Pedro Sánchez, el abrazo "histórico" y los ERE: un maestro nacional del ajedrez político

La pasada noche electoral se confirmó que la estrategia de Pedro Sánchez con la repetición de elecciones supuso un revés importante para el PSOE. La pérdida de tres escaños y el ascenso de Vox (+28) y PP (+23) confirmó un importante error de comprensión y cálculo electoral de Pedro Sánchez y su estratega de cabecera Iván Redondo. El reconocimiento del error se hizo evidente tras el acuerdo exprés, acuerdo con Pablo Iglesias que no había sido posible en meses, y a quien Pedro Sánchez había vetado a causa de una desconfianza insalvable, hasta ese momento, entre ambos. La lógica política se superpuso con asombrosa normalidad a seis meses de desacuerdo con un abrazo histórico entre Sánchez e Iglesias.

Spanish acting Prime Minister Pedro Sanchez and Unidas Podemos (Together We Can) leader Pablo Iglesias hug during a news conference at Spain's Parliament in Madrid, Spain, November 12, 2019. REUTERS/Sergio Perez
Spanish acting Prime Minister Pedro Sanchez and Unidas Podemos (Together We Can) leader Pablo Iglesias hug during a news conference at Spain's Parliament in Madrid, Spain, November 12, 2019. REUTERS/Sergio Perez

Con la sentencia del caso ERE -donde se condena a penas de cárcel por prevaricación y malversación a muchos antiguos altos cargos del PSOE en la Junta de Andalucía- resulta más transparente el porqué de la urgencia del acuerdo PSOE-UP. Pedro Sánchez se aseguró el acuerdo con Pablo Iglesias maniatándolo y evitando que éste pudiese hacerse fuerte en una nueva negociación, con el argumento de los ERE, en su lado y poder exigirle a Sánchez un mayor número de puestos de peso, en un gobierno que hoy está lejos de poder salir adelante estando en manos del independentismo.

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Se entiende así mejor el acuerdo precipitado rompiendo, además, con los plazos y pasos del protocolo institucional marcado en la Constitución, autonombrándose de hecho Sánchez a sí mismo candidato a la presidencia del Gobierno. Dicho de otra forma, Pedro Sánchez se ha consumado, con bastante discreción, como un maestro nacional del ajedrez político, enrocándose con UP antes de la sentencia de los ERE y clavando a Pablo Iglesias en el eje de defensa del PSOE. O en términos marítimos: ante la tempestad de la corrupción, Sánchez ha amarrado a Iglesias con él al palo mayor del PSOE.

Tan de sorpresa parece haberle cogido la sentencia de los ERE a Pablo Iglesias que se ha visto obligado a defender -de forma activa y pasiva- a un socio de gobierno cuyo partido es condenado duramente por corrupción. Así, lo evidenciaría el argumento frágil de Iglesias de que se trata de “una época pasada o, aún más, con una inverosímil y superlativa declaración de que "España ha cambiado y no volverá a tolerar la corrupción". La sociedad española no va a creer, a pesar de lo que diga Iglesias, que los ERE son de “una época pasada” porque son un caso de corrupción del PSOE y lo seguirá siendo mucho tiempo porque aún quedan por juzgar otras 146 piezas de la macrocausa de los ERE. Así como los casos de corrupción del PP de la Comunidad Valenciana son los casos del PP, los de Andalucía -la única comunidad autónoma donde el PSOE ha gobernado durante diez legislaturas desde 1978 hasta 2019- son del PSOE.

La astucia táctica de Sánchez ha provocado también que Pablo Iglesias y UP se hayan quedado sin capacidad de renegociación ni respuesta autónoma dentro del entramado táctico e institucional del PSOE. De hecho, la respuesta de Iglesias ya ha tenido una primera consecuencia negativa con IU, cada día más anulada por Podemos, con fricciones glaciales entre IU y Podemos y la renovación de la disidencia de Teresa Rodríguez contra Iglesias. Si Iglesias y UP fuesen solo consecuentes, con su propio discurso, la única alternativa que les quedaría sería la de romper el acuerdo de gobierno con Sánchez, justo cuando rozan puestos de poder con las yemas de los dedos.

Después de la sentencia de los ERE hay dos explicaciones del abrazo histórico. Primera, Pablo Iglesias ha sido incapaz de anticipar la negatividad de la sentencia por corrupción de la escala de los ERE (más de 680 millones defraudados) después de qué acusase de “delincuentes del Gobierno” al PP por los condenados de Gürtel. Es razonable la hipótesis de que el estatus y recursos de poder que significa entrar en el gobierno haya cegado la claridad de visión habitual de Pablo Iglesias. Por tanto, ahora UP se enfrenta ya con una nueva incongruencia entre decisiones personalistas y discurso. En este caso con la corrupción como tema central. Si todo sigue el esquema habitual Iglesias acabará proponiendo una nueva consulta plebiscitaria a las bases para opacar toda responsabilidad personal. Segunda explicación, que Iglesias tomase la decisión de acuerdo de gobierno a pesar de conocer la inminencia de la sentencia de los ERE, lo que supondría un nivel de cinismo y pragmatismo que requeriría otros análisis.

Hace pocas semanas el historiador y profesor de la London School of Economics, Paul Preston ha publicado un extenso estudio con el título de Un pueblo traicionado donde el argumento central es que desde finales del siglo XIX hasta la actualidad, el progreso de España ha sido obstaculizado por la corrupción y la incompetencia política. Los casos de corrupción del PP, del PSOE, del PNV, del nacionalismo catalán de CDC o CiU (ahora disfrazados de independentistas inmaculados), de otros partidos, empresas y empresas públicascajas de ahorrosindicatos, etc. acumulan cientos de causas judiciales (588), miles de implicados (3.859) y miles de millones de euros de coste para las arcas públicas (casi 125 mil millones). La corrupción y la incompetencia son los factores que históricamente, sostiene Preston, han provocado la ruptura de la cohesión social, el incremento de la represión de los gobiernos de turno junto al atraso económico y las tensiones territoriales. Casos como Gürtel o ERE parecen confirmar la hipótesis de los males de España según Preston.

Seguiremos atentos.

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