¿Cómo afrontar el miedo en medio de la alarma nacional por coronavirus?

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Sentir miedo es normal, solo debemos asegurarnos de no quedarnos atrapados en sus redes. [Foto: Getty Creative]
Sentir miedo es normal, solo debemos asegurarnos de no quedarnos atrapados en sus redes. [Foto: Getty Creative]

Como médico, es la primera vez en mi vida que siento miedo”, reconoció un destacado facultativo gallego cuando conoció los primeros datos sobre el coronavirus. No es el único. El miedo ha extendido sus alas contagiando a un ritmo mucho más rápido que el propio virus.

Ahora, a la incertidumbre que genera una enfermedad nueva y al aumento vertiginoso de los casos se le suman los escenarios de tintes postapocalípticos que están dejando los estados de alarma nacional en diferentes países. Las imágenes de plazas y calles vacías son difíciles de digerir. A medida que el bullicio que destilaba vida y alegría se va apagando, es complicado evitar que el pesimismo se codee con el miedo.

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No cabe duda de que el escenario que se perfila ante nosotros es incierto. No sabemos cuánto durará este confinamiento y es probable que se extienda más de lo que pensamos y queremos. Pero tampoco cabe duda de que alimentar el miedo no es la salida.

El estado de alarma nacional nos ha obligado a afrontar una realidad difícil

La Plaza Mayor de Madrid prácticamente vacía por el estado de alarma decretado en el país. [Foto: Getty Images]
La Plaza Mayor de Madrid prácticamente vacía por el estado de alarma decretado en el país. [Foto: Getty Images]

La declaración del estado de alarma nacional marca un antes y un después. Para muchas personas ha representado un punto de inflexión, el choque frontal con un peligro real que hasta ese momento parecía lejano y confinado a las pantallas del televisor o las noticias de los diarios. Por eso, cuando el sábado España decretó el estado de alarma, el domingo muchas personas se desmoronaron.

Esas medidas han puesto del revés el mundo que conocíamos. Han roto nuestras rutinas. Nos impiden acercarnos a las personas que queremos. Pero, sobre todo, nos han concientizado de nuestra fragilidad y vulnerabilidad.

La luz azulada que proyectan los coches de policía sobre las calles desiertas en medio de la noche tampoco tranquiliza. De hecho, suele tener el efecto contrario. Constatar la presencia de la policía en zonas que creíamos seguras genera la sensación de inseguridad y nos pone en alerta, como constató un experimento realizado en la Wageningen University.

Ante estas circunstancias excepcionales, es normal que sintamos miedo. Y no debemos sentirnos avergonzados por ello. Ni necesitamos esconderlo. Freud ya nos había advertido: “Las emociones reprimidas nunca mueren, están enterradas vivas y saldrán a la luz de la peor manera”.

Pero ese miedo también puede hacer que seamos más susceptibles al contagio. Cuando el miedo se transforma en pánico se desatan comportamientos irracionales, como asaltar los supermercados junto a cientos de personas más, lo cual nos expone a un gran riesgo.

El miedo, y el estrés que genera, también afecta nuestro sistema inmune. Uno de los mayores metaanálisis realizados hasta la fecha sobre los efectos del estrés en el sistema inmunitario concluyó que, mientras que las situaciones estresantes agudas - aquellas que no duran más de 100 minutos - activan nuestras defensas para afrontar una posible infección, el estrés mantenido puede volverse crónico y generar el efecto opuesto: suprimir la respuesta del sistema inmune disparando los niveles de inflamación, de manera que se convierte en el aliado perfecto para que el coronavirus cause estragos en nuestro cuerpo.

Por eso, para librar esta guerra no solo debemos lavarnos bien las manos y mantener la distancia social, sino que también necesitamos herramientas emocionales que nos permitan proteger nuestro equilibrio psicológico y nuestras defensas.

Las 5 claves para superar el miedo en medio de la crisis

1.    Abraza el miedo: el miedo no se pierde, se supera

“El valiente no es quien no siente miedo, sino aquel que conquista ese miedo” - Nelson Mandela [Foto: Getty Creative]
“El valiente no es quien no siente miedo, sino aquel que conquista ese miedo” - Nelson Mandela [Foto: Getty Creative]

El miedo tiene una función protectora. Nos avisa que estamos en peligro. En la situación actual, es inteligente prestarle atención a su llamado. El miedo nos alerta de que podríamos enfermar. Aumenta nuestra percepción del riesgo. Y eso no es negativo porque puede llevarnos a ser más prudentes. Solo tenemos que asegurarnos de que ese miedo no se vuelva irracional.

¿Cómo? Reconociendo su existencia y dejando que fluya. Como aconsejara el emperador romano Marco Aurelio: “Tú tienes poder sobre tu mente, no sobre los acontecimientos. Date cuenta de esto y encontrarás la fuerza”. La vida seguirá su curso, independientemente de cuánto nos preocupemos o estresemos. Aceptémoslo y sigamos adelante. Si no lo hacemos, el precio a pagar podría ser mucho mayor de la amenaza que representa el virus.

