El Albacete hace sonar su himno en la casa del Dépor

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A Coruña, 11 jun (EFE).- Acostumbrada en los últimos años a muchas más decepciones que tardes de gloria (la última fue ante el Mallorca en 2019 antes de estrellarse en la isla), la afición del Deportivo no se libró de otro palo. En su casa, sonó el himno del Albacete. Fueron los manchegos los que celebraron el ascenso a LaLiga SmartBank.

Los albaceteños triunfaron en el playoff y regresaron al fútbol profesional a costa de un Deportivo que vuelve a llorar.

Aunque se colgó el cartel de no hay billetes, cientos de asientos permanecieron libres en la grada de Preferencia Superior, justo por encima de los seguidores del Albacete.

El Deportivo empezó ganando en la grada, en su Estadio, arropado por miles de seguidores dispuesto a llevarle en volandas hacia el fútbol profesional ante un rival exigente.

Con más de veinte grados y sol, pero también viento racheado, A Coruña se fue entonando para el partido decisivo, el que auparía al Deportivo o el Albacete hacia LaLiga SmartBank.

Circuló la Banda del Camión, la que creó el himno oficial del Deportivo a principios de los años noventa, también pisaron el asfalto las hormigoneras blanquiazules, las que no faltaron a las jornadas más decisivas de la historia del club en los últimos treinta años. Se cimentó el ‘on fire’ con el conjunto coruñés en la ciudad que estaba huérfana de celebraciones desde el ascenso de 2014 a LaLiga Santander.

Ocho años después, con dos descensos casi consecutivos de Primera a Segunda B, el Deportivo, campeón de LaLiga en el año 2000 y poseedor de otros cinco títulos nacionales (dos Copas y tres Supercopas), se jugaba salir del pozo al que había caído.

Su afición no falló. El paseo marítimo se tiñó de blanquiazul ya por la mañana. Los aficionados, con ilusión y miedo a partes iguales, acudieron con tiempo. A las 15 horas, tres antes del partido, se citaron en la Plaza de Pontevedra, a unos metros de la sede del club. Desde allí, medio kilómetro de peregrinaje al Estadio. El camino más bonito del mundo, que dicen los ultras en sus letras.

Llegaron a tiempo para recibir al Deportivo con el humo anaranjado de las bengalas. El amplio despliegue policial permitió al bus enfilar con tranquilidad la recta hacia la puerta de acceso al campo, entre cánticos de apoyo, bufandas al aire y mucho color blanquiazul. Era, sin duda, ambiente de final, de jornada decisiva.

El técnico deportivista, Borja Jiménez, había advertido la víspera del partido que a su equipo no le hacía falta más motivación (nada de vídeos) que la de los aficionados que le arroparían en Riazor. “Todo lo que podamos hacer como cuerpo técnico está muy lejos de lo que nos pueda ofrecer la afición. Con el rugir de la gente, los corazones empezarán a latir un poco más rápido de lo normal”, aseguró el técnico. Y vaya que lo hicieron.

Antes de que el balón echara a rodar, hubo silbidos cuando se escuchó el nombre del técnico coruñés Rubén de la Barrera, al frente del Albacete tras media temporada en el Deportivo.

Algunas consignas fueron compartidas por las dos aficiones: el convencimiento de que ambos equipos iban a ascender y las críticas a la Real Federación Española de Fútbol y su presidente, Luis Rubiales.

El Deportivo jugó en casa y Mario Soriano levantó a los aficionados con su golazo en el primer tiempo. También los cientos de seguidores que siguieron, con dificultades técnicas, la retransmisión del partido en la Fuente de Cuatro Caminos, lugar que esperaba fiesta.

No la hubo, el Albacete empató a ocho minutos del final y se llevó el ascenso en la prórroga. Su himno sonó en Riazor, donde sus aficionados celebraron mientras la mayoría estaba amargada.

(c) Agencia EFE

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