John Blankenstein, el árbitro que se quedó sin final de Champions por ser gay y su legado en la lucha contra la homofobia

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John Blankenstein heredó la pasión por el fútbol de su padre y sus hermanos, pero, aunque probó suerte como jugador, decidió convertirse en árbitro. No le fue nada mal, ya que llegó al primer nivel en Países Bajos y se convirtió en internacional. Sin embargo, se llevó un duro golpe cuando, pocos días antes de dirigir la final de Champions de 1994 entre Milan y Barça, le dijeron que finalmente no sería el colegiado principal del encuentro. El motivo oficial: la coincidencia de nacionalidad con Johan Cruyff y Ronald Koeman, entrenador y jugador del equipo azulgrana.

Nunca terminó de creérselo y siempre pensó que el motivo real era su homosexualidad. Blankenstein no lo había ocultado durante su trayectoria en el mundo del arbitraje y, tras retirarse, se convirtió en un símbolo de la lucha por la igualdad en Países Bajos y por erradicar la homofobia del fútbol. Falleció en 2006, pero su hermana se encargó de seguir con esa batalla a través de una fundación que lleva su nombre.

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