FOTOS | Cazador de alfombras, una profesión de riesgo mortal en Afganistán

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Las tribus nómadas del norte y el oeste de Afganistán fabrican desde hace siglos alfombras que son consideradas auténticas obras de arte y están muy codiciadas. Las tejen con lana hilada a mano y pintada con tintes hechos de raíces, hierbas o pétalos de flores y las adornan con patrones tribales. Pero para que estas piezas encuentren un comprador, los llamados cazadores viajan hasta estas tierras remotas para recogerlas.

Cada viaje suele durar semanas o meses. Van pasando por las diferentes aldeas ofreciendo dinero en efectivo o haciendo trueques con productos modernos para ir recogiendo las piezas. Posteriormente vuelven a sus hogares con las alfombras y les dan los últimos retoques antes de llevarlas a ciudades como Kabul para venderlas.

Además de muy costoso, el trabajo de estos cazadores es realmente peligroso y se enfrentan incluso a la muerte durante sus viajes, habitualmente a caballo, a los rincones más remotos de Afganistán. Tienen que subir montañas, soportar tormentas de nieve o esconderse de animales salvajes o de los ladrones armados que recorren los caminos por los que ellos pasan. La situación es aún más complicada desde la retirada de las tropas internacionales del país.

No es su único problema. Y es que también cada vez hay más falsificaciones e imitaciones baratas fabricadas en masa con lana importada o tintes sintéticos. Esto dificulta la venta de las alfombras originales y realizadas a mano, cuyo precio es muy superior. Pueden llegar a costar miles de dólares.

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