigió en cada ataque, para convertirse en el socio de todos.

Del Bosque rediseñó su boceto. El seleccionador tuvo dos planes y ambos tuvieron luces y sombras: de entrada, después de devanarse los sesos sobre el nombre del delantero centro titular del equipo, Vicente cogió a todos con el paso cambiado alineando a Fàbregas como nueve mentiroso. Acierto porque Cesc anotó el gol español. Error porque, sin amenaza fija, Italia adelantó su defensa y construyó superioridad numérica en la presión, haciendo mucho daño a España. Conclusión: la opción del falso nueve es potable, pero tampoco parece una vía capaz de meter el miedo en el cuerpo al enemigo. El segundo plan de Del Bosque fue un clásico: un extremo para abrir el campo (Navas) y un ariete fresco para dañar al espacio (Torres). Más de lo mismo: luces y sombras. España recuperó su estilo más reconocible. Navas aportó profundidad. La solución Torres alternó bueno y malo. Lo bueno, que generó muchas ocasiones de gol. Lo malo, que escogió mal en todas y cada una de las chances que tuvo para vacunar a los italianos.

En definitiva, España saldó su primer envite con un empate justo, donde Italia evidenció el futuro de esta selección en esta cita: si no alcanza su mejor versión y no sale enchufada desde el principio, será vulnerable. Italia fue la prueba evidente de que en este campeonato hay varios equipos capaces de contrarrestar el ideario español, cada vez más conocido, cada vez más estudiado. Por el contrario, si España combina su juego de posición con la profundidad, reeditará su corona. Tiene tanto talento en el centro del campo, que las ocasiones acaban por caérsele del bolsillo. Y además, tiene el mejor plan posible: ni dl doble pivote, ni falso nueve. Tiene a Iniesta y Casillas. Es decir, Andrés Casillas. Un activo suficiente para conquistar cualquier campeonato. Próxima estación, la República de Irlanda. Es decir, la Republica Independiente de Trappattoni.

Rubén Uría /Eurosport

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