Alexander Zverev no se merecía lo que le pasó en la final contra Carlos Alcaraz

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Tennis - ATP Masters 1000 - Madrid Open - Caja Magica, Madrid, Spain - May 8, 2022  Germany's Alexander Zverev celebrates with the runners-up trophy after losing the final against Spain's Carlos Alcaraz Garfia REUTERS/Juan Medina
El tenista alemán Alexander Zverev levanta el premio de consolación ante el público del torneo de Madrid. Foto: REUTERS/Juan Medina

Escandalizarse en el tenis es fácil y a menudo absurdo. Que si el otro tarda mucho en sacar, que si el juez de silla me tiene manía, que si las pausas para ir al baño, que si hay una señora que no acaba de sentarse y eso impide por completo que pueda empezar con mi servicio... Muchas veces hemos dicho que en este deporte y mucho más en los últimos años, hay un exceso de sensibilidad. Todo el mundo se queja y al final se acaba quejando por cualquier cosa con tal de esquivar ninguna responsabilidad sobre lo que han hecho bien o mal durante el partido.

Lo que pasa es que a veces hay límites. Vamos con el partido entre Carlos Alcaraz y Alexander Zverev en la final del Open Mutua Madrid. Ganó Alcaraz y ganó fácil. Lo hizo, básicamente, porque hablamos del jugador más en forma del mundo: campeón en Río, campeón en Miami y campeón en el Godo, Alcaraz venia de derrotar a Nadal y a Djokovic en días sucesivos y partía como máximo favorito ante el alemán. Lo que hizo fue confirmar sin más su superioridad. No creo que haya excusas posibles que quiten mérito a su victoria.

Dicho esto, lo que le pasó a Zverev en este fin de semana es algo a evitar, algo realmente inmerecido. Después de perder en primera ronda de Munich y asegurar que había "tocado fondo" en su carrera, Zverev hizo de tripas corazón, sacó adelante algún partido complicado en las primeras rondas y se plantó en cuartos de final dispuesto a defender el torneo conquistado el año anterior. ¿Qué se encuentra? Un partido contra Felix Auger-Aliassime que se va retrasando y retrasando y que acaba pasada la medianoche. Después, la rutina: rueda de prensa, pequeño entrenamiento para soltar músculos, cena, rebajar adrenalina y dormir (a las 4.30 según el jugador).

Al día siguiente, más de lo mismo. A la organización se le ocurre hacer un "súper sábado" y empezarlo a las cinco de la tarde. Zverev tiene el último turno, después del larguísimo Alcaraz-Djokovic y de la competida final femenina Pegula-Jabeur. No tiene ningún sentido que los partidos de los dos finalistas estén separados por un tercer partido. No tiene ningún sentido que a Zverev vuelva a pasarle lo mismo: tras ganar a Tsitsipas, dar la rueda de prensa, entrenar saque, cenar y volver al hotel, se echa a dormir a las 5.20, casi al amanecer. Alcaraz, mientras, está a punto de levantarse y preparar el partido.

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No es decisivo deportivamente, pero es muy innecesario. Ni siquiera creo que hubiera segundas intenciones patrioteras al respecto. La chapuza habría sido la misma con otros jugadores. Alcaraz entró a la pista fresco como una lechuga; Zverev, agotado y semiresacoso. Da la sensación de que el vigente campeón del torneo habría merecido otro trato, pero bueno. Todos estamos de acuerdo en que habría perdido igual, desde luego, el propio alemán lo dijo en rueda de prensa, pero no tiene ningún sentido que haya estas desigualdades tan fáciles de evitar. Bastaba con programar la final femenina antes o después de las semifinales masculinas, pero nunca en el medio.

Zverev, en rueda de prensa, le echó la culpa a la ATP. Otros medios españoles se hicieron eco de la acusación. Obviamente, nadie quiere molestar a los verdaderos culpables porque son los que ponen el dinero: los organizadores del torneo. La ATP no tiene nada que decir en esto. La ATP no puede controlar cuándo se programa un partido de la WTA. Sí puede darles un toque, pero qué caso le van a hacer a la ATP cuando los propios jugadores, las propias estrellas, no se atreven a ser claros en sus declaraciones.

El torneo de Madrid lo tiene todo para ser el mejor torneo de Europa fuera de los Grand Slams. De hecho, hace tiempo que se rumorea la posibilidad de hacerlo durar dos semanas y hacer una especie de Indian Wells-Miami con el torneo de Roma. Habrá que luchar para que así sea. Habrá que luchar contra las ocurrencias, contra los horarios absurdos y contra la condescendencia con un público que a menudo deja mucho que desear: puedo aceptar que una pista de tenis se convierta en un duelo de aficiones de fútbol en un país -y una ciudad- donde el fútbol lo es todo. Hay otras cosas que me cuestan más.

Un torneo ATP no es una eliminatoria de Copa Davis. Una cosa es la pasión y otra muy distinta la falta de deportividad. Entre las cosas que Zverev no se merecía este domingo está ese run-run de gente gritándole cosas mientras saca. Ya sé que en los demás deportes pasa: sé que cuando uno tira un penalti, el campo no se calla, como no lo hace cuando alguien tira tiros libres. En tenis, la rutina de saque es sagrada. No es de recibo que una panda de energúmenos se dedique a competir a ver quién pega el último grito, a menudo con la pelota ya en el aire. Son detalles innecesarios fácilmente corregibles. Intentémoslo, al menos.

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