Pequeñas cosas que forman parte de nosotros

Rubén Uría

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Descubrir que hay extensiones más grandes que cualquier herida, que los muñecos de pesebre se multiplican o desaparecen según la dieta de nuestro interior, olvidar el juego de mostrar-contar porque quien no muestra nada lo cuenta todo, atreverse a cambiar de rumbo con los pies en el suelo, no escudarse en el lloro de la desventura y sus conjuntos, aguantar los golpes de la vida sin dejar de avanzar porque quien resiste vence, sentir la transmisión de una paz interior indescriptible, interpretar una mirada fugaz para sentir que los iguales se reconocen. Entender que podemos llevar años muertos en vida para resucitar en un solo instante si el azar te coloca una trampa maravillosa en el camino.

Descubrir que una crítica tiene más justicia cuando va de blanco a negro y no viceversa, insistir en poner precio a la dignidad es haberla perdido, pensar en un gran pensamiento, seguir suspendiendo aunque el mundo te matricule en dar clases para no confiar en la gente, pajarear un alma nada aventurera para dar un mordisco al mar, olvidar el filete con patatas para mezclar una pizca de wasabi con salsa de soja, filosofar sobre los peligros de una vida peligrosa donde unos hacen el mal y otros eligen sentarse a ver lo que pasa, saber que no hay mañana porque el mañana siempre empieza hoy.

Descubrir que dura más querer a alguien que temerlo, que detrás de cada cruz hay una cara, que la cobardía no se evapora con el fuego de un cubata, que la adversidad forja el carácter de quien combate sus demonios interiores, que toda azotea está más limpia cuando el nosotros precede al yo, que somos animales programados para conquistar pero acabamos siendo conquistados, que hay quien ve con los ojos cerrados y que existen princesas con gusto por las ranas, a las que soñar con los ojos abiertos.

Soñar con horizontes plateados tumbado en el tejado de casa, desdeñar lo bueno de ser importante para abrazar que es más importante ser bueno. Comprender que puedes discutir que la pintura sea Pablo Picasso, que la música son los Beatles o que la ciencia sea Albert Einstein. Saber que, si existe una verdad absoluta, Andrés Iniesta es el fútbol. Él es una máquina de dar felicidad. Una de esas pequeñas cosas que forman parte de nosotros.

Rubén Uría / Eurosport

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