Alberto Ginés, contra el muro y contra los elementos

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Barcelona, 17 jul (EFE).- La presencia del extremeño Alberto Ginés entre los veinte hombres que disputarán el primer título olímpico de escalada deportiva es un pequeño gran milagro.

Sin rocódromo para practicar más allá de los que usan los escaladores aficionados, con entrenamientos a caballo entre Cáceres, Barcelona y Pamplona, Ginés logró la clasificación para Tokio "contra todo pronóstico" y en unas condiciones que la pandemia no ha hecho sino empeorar. Para Ginés, de 18 años, el éxito es ser olímpico.

"Mi padre escalaba desde pequeño, como hobby, y cuando yo tenía 3 años me llevó a un rocódromo que había en un párking en Cáceres. Me puso el arnés para que subiese y me dio bastante miedo. Luego me empezó a gustar, fuimos yendo más a menudo y nos lo fuimos tomando cada vez más en serio. Y hasta hoy", resume con sencillez el joven escalador.

La aparición en su vida del entrenador David Macià, experto escalador desde 1982, fue determinante.

"A David le conocí hace siete años en una escuela de escalada cerca de Huesca. Nos comentó a mi padre y a mí que había una competición en Italia para niños. Por si nos apetecía ir. Fui y se me dio bastante mal. Pero David empezó a entrenarme a distancia, porque yo vivía en Cáceres y él en Barcelona", relató Ginés a Efe durante una sesión de trabajo en el rocódromo de Hospitalet.

En 2018 se hizo imposible que siguiera entrenando en Cáceres. "Era un almacén, y así era muy difícil competir".

"Se nos ocurrió la idea a mi padre a y a mí de ir al CAR de Sant Cugat, envié una solicitud y me aceptaron", señaló Ginés, que en el CAR empezó a estudiar 2º de Bachillerato, aunque con lo pandemia lo dejó con la idea de retomarlo tras los Juegos.

Lo que sí trabajó allí de forma preferente fue la flexibilidad. "Me hacía bastante falta", admitió.

"Nuestro objetivo principal eran los Juegos de París 2024, pero como 2019 era el año de clasificarse para Tokio, que no se dijera que no lo habíamos intentado. Empezamos a entrenar, aunque mucho apoyo de la gente no teníamos, pero lo entiendo porque a nadie se le había pasado por la cabeza que me fuese a clasificar", reconoció el escalador.

La evolución "fue bastante rápida".

"En la primera parte de la temporada no escalaba a gusto, como yo sabía escalar, y los resultados no acompañaban. Justo después del campeonato del mundo juvenil me fui un par de semanas a casa a descansar un poco. Estuve escalando con los amigos y no sé qué pasó, pero fui a una Copa del Mundo y volví como una persona absolutamente diferente. Escalé como yo escalo y empezaron a salir las cosas bien", recordó.

Fue una sorpresa incluso para él mismo: "Las competiciones del preolímpico fueron saliendo mejor de lo esperado y de repente nos damos cuenta de que estamos clasificados para los Juegos Olímpicos. En la final éramos ocho y pasaban seis, pero había dos japoneses que ya estaban clasficados. El resto estábamos matemáticamente dentro".

El estreno de la escalada como deporte olímpico combina en una única clasificación las tres modalidades de velocidad, bloque y dificultad, cuando es raro que un mismo escalador domine las tres.

"Nos perjudica a todos. Hasta hace cuatro años nadie preparaba las tres modalidades, solo en casos muy aislados. Pero en este formato olímpico hay que centrarse en las tres. La mayoría de los que hemos hecho dificultad y bloque no teníamos ni idea de lo que era la velocidad, hemos empezado desde cero. Y al revés. A nadie le ha beneficiado", aseguró Ginés.

Para llegar a cualquier rocódromo desde el CAR Alberto tiene hora y media de tren. "Son buenas instalaciones para el ocio, no para el alto rendimiento. Tengo que entrenar con gente por medio que dificulta un poco el trabajo".

Para hacer velocidad, durante muchos meses los domingos por la tarde ha viajado "cinco horas en tren hasta Pamplona", donde entrenaba allí cuatro horas por la mañana antes de meterse otras cinco horas en tren para volver a Barcelona y seguir la semana normal.

"Para entrenar dificultad tampoco podemos aquí. En España hay cero. Lo hacemos como podemos y estamos esperando los fines de semana para irnos a Francia, Austria, Alemania o donde sea. Lo más cerca es Francia, no es gran cosa, en la Universidad de Pau y es donde mejor podemos prepararla", apuntó.

Por eso, Ginés y Maciá reclaman "que se haga un centro para que la selección española pueda entrenar en condiciones, donde sea".

"Así no podemos seguir. No podemos estar compitiendo así contra gente que tiene rocódromos de 15 millones de euros o dos o tres centros de alto rendimiento solo de escalada. Está siendo bastante difícil", dijo el deportista.

Tras la pandemia, al retomar las competiciones se han dado cuenta de que, mientras sus rivales han tenido un año para mejorar, ellos sienten que se han estancado.

"Respecto a los demás nos hemos quedado bastante atrás", señaló el técnico. "En Europa estuvieron todo el tiempo de confinamiento entrenando a puerta cerrada, pero aquí no, así que nos hemos visto bastante perjudicados. Los rocódromos estaban todos cerrados. Hemos hecho lo que hemos podido".

La escalad es un deporte "bastante mental" y Ginés considera que "el factor de la experiencia da bastante ventaja" a los escaladores de más edad.

