Alejandro Valverde habla por todos con el sinsentido de La Vuelta a España

UTRECHT, NETHERLANDS - AUGUST 19: Alejandro Valverde Belmonte of Spain and Movistar Team sprints during the 77th Tour of Spain 2022, Stage 1 a 23,3km team time trial in Utrecht / #LaVuelta22 / #WorldTour / on August 19, 2022 in Utrecht, Netherlands. (Photo by Tim de Waele/Getty Images)
Alejandro Valverde, durante la contrarreloj por equipos de la primera etapa (Photo by Tim de Waele/Getty Images)

Lo bueno del ciclismo caníbal es que es impaciente. Venimos de uno de los mejores Tours de la historia y hay que recordar que al tercer día de paseos por Dinamarca con fugas kilométricas de Magnus Cort Nielsen ya queríamos todos linchar al organizador. Este tipo de visitas a países extranjeros para empezar una gran vuelta no son nada nuevo, pero rara vez salen bien. Supongo que alguien pondrá mucho dinero o que el organizador de turno tendrá algún interés en promocionar ahí su producto.

Teniendo en cuenta que quien lleva LaVuelta es ASO, la misma promotora del Tour de Francia, no sorprende a nadie que hayan querido repetir el paseíllo publicitario. En este caso, ha tocado en Holanda, donde, por lo menos, hemos visto una contrarreloj por equipos que ya ha dejado las primeras diferencias en la general. Aparte de eso, la experiencia ha sido tan apasionante como la de Dinamarca: fugas sin demasiado empaque, recorridos completamente llanos, ritmo cauteloso y dos sprints masivos para empezar la competición, los dos ganados por Sam Bennett.

El balance choca con toda la expectación que se había generado en torno a esta edición de la carrera ciclista por antonomasia en nuestro país. Choca porque ASO se ha volcado en la promoción entre la prensa y esta ha respondido con un entusiasmo pocas veces visto. La lista de nombres da para ello: Roglic, Evenepoel, Simon Yates, Carapaz, Enric Mas... y sobre todo las dos joyitas del ciclismo español, Carlos Rodríguez y Juan Ayuso, en su bautismo en una grande.

Ahora bien, otro de los grandes atractivos de la competición es la presencia de Alejandro Valverde. A sus 42 años, "El Bala" dice adiós a su prueba fetiche. Debutó hace justo veinte años, consiguió un podio ya en 2003 y, aparte de ganar la edición de 2009, ha subido al cajón en otras cinco ocasiones. Sabemos que Valverde es una leyenda del ciclismo mundial, pero si tuviéramos que resumir su carrera en cinco pruebas, estas serían la Vuelta a España, la Lieja-Bastoña-Lieja, la Flecha Valona, el Campeonato del Mundo... y su adorada Vuelta a Murcia, que ha ganado en cinco ocasiones.

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Valverde ha aceptado gustoso ser parte de la promoción de esta edición de LaVuelta. Ha estado en radios, en teles, en periódicos e incluso en podcasts. No solo entiende que es parte de su trabajo, sino que sirve de promoción para un equipo en horas bajas -el Movistar- y forma parte de alguna manera de esa despedida que decíamos. Ahora bien, ser educado, ser amable, estar a disposición de los medios, no quiere decir que la organización le pueda tocar las narices y salir indemne de ello.

Que las etapas holandesas han sido un tostón lo sabemos los aficionados y lo saben los ciclistas. Otra cosa es decirlo. A Valverde se le acabó la paciencia la cuarta vez que, durante la tercera etapa, los corredores pasaron por otro pueblecito más, con sus estrecheces, sus rotonditas y sus aficionados en las aceras. El gran evento de la semana en pleno agosto. A la quinta, casi le da un ataque de ansiedad. A la séptima, ya tenía claro que en cuanto alguien le preguntara grabadora en mano al cruzar la meta, iba a dejar claro lo que pensaba. Porque para eso tiene uno 42 años, y para eso está a un paso de la retirada.

Cuando Valverde dice "no se puede hacer un recorrido como este", hay que escucharle. Las quejas del de Movistar fueron suficientemente elocuentes como para replantear la estrategia en años futuros. Después de caerse en la segunda etapa, en Utrecht, Alejandro no ocultaba su desesperación con un sonoro: "¿El trazado? No me jodas". Y en sus palabras, que advertían del peligro de estos recorridos semiurbanos, se reflejaban a la vez nuestros sentimientos de aficionados frustrados.

En tiempos vertiginosos, las grandes vueltas no deberían hurtar estos días al espectador. No tiene sentido que lo que empieza un viernes, empiece en realidad un martes. El ciclismo actual no es el de hace treinta ni el de hace veinte años. Necesitamos emociones fuertes desde el principio y no recorridos de criterium, que, con el pelotón aún al completo, solo ponen en peligro la integridad de los corredores. Por supuesto, la Vuelta aún puede ser tan fascinante como el Tour. De hecho, apostaría por que lo va a ser. Pero estas acampadas promocionales, mejor para otro momento. Lo dice una leyenda y lo dice cualquiera que se haya asomado al otro lado del televisor este fin de semana.

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