Ansu Fati: cuando la Selección se convierte en un club que "ficha" jugadores

  • ¡Vaya!
    Se ha producido un error.
    Vuelve a intentarlo más tarde.
En este artículo:
  • ¡Vaya!
    Se ha producido un error.
    Vuelve a intentarlo más tarde.
El futbolista Ansu Fati, del Barcelona, durante un partido contra el Granada.
Ansu Fati jugando con el Barça. Foto: Quality Sport Images/Getty Images.

La nueva sensación de la Liga española responde al nombre de Ansu Fati. Se trata de un niño, porque sin haber cumplido aún los 17 años no se le puede decir otra cosa, que está batiendo récords de precocidad en su trayectoria futbolística. Ha irrumpido en el primer equipo del Barcelona, se ha convertido en el segundo jugador más joven en debutar y en el goleador más precoz de toda la historia azulgrana, tras aparecer por primera vez en el campo en la segunda jornada, contra el Betis, y apenas una semana después hacerle un tanto a Osasuna.

Está por ver si el delantero Ansu (diminutivo de Anssumane) se consolida en la élite y se convierte en el crack de futuro que parece que puede llegar a ser o es uno de tantos que, tras un arranque fulgurante, no es capaz de responder a las expectativas y se queda por el camino. De momento lleva tres telediarios al máximo nivel; solo el tiempo dirá por dónde acaba desarrollándose su carrera. Lo que sí está haciendo, quizás ante el arranque de temporada más bien discreto del Barça, es dar muchísimo que hablar. Es, hasta ahora, el protagonista indiscutible del principio de la campaña en uno de los equipos más importantes del país.

Tan grande está siendo su impacto que ya entra en los planes de la selección española. Robert Moreno, actual seleccionador, ha dicho que, aunque todavía hay que tener mucha paciencia debido a su juventud, le parece un chico muy interesante de cara al futuro. De momento la sub-17 tiene intención de incorporarle a la plantilla de cara al Mundial de la categoría que se celebra a partir del 26 de octubre. Algo que, por cierto, a Ernesto Valverde, entrenador culé, no le hace demasiada gracia.

Este contenido no está disponible debido a tus preferencias de privacidad.
Actualiza tu configuración aquí para verlo.

Todo muy bonito, muy prometedor y muy ilusionante para la Roja, salvo por un pequeño detalle. Ansu Fati no es español. Maticemos: de cara a la ley sí, tiene la nacionalidad, porque se le ha tramitado de forma acelerada dado su éxito deportivo fulgurante; el Consejo de Ministros la ha procesado expresamente a petición del Consejo Superior de Deportes. Hoy mismo, lunes, ha aparecido en el BOE el decreto que se firmó el pasado viernes, según cuenta Marca. Pero nació y se crio en Guinea-Bisáu, una antigua colonia portuguesa en la costa occidental del África subsahariana.

Como tantos y tantos inmigrantes que no han tenido la misma suerte que él a la hora de tramitar los papeles, vino a España de niño; en concreto, con seis años llegó a Herrera, en la provincia de Sevilla, con su familia; su padre, un antiguo futbolista que llegó a militar en la segunda división de Portugal, encontró trabajo como chófer de Juan Manuel Sánchez Gordillo, el controvertido alcalde de Marinaleda. Ansu jugó en la cantera del club de su pueblo adoptivo y en la del Sevilla FC antes de que el Barça le incorporara a su Masía.

Juzgue el lector si es un agravio comparativo el hecho de que a Ansu, quien ha pasado ya más tiempo en España que en su Bisáu de origen, se le gestione la ciudadanía de forma mucho más rápida que a otros foráneos que también llevan años en nuestro país pero aún no gozan de ese privilegio. El debate sobre las condiciones más o menos justas y humanitarias con las que tratamos a los que vienen de fuera a buscarse la vida daría para reflexiones más profundas de las que no es momento ni lugar. Centrémonos ahora mismo en el fútbol y en el deporte en general.

Sin salir de este ámbito, queda muy claro que lo que quiere hacer la Real Federación Española de Fútbol es un fichaje en toda regla. Perfectamente comparable al que podría hacer cualquier club; de hecho, el propio Barça se lo trajo de Sevilla a golpe de talonario allá por 2013, con el consiguiente enfado del entonces presidente blanquirrojo José María del Nido. No obstante, el Barça le considera un producto más de su fútbol base; tampoco discutiremos aquí si es correcto el criterio para definir qué es o qué deja de ser un canterano, o hasta qué punto es legítimo el mercadeo con niños en el fútbol profesional.

Volviendo al equipo nacional, se supone que una selección lo que hace es representar al país correspondiente. Es decir, a los jugadores procedentes del territorio en cuestión. En el caso de Fati aún se puede justificar con el hecho de que llegó a España siendo muy pequeño y se puede considerar que ha aprendido a jugar al fútbol aquí. Pero cuántos casos hemos visto a lo largo de la historia reciente de extranjeros que, por unos u otros motivos, compiten con otro país.

Este contenido no está disponible debido a tus preferencias de privacidad.
Actualiza tu configuración aquí para verlo.