2.    Cuidado con el sesgo por disponibilidad

“El miedo siempre está dispuesto a ver las cosas peor de lo que son” - Tito Livio. [Foto: Getty]
“El miedo siempre está dispuesto a ver las cosas peor de lo que son” - Tito Livio. [Foto: Getty]

El miedo siempre está dispuesto a ver las cosas peor de lo que son”, dijo Tito Livio. Y no le faltaba razón. El temor le prepara el terreno al sesgo por disponibilidad, una especie de atajo mental que usamos para evaluar las probabilidades de que algo ocurra, pero en vez de recurrir a datos fiables, nos basamos en los primeros ejemplos y vivencias que acuden a nuestra mente.

Así estimamos nuestro nivel de riesgo en base a la información que más nos impacta emocionalmente, como demostró un estudio realizado en la Universidad de Basilea, en vez de fijarnos en las cifras de manera racional. Por eso recordamos el número de fallecidos y olvidamos la cantidad de personas recuperadas. Ese sesgo alimenta aún más el miedo y, aunque no se trata de minimizar el problema que representa el coronavirus y mucho menos esas pérdidas de vidas, para detener la ola de miedo necesitamos poner las cosas en perspectiva.

3.    Olvídate del “día después”, todo en su momento

Centrarnos en el aquí y ahora, tomando medidas que estén a nuestro alcance nos devolverá parte de la seguridad perdida. [Foto: Getty Creative]
Centrarnos en el aquí y ahora, tomando medidas que estén a nuestro alcance nos devolverá parte de la seguridad perdida. [Foto: Getty Creative]

¿Qué pasará luego? Esa pregunta puede generar más miedo y ansiedad que el propio virus. La incertidumbre económica por el coronavirus se acrecienta y es probable que cuando todo termine, el mundo no vuelva a ser el mismo. Pero quizá eso no sea necesariamente negativo. Quizá no sea negativo darnos cuenta de que importan más las personas que el PIB. O que podemos vivir de manera diferente. O que el sistema productivo y toda la sociedad se pueden organizar de otra manera.

En cualquier caso, ahora necesitamos centrarnos en lo que está ocurriendo. Existen muchas variables que escapan de nuestro control, así que preocuparnos por el futuro es un ejercicio intelectual fútil. Una vez que hayamos todas las medidas que consideremos necesarias, debemos dejar de especular sobre el futuro y enfocarnos en el momento. Ya tendremos tiempo para reajustar nuestro mundo cuando todo pase.

4.    Céntrate en lo positivo, aunque sea difícil

Residentes de Roma aislados en sus casas cuelgan mensajes positivos en sus ventanas y balcones. [Foto: Getty Images]
Residentes de Roma aislados en sus casas cuelgan mensajes positivos en sus ventanas y balcones. [Foto: Getty Images]

Es difícil. Lo sé. Cuando todo parece venirse abajo y el futuro se dibuja más negro que gris, es complicado encontrar cosas positivas. Pero existen. Esta crisis nos ha desnudado el alma, sacando a la luz lo que somos. Y muchas personas están brillando. Estamos presenciando actos de auténtico heroísmo, solidaridad y humanidad.

El coronavirus nos ha unido más desde la distancia de los balcones que desde la “cercanía” de las prisas cotidianas. Ha derribado las barreras alzadas por vidas demasiado ocupadas como para preocuparse por el otro. Ha demostrado que tenemos entre nosotros a héroes de carne y hueso, desde los médicos hasta los trabajadores de los supermercados. Solo tenemos que redirigir nuestra atención del flujo constante de noticias sensacionalistas y alarmistas hacia esas cosas positivas que ocurren a nuestro alrededor. Y eso genera fe. No fe en el gobierno ni en las instituciones. Sino fe en nosotros, en lo que podemos lograr cuando unimos fuerzas y nos apoyamos.

5.    Crea rutinas que le den un nuevo sentido a tu día

Este es el mejor momento para estar a solas contigo y poner tus pensamientos en su sitio. [Foto: Getty]
Este es el mejor momento para estar a solas contigo y poner tus pensamientos en su sitio. [Foto: Getty]

El aislamiento nos ha arrebatado de un día para otro nuestras rutinas. Las rutinas nos mantenían funcionando en una especie de “piloto automático” del que nos han arrancado de cuajo obligándonos a reestructurar nuestra jornada. Reestablecer una rutina nos ayudará a recuperar el equilibrio psicológico, aumentando la sensación de control.

Necesitamos ocupar nuestra mente con pasatiempos relajantes. Podemos aprovechar este tiempo para leer, escuchar música, meditar o llamar a un amigo o familiar si vivimos solos. Mantenernos en contacto, aunque sea en la distancia, nos ayudará a reducir la ansiedad. También es importante incluir el movimiento en esa nueva rutina. No podemos salir para hacer ejercicio, pero podemos movernos dentro de casa. Es más fácil controlar la ansiedad estando en movimiento que sentados delante de una pantalla viendo desfilar una mala noticia tras otra.

Por último, debemos recordar que en las situaciones difíciles e inciertas es donde más crecemos. No tenemos que ceder ante el miedo, la ansiedad, la resignación o la impotencia. Tenemos el control de nuestra mente. No hemos podido evitar lo que está ocurriendo, pero podemos asegurarnos de que este esfuerzo colectivo valga la pena encaminándonos hacia una sociedad más consciente de sus prioridades en la vida.

 

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