Álex Abrines no está defendiendo la peineta de Sergio Llull, sino una manera de entender el deporte

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COLOGNE, GERMANY - MAY 30: Alex Abrines, #21 of FC Barcelona during the Championship Game FC Barcelona-Anadolu Efes Istanbul of Turkish Airlines EuroLeague Final Four Cologne 2021 at Lanxess Arena on May 30, 2021 in Cologne, Germany. (Photo by Francesco Richieri/Euroleague Basketball via Getty Images)
Photo by Francesco Richieri/Euroleague Basketball via Getty Images

Vayamos primero con los hechos: el Barcelona y el Real Madrid se juegan el liderato de la Euroliga en un partido a cara de perro en el Palau Blaugrana. Como siempre, hay rifirrafes, hay decisiones arbitrales polémicas, hay emoción y hay un público pasado de revoluciones. Nada nuevo entre estos dos equipos, cuya rivalidad ha adquirido un nuevo tono aún más agresivo -al menos desde las gradas- con el fichaje de Mirotic por el Barcelona en el verano de 2019.

El caso es que gana el Barcelona y, cuando se retiran los jugadores, Sergi Llull le dedica una peineta a alguien. No sabemos a quién porque pasa lo de siempre: la inquisición del buen gusto encuentra el fotograma, lo saca de contexto, los periódicos lo pasan a sus páginas y ahí queda Llull, "insultando a la afición del Barcelona", cuando en realidad es muy probable que estuviera insultando a unos aficionados muy concretos, vete a saber por qué y vete a saber en respuesta a qué comentarios. En cualquier caso, quede claro, fue una grosería y rompe el pacto de sumisión del jugador al aficionado.

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Ahora bien, ese pacto es debatible. A las pocas horas, Álex Abrines, jugador del Barcelona, abrió el melón y le cayeron todas las tortas. En un tuit que le valió a su vez unos cuantos insultos, Abrines decía comprender a Llull. No decía que le pareciera bien ni que tuviera razón ni nada por el estilo. Decía que había momentos en los que uno se cansaba de recibir insultos todo el rato y en todas las canchas y que, cuando estos pasaban determinados niveles, reaccionar de alguna manera es humano. Mejor un dedo al aire que subirse con Stephen Jackson a las gradas a repartir mandobles.

Tanto indignaron estas palabras de Abrines -palabras que, a su vez, rompían otro pacto sagrado del mundo del deporte: nunca, jamás, cuestiones a tu público; nunca, jamás, te pongas del lado del rival-, que el propio exjugador de Unicaja y Oklahoma City Thunder tuvo que salir en Twitch a matizar lo que debería haber quedado claro: no pretendía justificar la grosería de Llull y no era un comentario específico sobre la afición del Palau, sino sobre una manera de entender el deporte, que es perniciosa y que, a poco que seas sensible, y Abrines lo es, puede afectarte demasiado.

Recuerda Abrines los días en los que él era aficionado e insultaba a todos sus rivales. Eso también es humano. Forma parte de un juego siempre que se quede en el insulto. Por ejemplo, que la afición del Barcelona le grite a Heurtel "¿Dónde está el avión?" puede ser hasta divertido. Que la directiva del Barcelona deje, de hecho, tirado a Heurtel en Estambul en medio de una pandemia, ya lo es menos. Las palabras dañan, pero los actos duelen mucho más. Mientras no haya violencia de por medio, se supone que el aficionado tiene carta blanca para el insulto. O al menos en España, porque en la NBA sí que hay límites.

Ahora bien, también dice Abrines que se arrepiente de esos insultos. Es hilar muy fino y sin duda tiene que ver con su propia sensibilidad, pero creo que le entiendo. Y creo que es muy valiente al salir a abrir ese debate, sabiendo que, directa o indirectamente, está acusando a los mismos aficionados que le van a animar (o no) cada semana. Más cuando las aguas bajan tan revueltas en el Barcelona como institución y cualquier charco que se pueda evitar, mejor evitarlo.

Es cierto que, quizá, haya que reformular ese pacto al que hacía referencia antes por el cual "todo vale" (verbalmente) contra el rival. No hablo de imponer multas o de poner nada por escrito, sino, simplemente, planteárselo. ¿Tiene sentido llamar "rata" durante todo un partido a un jugador que ha sido parte de tu historia solo porque ha fichado por otro equipo cuando a ti ya no te interesaba? ¿Tiene sentido atacar a Heurtel cuando eres tú el que le ha echado? Y así podríamos pasarnos horas y horas enunciando casos y casos donde a la afición a veces se le va el insulto o la mofa de las manos.

Insisto en que esto no pasa en la NBA, lo que no quiere decir que la NBA no tenga canchas realmente "calientes". Simplemente, si LeBron James te oye decir algo que no le gusta, te echan del campo. Porque la estrella ahí es LeBron James, no eres tú, que vas a ver su espectáculo. Y porque hay una manera de entender el juego, el deporte... como algo más que una jaula de grillos llena de odio. Que Abrines se haya atrevido a decir que lo de Llull es humano en el fondo es un paso adelante. Está bien que nos salgamos de la corrección hacia la incorrección. No es cuestión de de enfrentar insultos con peinetas, sino de debatir por fin si hay una manera de entender el deporte en España más allá de los insultos y las peinetas. Que igual no la hay... pero, bueno es que al menos se intente buscar.

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