Qué ha salido mal para que el Barça venda al sucesor de Xavi Hernández

Yahoo Deportes
Arthur Melo se lamenta durante el partido ante el Real Madrid en el Santiago Bernabéu. (Foto Diego Souto/Quality Sport Images/Getty Images)
Arthur Melo se lamenta durante el partido ante el Real Madrid en el Santiago Bernabéu. (Foto Diego Souto/Quality Sport Images/Getty Images)

El aficionado del Barça quería a Arthur Melo incluso antes de verlo saltar al terreno de juego. En realidad, aún seguía enamorado de su recuerdo y con ello, de la nostalgia que le producía asociar al centrocampista brasileño con la figura del guardián del estilo, Xavi Hernández. El club azulgrana, necesitado de un jugador con las características del sudamericano, anhelaba subirse a lomos de un renacer futbolístico para cuyo fin Ernesto Valverde no había tenido medios hasta entonces.

Después de un doblete basado en el dominio de las áreas y la solidez defensiva, el técnico quería dar un paso más. Así, la llegada de Arthur Melo radiografiaba un escenario en forma de refugio emocional e identitario. Un sentimiento que fue acompañado de unas expectativas altísimas a sus 21 años. Frente a la inconcreción táctica en el inicio de la segunda temporada de Valverde, llegó Wembley y con él, la redefinición del proyecto.

Desplázate para ir al contenido
Anuncio

A lo largo del partido en tierras inglesas, el brasileño escondió el balón, enseñó el camino de la victoria y orientó el ritmo del encuentro hasta hacer suyo el partido como interior izquierdo con tendencia a adueñarse de la base de la jugada. Un antes y un después. Las ansias desenfrenadas de recibir todos los balones posibles, aún invadiendo la zona de Sergio Busquets, sirvieron para realizar una apuesta por el control y el orden azulgranas.

Desde entonces, el sudamericano se consolidaría en los XI del Txingurri a causa de la seguridad, ritmo y diligencia con los que dirigía la posesión desde el centro de la jugada. Con pases poco dañinos, pero seguros. Con una hiperactividad posicional en la que siempre ofrecía una solución a un problema, pero también dejando la puerta abierta a una necesaria agresividad con el cuero para superar líneas de presión, golpear o driblar.

Arthur tenia el control y el balón aunque desordenaba a sus compañeros porque, simple y llanamente, le faltaba el conocimiento del juego de posición. A cambio, revitalizó la estructura asociativa del equipo y aportó el grado de agilidad y fluidez en campo contrario necesario. Partiendo desde el interior izquierdo pero con presencia constante en la base de la jugada, rápidamente se convirtió en un elemento valioso ante presiones altas por una razón fundamental: permitía a Leo Messi recibir más arriba y a espaldas del centro del campo rival. Su capacidad cerebral y sus giros para proteger el balón como si de una peonza se tratara lograron que el Barça mejorase notablemente su circuito de pases.

En el otro lado de la balanza, el equipo arrastraba una incertidumbre estructural que mermaba sus aspiraciones por pura cuestión generacional. Presionar al Barça salía más barato que antes, ya que el equipo no tenía el suficiente veneno para castigar severamente al contragolpe a los rivales que le venían a morder. Arthur establecía al equipo en campo rival, pero no podía lanzarlo como resultado de su limitado rango de pases, cortos e intermedios, y de la falta de dinamita al espacio.

Los problemas

El partido redondo

Sin embargo, este control del partido por parte culé descendía con el paso de los minutos. En cada encuentro, se repetía una secuencia que a la postre derivaría en un problema periódico para el proyecto de Valverde. A partir del inicio de las segundas mitades, Arthur se fatigaba y, a consecuencia de ello, el Barça se volvía más vulnerable. Ni tenía el balón con el mismo criterio previo ni se protegía igual tras perderlo.

Ya sea por la exigencia de las presiones, el ritmo europeo, el nuevo modelo o la adaptación física, el rendimiento de Artur descendía en las segundas partes. Completar 90 minutos del tirón era una quimera para el azulgrana, mientras que en clave de dirección técnica, Valverde no contaba con una pieza de sus características en el banquillo y debía virar la mirada hacia Arturo Vidal. En el horizonte de la siguiente campaña, Frenkie de Jong podía aportar ese relevo que le venía faltando al equipo. Desafortunadamente para los intereses culés, su llegada solo agravó la redundancia táctica.

Un problema de base

Con el fichaje de Frenkie de Jong y la presencia de Sergio Busquets, el reto para Arthur Melo en la segundo curso fue mayor. Una vez adaptado, el interior culé debía dejar de ser un futbolista con tendencia a la base de la jugada y control por detrás de la línea de la pelota. Evolucionar pasaba por resolver sus dificultades por delante de balón, dar un paso más allá en el conocimiento del juego de posición, situarse más arriba como interior, pesar entre líneas y romper más líneas de presión.

El Barça contaba con tres jugadores a los que les gusta mover al equipo a su antojo, en la base, de cara y a su ritmo. Y con dos, Frenkie de Jong y Arthur Melo, cuya naturaleza anárquica les pide estar en constante contacto con el balón e incluso romper el orden colectivo para poder venir a recibir cuantas veces, mejor. Ante tal acumulación de jugadores con características y perfiles similares y la inclinación de Busquets y De Jong por organizar en el primer escalón de la jugada, quien más evolucionó fue el propio Arthur.

