El penúltimo cuento chino

Rubén Uría

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Alea jacta est. La suerte está echada. España inicia su camino a la gloria como única aspirante a superar un desafío histórico sin precedentes, concatenar la conquista de una Eurocopa, un Mundial y otra Eurocopa. Primero con Luis Aragonés — origen y estilo — y ahora con Vicente Del Bosque — continuidad y bonhomía-, la selección acude a Polonia y Ucrania con inexcusable condición de gran favorita. En lo particular, el talento del grupo, a pesar de las ausencias forzosas de Puyol y Villa, sigue siendo infinito. En lo global, la propuesta, la posesión y las múltiples variantes para controlar el centro del campo son garantías solidarias del potencial coral de una selección que se comporta como un equipo. España, sin ambages, competirá contra todos, pero principalmente, competirá contra sí misma. Si logra alcanzar su mejor versión, clonando la excelente actitud de sus últimas grandes citas, volverá a estar un peldaño por encima del resto de candidatos al título.

Alemania, Holanda, Italia, Francia o Inglaterra, sempiternos candidatos al título, ya no miran a España por encima del hombro. Hoy, los complejos psicológicos, la maldición de cuartos e incluso el revisionismo arbitral, forman parte de la prehistoria. España ya no busca un estilo. Lo ha encontrado. Sabe ganar y sabe gustar. No admira el gen competitivo de otros, tiene el cuyo propio. Pareciera que ha pasado una eternidad de aquel mantra pesimista, donde los aficionados repetían una y otra vez que el fútbol era un deporte de once contra once, en el que España siempre caía en cuartos. Pero el caso es que sólo han transcurrido cuatro años desde esas letanías de infortunio, leyendas negras y fatalismos interminables ante italianos o alemanes. Entonces España jugaba como nunca para perder como siempre. Hoy España, que aplica que tratar bien al balón es tratar bien al espectador, juega como nunca y gana casi siempre.

Quizá por todo eso, por esta generación de oro que ha invertido el ciclo del fútbol español, duele aún más la caótica preparación ideada para este grupo irrepetible. Quizá por eso ofende todavía más el Villar Trophy (copyright Joaquín Maroto, management Alfredo Relaño), con su paripé de fechas y afán recaudatorio, culminado con un epitafio final ante China. No había mejor rival posible para evidenciar la realidad de una Federación negligente. El partido ante los de Camacho es la prueba del penúltimo cuento chino de quien pretende engañar, por supuesto, como a chinos, a los aficionados. Razón: Supercopa 2013. Bien me quieres, bien te quiero, no me toques el dinero. Paradojas de la vida, los partidos del campeonato español se han disputado a mediodía para disfrute de los chinos y curiosamente, el día que España se enfrenta a China, el choque se programa a las seis de la madrugada, según horario de los afables amigos de Confucio y a la sazón, vecinos de Pekín. Surrealista.  Es más que posible que, si alguna vez, el sentido común persiguiese a Villar, jamás pudiera alcanzarle.

Rubén Uría / Eurosport

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