Algunos datos sobre los gladiadores que no son realmente tal y como nos lo han explicado

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Numerosísima ha sido la información y crónicas que nos han llegado a través de los años de cómo era y se vivía en la Antigua Roma a lo largo de los diez siglos de existencia (del VI a.C. hasta el I a.C. como república y desde el I a.C. hasta el V d.C. como Imperio).

Algunos datos sobre los gladiadores que no son realmente tal y como nos lo han explicado (imagen vía Wikimedia commons)
Algunos datos sobre los gladiadores que no son realmente tal y como nos lo han explicado (imagen vía Wikimedia commons)

Todos esos relatos han servido para que hayamos conocido innumerables detalles sobre ese periodo y ha servido para documentar una gran cantidad de libros, series y películas de la época, teniendo asumidos como ciertos y característicos de aquella sociedad algunos datos que en realidad no ocurrieron tal y como nos lo han explicado.

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Muchos son los personajes destacados de aquel periodo y, posiblemente, los ‘gladiadores’ son de los más famosos pero también de los que más inexactitudes y datos inexactos hemos recibido. Uno de los errores más comunes es centrar ese tipo de combates solo en Roma y su imperio, ya que existen numerosas evidencias que otros pueblos y culturas mediterráneas también lo realizaban (como por ejemplo en la Antigua Grecia).

Tenemos asociada la figura del gladiador con la de unos tipos fornidos que se dedicaban en cuerpo y alma a prepararse para luchar a vida o muerte en un solo combate e incluso numerosas las historias en las que se indican que estos eran esclavos. También nos han explicado que cuando uno de ellos caía herido a la arena era el emperador de turno (o autoridad que presidía el acto) quien decidía si se le daba muerte o perdonaba la vida, todo ello animado por el público enfervorecido y, además, indicándolo girando el dedo pulgar hacia arriba o hacia abajo.

Esto es inexacto, ya que en realidad la mayoría de aquellos enfrentamientos eran puro espectáculo para entretener y divertir al público, pero sin tener que recurrir a la lucha a vida o muerte entre luchadores. Se trataba de una lucha algo fingida (algo así como hacen los participantes del pressing catch de la WWE, en la que la mayoría de los golpes y caídas son fingidos) en la que los dos contrincantes le metían una gran dosis de exageración y teatro, con el fin de darle más espectacularidad.

Los gladiadores eran contratados para dar un espectáculo a la plebe, que acudía a los coliseos con ganas de pasar un buen rato. Los luchadores sabían que cuanto más paripé pusieran en sus peleas más entusiasmado estaría el público y mayor sería la popularidad que alcanzaban. Además, la mayoría de esos combates no se realizaban únicamente como entretenimiento popular, sino que se enmarcaban dentro de una serie de actos para homenajear la memoria de algún personaje importante que había fallecido e incluso de deidades concretas en la fecha fijada para honrarlas.

El gladiador de élite (y libre) era conocido como ‘autoracti’ y, al igual que hoy en día con cualquier deportista de primer nivel, se les hacía contratos en exclusiva y recibían un generosos pago por sus servicios.

Evidentemente hay que señalar que sí se celebraron algunos combates a vida o muerte, pero estos eran poquísimos en comparación con los que se trataba de únicamente espectáculo de entretenimiento.

El tema del pulgar (pollice verso) para indicar cuál debía de ser la suerte del contrincante derrotado también tiene ciertas discrepancias sobre lo que nos han explicado y cómo se hacía realmente.

En aquellos enfrentamientos a vida o muerte, el dedo pulgar hacia arriba era, en realidad, el que determinaba que el gladiador en el suelo debía morir y no se hacía señalando al cielo sino poniéndoselo bajo la garganta el encargado de tomar la decisión e indicarla (una señal que significaba que había que degollarlo). Un gesto que es todo lo contrario a como nos lo han mostrado a través del cine, televisión y la literatura.

Para conceder el perdón dos eran las señales con el pulgar: apuntando al suelo (que indicaba al gladiador ganador que clavara su espada en la arena y así terminar el combate) o contrayendo el dedo y metiéndolo dentro del puño (pollice compresso) con lo que se le concedía una especie de gracia, debido a que el perdedor solicitaba desde el suelo que se le permitiera seguir viviendo. Para ello, el gladiador derrotado debía extender su brazo y enseñar los dedos índice y corazón.

Cuadro 'Pollice Verso' realizado en 1872 por el pintor francés Jean-Léon Gérôme (imagen vía Wikimedia commons)
Cuadro 'Pollice Verso' realizado en 1872 por el pintor francés Jean-Léon Gérôme (imagen vía Wikimedia commons)

La confusión de hacia dónde señalaba el pulgar proviene de la representación que aparece en el cuadro 'Pollice Verso' realizado en 1872 por el pintor francés Jean-Léon Gérôme. Fue tal la popularización de esta pintura que, posteriormente, muchos fueron los autores que se inspiraron en ella para escribir sus historias sobre gladiadores y en las que se le daba el sentido erróneo al uso del pulgar en ese tipo de acontecimientos.

Fuentes de consulta e imágenes: historyextra / historiasdelahistoria / elhistoricon / Wikimedia commons (1) / Wikimedia commons (2)

 

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