Mapa de calor de Arthur Melo en la temporada liguera 2018/19. Sofascore.
Mapa de calor de Arthur Melo en la temporada liguera 2018/19. Sofascore.
Mapa de calor de Arthur Melo en la temporada liguera 2019/20. Sofascore.
Mapa de calor de Arthur Melo en la temporada liguera 2019/20. Sofascore.
Mapa de calor de Arthur Melo en la Copa de Europa 2018/19. Sofascore.
Mapa de calor de Arthur Melo en la Copa de Europa 2018/19. Sofascore.
Mapa de calor de Arthur Melo en la Copa de Europa 2019/20. Sofascore.
Mapa de calor de Arthur Melo en la Copa de Europa 2019/20. Sofascore.

No sabemos si tanto como necesitaba Valverde, pero sin duda el que ya fue el mejor interior del equipo en la 2018/19, decidió llevar más allá su desarrollo como azulgrana. Como muestran los mapas de calor, Arthur empezó a trazar movimientos que nunca antes había realizado en el verde del Camp Nou y a orbitar más arriba. Rupturas hacia adelante para ofrecer una línea más de pase, profundidad a través de sus acciones sin balón a un equipo al que le venía faltando actividad por delante del esférico y una clara mejora en la comprensión del juego.

Por otra parte, en su desempeño con balón, el sudamericano redujo su aversión al riesgo en el pase y en contraposición a la priorización de la seguridad y se soltó. Arthur pasó de encasquillarse en la horizontalidad a aumentar su ascendencia en el engranaje azulgrana. Tanto es así, que logró marcar tres goles y dar cuatro asistencias entre todas las competiciones en media temporada 2019/20. El curso anterior, en su campaña del debut, tan solo había dado un único pase de gol.

Según la página de datos WhoScored, el interior pasó de promediar 0.4 regates por partido en Liga y Champions League en la 2018/19, a incrementar sus registros hasta el 1.5 en Liga y 1.8 en Champions League en la 2019/20. Además, también multiplicó sus tiros por partido respecto a la temporada de su debut en ambas competiciones. Seguramente, a Arthur Melo le faltó orientarse mejor entre líneas, más vertical desde el pase y ser más ágil de espaldas, pero lo que no se le puede negar el crecimiento en una cultura, club y liga nuevas para él.

La confrontación del modelo

A menudo pasa que el Barça ficha a un jugador que no sabe cómo va a integrar en su particular modelo de juego. En ocasiones, quizás demasiadas, les desnaturaliza y estos acaban perdidos en la frustración y el ostracismo a falta de un ecosistema que sostenga su fútbol. Pasó con Philippe Coutinho, con Arthur Melo y está pasando con Antoine Griezmann y Frenkie de Jong.

Anárquico como es para un modelo de juego basado en esperar la llegada del balón en un punto concreto a través del pase y acelerar cuando lo reclama la jugada, Arthur Melo ha sufrido para integrarse en este nuevo entorno. De escuela sudamericana, le ha costado contenerse posicionalmente. Ha sido más paralelo que vertical y ha preferido mantener el cuero a romper una línea de presión porque así entendía que la jugada lo demandaba.

Quede por delante que Arthur Melo es un jugador excelente, pero una cosa es ser un jugador élite y otra gozar de un contexto para mostrar todo tu potencial. Esclavos del ambiente como son los futbolistas, al brasileño el cuerpo le ha pedido dar más toques y ser más móvil de lo necesario. Es decir, en lugar de jugar a uno-dos toques, no era de extrañar verlo conducir y alargar los contactos con el balón. Las críticas palabras de Quique Setién hacia su jugador giran en torno a este concepto.

El juego de Arthur le pedía venir a recibir abajo y en cambio, le forzaron a jugar arriba ante la acumulación de futbolistas con predilección por la base de la jugada. Incluso cuando Sergio Busquets ha estado irregular, se le ha protegido. Incluso cuando de Jong no ha exhibido un rendimiento mayor, también. Las palabras de Ernesto Valverde en octubre de 2019 así lo aclararon. “Es un jugador que tiene varios registros y queremos que coja el balón en zonas de mayor influencia atacante porque tiene pase de gol y debe explotar la llegada. Es lo que pedimos a nuestros interiores. Queremos que sus pases e intercepciones sean peligrosas”.

Si bien la falta de salud física e irregularidad que ha acompañado a Arthur Melo en su paso por el Camp Nou le ha lastrado, se ha perdido 22 partidos y ha estado 123 días lesionado, la carrera del brasileño en el Barça enseña que el rendimiento que ha evidenciado es mucho más alto del que se ha retratado en los últimos días. Arthur Melo se encontraba en pleno proceso de comprensión y evolución futbolística. Probablemente le faltó abrazar el modelo y entregarse totalmente a él, pero eso significaría haber perdido su identidad como futbolista.

Ahora, todo apunta a que el club contratará a otro jugador de base como Miralem Pjanic, el cual, a sus 30 años, repetirá el problema en el inicio de la construcción por parte azulgrana. Mientras, el club soltará a un futbolista de 23 años cuya aclimatación al fútbol europeo estaba en ciernes y envejecerá a una ya de por sí experimentada plantilla. Si es un error histórico o un nuevo capítulo en una saga de mala planificación deportiva solo lo juzgará el tiempo.

Más historias que te pueden interesar:

Otras historias