Por qué los anuncios de apuestas en el fútbol no van a desaparecer (todavía)

Luis Tejo
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El ministro de Consumo, Alberto Garzón, compareciendo en el Senado.
Alberto Garzón, ministro de Consumo. Foto: Jesús Hellín/Europa Press via Getty Images.

Porque no todo iba a ser coronavirus, la actividad política y legislativa española también se ocupa de otros temas quizás no tan urgentes, pero igualmente muy importantes. Sin ir más lejos, la semana pasada el ministro de Consumo, Alberto Garzón, anunció la medida estrella de su mandato, que para muchos fue la excusa detrás de la creación de un departamento que hasta principios de año estaba integrado en Sanidad. Otros creen que la razón real fue la necesidad de darle algo de poder al principal dirigente de Izquierda Unida y permitir así que el pacto para investir a Pedro Sánchez saliera adelante, pero por ahora no nos meteremos en esos debates.

La normativa en cuestión es la prohibición de la publicidad de casas de apuestas en espectáculos deportivos. Esto incluye la publicidad en las camisetas de los equipos y los anuncios en televisión, salvo en franjas horarias muy concretas de madrugada, fuera del alcance del público infantil. Estas y otras medidas se recogen en el Real Decreto publicado en el BOE la semana pasada, concretamente el pasado día 4. El Ejecutivo no tardó en presumir al respecto indicando que terminaba “la ley de la selva”.

Y es cierto que últimamente el deporte se había convertido en una especie de barra libre donde es más fácil encontrar información sobre cómo jugarte tu dinero que sobre tus futbolistas favoritos. También es verdad que tal situación no es demasiado conveniente, toda vez que ha habido un repunte notable en los últimos años de la ludopatía y la adicción al juego, sobre todo entre los más jóvenes. Ha habido casos particularmente truculentos.

Pero ¿significa esta nueva normativa que los clubes tendrán que borrar los logos de sus anunciantes, que los estadios y pabellones patrocinados tendrán que renombrarse, y que en la televisión dejaremos de ver esos mensajes que nos incitan constantemente a gastar? No. O al menos no de forma inmediata, porque la normativa tiene letra pequeña.

Lo que queda terminantemente prohibido es que se firmen nuevos contratos con casas de apuestas a partir de ahora, pero los que ya existen siguen en vigor. ¿Hasta cuándo? La intención gubernamental es permitir que termine esta temporada y que el 30 de agosto de 2021 queden todos extinguidos, incluyendo los que ya estén pactados para una duración superior.

Las nuevas reglas también prohibirán que “personas o personajes de relevancia o notoriedad pública” participen en “comunicaciones comerciales” de casas de apuestas. Adiós, por tanto, a los anuncios protagonizados por deportistas profesionales que tanto hemos visto en los últimos años. Y que, precisamente, tanta controversia han causado, porque su condición de referentes para los más jóvenes les convertía en figuras particularmente peligrosas en este sentido. Estas piezas tendrán que dejar de emitirse, a más tardar, el 1 de abril.

Jugadores del Granada y el Levante disputan el balón durante un partido de Liga.
Momento del enfrentamiento liguero entre el Granada (rojiblanco) y el Levante (verde), dos equipos patrocinados por casas de apuestas que tendrán que desprenderse de sus anunciantes con la nueva ley. Foto: Álex Cámara/NurPhoto via Getty Images.

Al margen de los detalles sobre su fecha de aplicación, todo el mundo, incluso algunos de los protagonistas del deporte, parece estar de acuerdo en que era necesaria una regulación de la publicidad en este sector. O casi. Porque, como cabía esperar, las propias empresas del juego están muy en contra de que las maniaten. Consideran la medida “desproporcionada y partidista” y recuerdan que en los últimos años se han convertido en un agente importante de la economía nacional, generando tanto movimiento de dinero como puestos de trabajo. Además, creen que la norma es discriminatoria porque tanto Loterías y Apuestas del Estado como la ONCE, las operadoras “tradicionales” de sorteos en España, apenas sufrirán las consecuencias.

Pero además hay otros grupos que se van a ver muy afectados por la medida, ya que les desaparece una de sus vías principales de financiación: los medios de comunicación y los propios clubes. Representantes de ambos sectores coinciden en afirmar que, si bien desde el punto de vista ético y moral resulta comprensible que se reduzca la promoción del juego, el momento elegido no ha podido ser peor. En este 2020 los ingresos se han desplomado debido a la crisis que ha causado la pandemia y muchos están sufriendo por su supervivencia.

Por otra parte, se observa cierta incoherencia legislativa al respecto del azar y las apuestas. Porque si bien por un lado el ejecutivo trata de reducir su difusión, por otro está favoreciendo un clima muy favorable para que las empresas dedicadas a esta actividad en el entorno online se radiquen en España. Concretamente el problema está en la ciudad de Ceuta, que debido a su posición geográfica disfruta de ventajas fiscales ideadas expresamente para competir con Gibraltar y atraer a las compañías radicadas allí que se veían afectadas por el Brexit. Algunas de ellas se marcharon a otros territorios como Malta, pero muchas están regresando, atraídas por las condiciones que, si bien estableció en su momento el ministro Cristóbal Montoro, del PP, el gobierno socialista y de Unidas Podemos no solo no ha modificado, sino que ha consolidado a través de la exención del IVA.

Surge además otro conflicto. Todas estas normativas repercutirán en el juego “legal”, el que está registrado, reconocido oficialmente y opera (más o menos) de acuerdo a la ley. Pero las restricciones podrían favorecer a las páginas ilegales, que no pagan un céntimo de impuestos, y que seguirán suministrando el servicio que los usuarios demandan sin atender a regulaciones. Al menos así lo cree Jdigital, la asociación más relevante de la industria española del juego online, que se teme que el decreto pueda llegar a ser contraproducente en este sentido.

Por otra parte, tampoco se afronta otra parte fundamental del problema: la presencia masiva de locales físicos de apuestas en las calles españolas, que también son un foco importante para la adicción al juego. Si bien durante la fase dura de la primera ola de la pandemia permanecieron cerrados como todos los demás negocios, muchos han ido reabriendo paulatinamente: el famoso sistema de fases de la desescalada permitía su reapertura, con aforo limitado, a partir de la tercera. Supuestamente debe haber un control de accesos que impida pasar a menores de 18 años, pero no siempre se cumplen.

La norma recién aprobada contempla multas para quien la incumpla de hasta un millón de euros. Habrá que ver también si es una sanción suficiente o si algún operador considera que le compensa en relación con el beneficio que puede alcanzar al incumplirla. En definitiva, se trata de un primer paso, no cabe duda que bienintencionado, pero aún con muchas lagunas a la hora de alcanzar su objetivo. Habrá que esperar un tiempo para ver si funciona.

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