En la misma España hay ejemplos numerosos. El más obvio de la actualidad es el del brasileño Diego Costa. No hace mucho que su compatriota Marcos Senna fue pieza clave en la victoria de la Eurocopa de 2008. Argentinos como Mariano Pernía o Juan Antonio Pizzi, u otros brasileños como Donato, también vistieron los colores de su país adoptivo. El mismísimo Leo Messi estuvo a punto.

No es cosa solo nuestra, en todas partes cuecen habas. Para Inglaterra juega el jamaicano Raheem Sterling. La delantera de Alemania la formaron mucho tiempo los polacos Podolski y Klose. Jorginho es el mediocentro titular de Italia. En Francia la lista es interminable, con el camerunés Umtiti como nombre más destacado de la actualidad.

Todo esto teniendo en cuenta solo los que han nacido en otro lugar y que en algún momento de su vida, ya sea de niños o de adultos, se mudaron de país o hasta de continente; nadie debería dudar que los nacidos ya en la nación “nueva”, aunque sean hijos de extranjeros, son ciudadanos a todos los efectos. No se trata, ni mucho menos, de ser xenófobo ni fomentar una “pureza de sangre” que jamás, en ningún rincón del planeta, ha llegado a existir.

El caso es que las federaciones de países, digamos, económicamente potentes no tienen mayor problema en reforzarse con talento foráneo, ya sea agilizando las nacionalizaciones de niños que, de no ser futbolistas profesionales, tendrían que pasar por un calvario burocrático para obtener los papeles, ya sea directamente asimilando adultos de calidad contrastada. La normativa al respecto es sorprendentemente laxa. De hecho, a Ansu Fati le ha faltado bien poco para hacerse portugués, aprovechando que su padre vivió muchos años en la antigua metrópoli. Se conoce que ni se plantea la opción de jugar para su Guinea-Bisáu natal, país cuya selección ocupa el puesto 123º en el ranking FIFA y que jamás ha jugado mundiales y en la Copa de África no ha pasado de la fase de grupos.

Justo es reconocer que al revés también ocurre. De los veintitrés convocados por Marruecos para el torneo continental disputado este verano, apenas cuatro vinieron al mundo en África; el resto son españoles, franceses o neerlandeses, hijos de marroquíes, que aprovechan el pasaporte de sus padres... y asumen el hecho de que no tienen el nivel suficiente para jugar con la selección de su país de nacimiento. Situación parecida, aunque no tan exagerada, ocurre en Argelia, Senegal o Túnez, tres de las semifinalistas. Pero no es lo mismo: los países pobres, “tercermundistas”, se quedan con las migajas que desechan los poderosos. Como en tantos ámbitos de la vida.

Este contenido no está disponible debido a tus preferencias de privacidad.
Actualiza tu configuración aquí para verlo.

Si nos ponemos rigurosos todo esto no es sino una forma de falsear los torneos. Difícilmente una selección llena de foráneos, sea por el motivo que sea, puede representar al rincón del planeta con el que comparte bandera y colores. Las competiciones internacionales ya no son entre países, sino entre federaciones. Entre entidades con su poderío económico, donde, como de costumbre, es el más rico el que se queda con los mejores, el que gana y el que marca la diferencia. Está un poco más regulado que en cuanto a clubes, no se permite (todavía) soltar una millonada y que algún jugador contrastado tenga un pasaporte nuevo (como sí ocurre en otros deportes, bien lo saben en el balonmano), pero está visto que es así. Casualidad o no, desde 2002 todos los que se han proclamado campeones del mundo proceden de Europa. Cosas del fútbol moderno.

Hay hasta dos problemas graves con este modelo que se ha implantado y que parece que todo el mundo acepta sin mayor problema. El primero, que ya hemos visto, es la falta de credibilidad a la que se ve abocado el sistema. El segundo, el riesgo de destrozar más de una carrera. No sería la primera vez, ni la segunda, que un jovenzuelo con futuro aparentemente brillante, y que, por sus circunstancias vitales, podría optar por varias selecciones, escoge (o le hacen escoger) la más poderosa y luego, cuando su estrella se apaga, ha quemado sus posibilidades, ya que el debut con un país en partido oficial impide cambiarse a otro. Recuérdese al hispano-serbio Bojan Krkić o al español marroquí Munir el Haddadi. Los veintitrés minutos que suman entre ambos con la camiseta de España les impiden competir para otro país.

Fati, por ahora, no corre ese riesgo, puesto que la normativa solo se aplica a partidos oficiales de la selección absoluta. Debutando con la sub-17, que es lo que parece que puede ocurrir a corto plazo, siempre tiene la posibilidad de pedirle a la FIFA más adelante que le deje regresar a sus orígenes, o a cualquier otro lugar al que el siempre incierto rumbo del fútbol profesional le acabe llevando. Aunque ahora aparentemente lo tiene claro, ya tendrá tiempo de decidir cuando sea mayor de qué país quiere ser. Si le dejan.

También te puede interesar:

La hipocresía de la ACB: “concienciar sobre el juego responsable” con el patrocinio de una casa de apuestas

Una alta funcionaria de Hacienda estafó seis millones a deportistas de élite

Nuestro objetivo es crear un lugar seguro y atractivo para que los usuarios puedan establecer conexiones en función de sus intereses y pasiones. A fin de mejorar la experiencia de nuestra comunidad, hemos suspendido los comentarios en artículos temporalmente