Aiko de Japón: la princesa sin trono en una cárcel de oro sin poder elegir un amor

Anna Sanchez
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La princesa Aiko de Japón no puede ser emperatriz por ser mujer (IG: Vorsten.nl)
La princesa Aiko de Japón no puede ser emperatriz por ser mujer (IG: Vorsten.nl)

La monarquía de Japón es una de las más conservadoras del mundo y buena prueba de ello es que en la lista de sucesión al trono del Crisantemo, solo puede haber hombres.

La princesa Aiko es la única hija de los emperadores Naruhito y Masako de Japón y, por lo tanto, debería ser también su única heredera. Sin embargo la joven de 19 años no podrá reinar y es que desde 1947 existe una ley sálica que otorga el trono solamente a varones excluyendo así a todas las mujeres.

Al nacer Aiko en 2001, el heredero al trono pasó a ser el hijo de Fumihito, hermano de Naruhito, es decir, el sobrino del emperador llamado Hisahito. Total, que la princesa se queda viendo como otros familiares menos directos de su padre ascienden a ese trono del Crisantemo que ella merecería como hija y heredera.

Aiko significa ‘niña del amor’ pero lo cierto es que la joven princesa está condenada a elegir entre una vida de amor impuesto, lujo y riqueza propia de la monarquía o a renunciar a su título y sus comodidades, por amor verdadero.

Así, Aiko ha sido bautizada por medios como el ‘Mirror’ inglés “la princesa más solitaria del mundo” y es que el hecho de tener prohibido gobernar su país y casarse con quien ella desee la encierran en una cárcel de oro de lo más dolorosa.

Si Aiko de Japón se casara con un plebeyo fuera de la familia real, lo perdería todo incluyendo su título y su vida en palacio. Su futuro es realmente desgarrador dado que está atrapada entre dos mundos, por un lado es miembro de la realeza pero jamás accederá al trono, por otro lado, nunca ha llevado una vida normal de plebeya y está acostumbrada a lujos que no son habituales en la sociedad japonesa.

Acorde con las reglas imperiales, Aiko deberá casarse con un noble así que esperemos que el destino le juegue una buena pasada y ponga a un noble del que se enamore de verdad en su camino porque sino elegirá entre ser una esposa infeliz el resto de su vida o vivir sin riqueza y sin acceso a la fortuna familiar.

Desde fuera y como final de cuento de hadas es sencillo opinar que lo que Aiko debería hacer al cumplir los 20 años (en Japón esa es considerada la mayoría de edad) es irse de palacio y buscarse la vida fuera, intentando encontrar a su amor verdadero.

Pero, siendo honestos, esta chica lo tiene todo y es de comprender que quiera seguir viviendo junto a su madre y su padre en una realidad confortable y sin tener que pensar en el día de mañana, aún siendo “solo” princesa, sin poder ser emperatriz, ¿no?

Si Aiko decide dejarlo todo por amor seguirá los pasos de la princesa Sayako que se casó con un plebeyo en 2005 renunciando a la vida de lujo que le ofrecía la familia real. Se mudó del palacio imperial a un apartamento y vive en Tokio sin título monárquico alguno.

A Sayako le dieron clases de conducir y la llevaron a los supermercados para enseñarla a comprar, supongo que con Aiko harían lo mismo para mostrarle qué es el mundo exterior tras los muros de palacio.

Por ahora la joven de 19 años se preocupa de formarse y está estudiando Lengua y Literatura Japonesa en la universidad de Gakushin, donde estudió también su padre. Ahora sigue las clases a distancia debido a la pandemia pero está deseando llegar al campus para conocer a sus compañeros y, quien sabe, si también la espera un amor universitario que hará tambalear todo lo que ella ha conocido hasta ahora.

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