No importa cuánto le hayas odiado: a los 73 años, Aíto vuelve a ganar la liga

Yahoo Deportes
Photo by Harry Langer/DeFodi Images via Getty Images
Photo by Harry Langer/DeFodi Images via Getty Images

De 1959 a 1980, el Real Madrid ganó diecinueve ligas de baloncesto de veintiuna posibles. Solo perdió las de 1967 y 1978, ambas a manos del Joventut de Badalona y ambas perdiendo el título in extremis. ¿Qué otro factor tuvieron en común ambas derrotas? Que el partido decisivo lo perdieron ante Aíto García Reneses: en 1967, como jugador del Estudiantes, y en 1978 como entrenador del Cotonificio de Badalona, también conocido como Círculo Católico.

Si iba a haber una revolución en el baloncesto español, tenía sentido que él la encabezara. Tras unos prometedores años en el propio Joventut, donde consolidó en la élite a la maravillosa generación que formara Manel Comas -la de los Jofresa, Montero, Villacampa y compañía-, Aíto decidió irse al máximo rival, el Barcelona, y discutir título tras título al equipo de los Lolo Sainz, Corbalán, Fernando Martín y demás leyendas. Algo inaudito. Por supuesto, contó con un pelín de suerte: aquel Barcelona era un equipazo, pero también le ayudó su sentido práctico: era exactamente el equipo que él quería tener, sin concesiones a estrellitas ni gestos cara a la galería.

Desplázate para ir al contenido
Anuncio

En general, la carrera de Aíto García Reneses podría resumirse así: un hombre que nunca tuvo el menor interés en caer bien a nadie. Un hombre obsesionado por su deporte en todos los sentidos: desde la formación de jugadores al manejo de grupos pasando por todas las instancias competitivas que uno pueda imaginar. Hizo de su Barcelona un equipo rocoso, fuerte, duro, que defendía al límite y desesperaba al rival y al que solo le sobraron Toni Kukoc y su Jugoplastika para hacer historia en Europa.

Con Aíto al mando, tanto en su etapa ochentera como en la noventera, el Barcelona se convirtió en el equipo de referencia del baloncesto español, con 9 ligas y 5 copas. A eso, le añadió dos Copas Korac y una Recopa... aunque siempre se le recuerde por las Euroligas perdidas, una leyenda negra que le persigió durante años. Nunca estuvo más cerca que en aquel tapón de Vrankovic a Montero que aún hoy es parte de la historia popular de este deporte.

Después de ser el hombre más odiado del madridismo por razones obvias, se convirtió en uno de los más odiados del propio barcelonismo al que tantos triunfos había dado. Las broncas del Palau eran habituales y la relación con la prensa, inexistente. Aíto vivió bajo asedio mediático casi quince años y salió vivo. Hay que tener mucha personalidad para eso. Igual que hay que tenerla para, bien pasados los 50, reinventarse y dedicarse a sacar promesas de equipos jóvenes. Olvidar las exigencias del presente y pensar solo en el futuro. No en vano hablamos del hombre que hizo debutar a Pau Gasol y a Juan Carlos Navarro.

De su segundo paso por el Joventut de Badalona, salieron Ricky Rubio y Rudy Fernández entre otros. Juntos ganaron la Copa de 2008. Su estancia en Sevilla se recordará por la eclosión de Kristaps Porzingis y Tomas Satoransky, jugadores consolidados en la NBA actual. Ya en edad de jubilación, no tuvo problemas en marcharse a Las Palmas para entrenar al Gran Canaria y llevarlo a una final de Copa y otra de Eurocup, ambas perdidas. De su estancia en Málaga, mejor no hablamos. En 2016, abandonaba la ACB y a los 70 años todo indicaba una feliz retirada.

Durante unos meses, coqueteó con el Estudiantes, asesorando en temas de cantera, pero aquel hombre no podía vivir sin competición y ahí llegó la llamada de Himar Ojeda. Himar Ojeda es uno de los mejores directores deportivos que hay en Europa y sin duda el mejor que hay en España. Un hombre que sabe armar plantillas y que sabe exprimir recursos. Convertido en responsable del Alba de Berlín, un equipo que llevaba casi una década a la sombra del Bayern de Munich y el Brose Baskets Bamberg, Ojeda decidió confiar en Aíto para consolidar los fundamentos de su jovencísima plantilla y encauzar un proyecto a medio plazo.

Lo que pasa es que Aíto es Aíto y no entiende de plazos. Desde su primer año, el Alba Berlín ha competido de maravilla: es un equipo imprevisible, que juega como los de antes, sin mirar el marcador. Un equipo que anota una barbaridad de puntos pero los anota en equipo, sin más estrella que Luke Sikma, lo más lejano a una “estrella” que uno puede imaginar. Con Aíto de entrenador, el Alba llegó a cinco finales en dos temporadas y las perdió todas. Ahora bien, logró volver a la Euroliga después de muchísimos años.

¿Podría haberse quedado ahí la historia? Tendría sentido. Sin embargo, Aíto decidió renovar. Nunca es suficiente. Y después de renovar, renovar de nuevo. Y así, este año llegó la Copa de Alemania por primera vez en cuatro años, llegó una primera fase de Euroliga espectacular, con victorias ante Panathinaikos, Olympiakos o Baskonia... y sobre todo con un juego dinámico y ofensivo que daba gusto verlo. Por último, este mismo fin de semana, el Alba conquistaba la liga alemana paseándose a lo largo de toda la fase final. Una auténtica exhibición de poderío y dominio. La primera liga para los de Berlín en doce largos años.

En definitiva, Aíto cumplirá los 74 entrenando, enseñando y ganando. Sin mirar a los costados porque nada hay más allá del camino y sin pensar en revanchas porque el pasado no existe. Será siempre el hombre que puso patas arriba la liga española, el que sacó a los mayores talentos en décadas y el que ganó la segunda medalla de plata para la selección en aquellos Juegos de 2008 donde llegó de rebote y sin tiempo para nada. Pero, sobre todo, será el hombre inmune a las críticas. Puede que en Berlín le adoren o puede que le odien si las cosas van a peor. A él le dará igual. Sobrevivió al Saporta y al Palau. A la Nevera y al Olimpic de Badalona. ¿Quién va a poder a estas alturas con él?


Otras historias que te pueden interesar:

Otras historias