Pero eso "importa menos", precisó, "si estás más o menos asentado y ha habido casos de chicos campeones en su primer o segundo año de competiciones absolutas".

"Cuando compito me resulta bastante fácil concentrarme, focalizar toda la atención en la competición y creo que se me da bastante bien leer las rutas por las que tengo que subir", dijo sobre sus propias condiciones.

"Cuando empecé a competir no conocía a nadie, no tenía muchos amigos en las Copas del Mundo, pero luego en las competiciones se me acercaban los mejores y me preguntaban cómo iba a hacerlo y flipaba un poco", comentó.

Ginés subraya ese lado solidario de su deporte: "Es una parte bastante curiosa. Nosotros lo llamamos visualizar: vamos todos juntos a leer la ruta y lo comentamos entre nosotros, si es mejor de una o de otra manera. Son los valores de este deporte, ayudarnos, no hacer para que otro se caiga, sino pensar en hacerlo tú bien".

David Macià estima que este aspecto es "el remanente que queda de la escalada en la montaña: el compañerismo, el buen ambiente…"

"Es verdad que gana el mejor, pero este compañerismo de comentar antes las posibles soluciones espero que dure muchos años. Llevo muchos en competiciones internacionales y no conozco ningún caso extraño en el que alguien haya hecho cosas raras como engañar. Tenemos esto y hay que valorarlo", incidió.

Ginés no piensa en una medalla, para la que ve favoritos al checo Adam Ondra, al alemán Alex Megos y a los japoneses Kai Harada y Tomoa Narasaki. Un diploma lo veía "más factible" antes de la pandemia. Ahora, hay más dudas.

"Puede sonar la campana, como en el preolímpico. No está nada hecho. Competimos veinte. Yo voy a hacerlo lo mejor que pueda y que sea lo que sea", dijo.

David Macià recuerda aquel día en que vio por primera vez escalar a Alberto.

"A mí me lo trajo su padre. Le vi escalar y le vi mucha actitud. Me llamó la atención las ganas que ponía cuando se ponía un reto. Enseguida le vimos que tenía potencial rápido en competición, sobre todo en dificultad, con la cuerda. Convencer al padre de que podía hacer algo en bloque me costó un poco más". indicó.

"Es hace cuatro años cuando planteo seriamente el proyecto olímpico. Me establecí los tiempos, qué teníamos que conseguir, cómo optimizar los recursos, y ahí andamos", comentó.

Con Alberto él también aprendió cosas nuevas, sobre todo la necesidad de hacer paradas en la preparación.

"Los pocos ’breaks’ que utilicé con los deportistas anteriores, sinceramente con los años te das cuenta de que el descanso es muchísimo más importante, y no solo el descanso físico sino en el mental. En Innsbruck vi un momento de saturación máxima a diez días de la competición y lo mejor era irse para casa tres o cuatro días y volver a verse justo el fin de semana anterior. Es un recurso que ya hemos empleado varias veces y que nos ha funcionado bien. Vino como nuevo, a Alberto le va bien volver a casa, estar con su familia, sus amigos y su entorno más próximo", indicó el preparador.

"Él se forjó en la cuerda, en la dificultad, y la primera modalidad que nos fue más afín fue esa. De ahí intentamos alargar a la modalidad del bloque con algunas incursiones Alberto es un escalador que tiene cualidades de explosividad bastante importantes, eso tiene cosas beneficiosas y otras no tanto. Las lesiones nos han respetado bastante porque al ser tan explosivo es más tendente a poder lesionarse. Por eso hay un trabajo de control médico y de fisioterapia", dijo.

La velocidad es la última modalidad que introdujeron en el proyecto olímpico, "aprovechando las pruebas de la Copa del Mundo para entrenarla de competición en competición".

"Parece raro, pero solo la tocábamos de muro en muro cuando nos tocaba competir. Luego cambiamos la estrategia con una cuña importante de velocidad. En Pamplona intentamos hacer un resultado más estable en velocidad para no depender tanto de la incertidumbre de los bloques que nos pongan", dijo Macià.

Al equipo le interesan los resultados, pero las competiciones se las toman sobre todo como un entrenamiento.

"No hay mejor sesión que salir a competir y ponernos en situación real. Mientras pueda soportarlo psicológicamente, que de momento lo lleva muy bien, vamos a seguir haciéndolo así", aventuró.

Antes de la pandemia, el equipo Ginés-Macià soñaba con la compra del catálogo de presas (los agarres a la pared) que se van a emplear en los Juegos de Tokio.

"Por 40.000 euros las teníamos", dijo el entrenador. Con ellas, habrían podido anticipar lo que se encontrarán en el escenario de Tokio. "Desde abajo, sobre todo en la dificultad en la que solo tienes una oportunidad, las ves y dices: esta es esa, esta es aquella, esta tiene un bidedo por aquí…".

Pero la pandemia acabó también con ese sueño. "No tenemos ni dónde guardarlas", admitió.

"Más que un rocódromo, que es evidente, necesitamos un emplazamiento donde los profesionales del alto rendimiento podamos trabajar de forma conjunta", pidió.

"Después de las pocas posibilidades que teníamos de clasificarnos para los Juegos, si con un escalador olímpico aún no tenemos más que una instalación de velocidad y ningún muro de competición de cuerda en condiciones, me cuesta creer que con una medalla eso fuera a cambiar a corto plazo. A largo plazo ya veremos. Pero para nosotros no hay excusas. No vamos a renunciar a nada. Si nos quedamos el 20 podremos decir que al menos hemos estado ahí para intentarlo".

(c) Agencia EFE

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