Apuzzo: "No sabía ni tirar y a los dos días me llevaron a una guerra"

El ex-DT de Huracán revivió Malvinas con Goal. Cómo le arruinó la carrera, la humildad de no sentirse héroe y la increíble historia de su primo, sobreviviente.

Néstor Apuzzo, campeón de la Copa Argentina y de la Supercopa con Huracán como entrenador, además de ascender en 2014, es uno de los tantos héroes que tiene Argentina tras una guerra absurda. Aún así, él no se considera a ese nivel, porque su tarea en el conflicto bélico fue desde el continente y no en las Islas. A 35 años del desembarco argentino en las tierras del Atlántico, nos cuenta toda su experiencia:

- ¿De qué manera influyó la Guerra de Malvinas en tu vida?

-Para mí fue un antes y un después. No tengo dudas. Me marcó para mal. Futbolísticamente estuve un año y medio sin poder jugar. Estuve 18 meses bajo bandera, como soldado en continente. No podía entrenar. Después salí con una verruga infecciosa en la planta del pie, con un problema en los riñones por un palazo que me habían dado. Un montón de situaciones. Cuando me empecé a recuperar, en ese momento la medicina no estaba tan adelantada, dicen que fue por los nervios que me agarró una hepatitis casi fulminante. Yo, a los 16 años, estaba entrenando con Primera, fui un partido al banco y a los 21 ya no quería jugar más al fútbol. La realidad es que salí mal. Salí mal. Por amigos, por gente que me ayudó, que me hizo entender que tenía que seguir en el fútbol, pude salir adelante. Soy un agradecido. Hoy estoy acá, pude formar una familia hermosa, dos hijos hermosos, que son mis ojos. Pude forjar mi carrera, como futbolista a los tirones, por todo lo que me pasó, pero pude jugar hasta los 28 años a nivel profesional y después seguí jugando al fútbol de salón. A los 35 me dediqué a la dirección técnica.

-¿En qué medida te ayudó dedicarte al fútbol?

-Después de ese simbronazo importante, a mí me ayudó mucho. Soy un agradecido porque lo pude hacer. Y muy dolido por todo lo que le pasó a los chicos que hoy no están con nosotros y dieron todo de una manera increíble, porque era una vergüenza. Una vergüenza que chicos de 18 años estén peleando. No entendíamos nada. Hay que sacarse el sombrero con los que estuvieron en combate y que hoy pueden contarla también. A veces se los deja de lado. Me solidarizo con ellos, con sus familias, con los chicos que no pudieron hacer una vida como tuve la suerte de hacer yo. Es algo difícil. El tema Malvinas es muy delicado. Ojalá todos leyeran y se enteraran de todo lo que pasó.

-¿Te gusta contar tu experiencia?

-No. No. Por un lado la pasé muy mal, pero sé que lo que me pasó a mí es mínimo al lado de lo que le pasó a otras familias y otros soldados. Si a mí me pegó como me pegó, no me imagino al resto.

-Imagino que un hecho así te hacen ver las cosas cotidianas de otra manera.

-Te fortalece y pasás a entender la vida de otra manera. Tenés que disfrutarla. En ese momento nos subían y nos bajaban de los camiones. Sabíamos que íbamos para allá y que, por ahí, no volvíamos más. La vida hay que disfrutarla, hay que ir detrás de un sueño. El mío era llegar a jugar en Primera y lo logré. Después el otro sueño era jugar con la Selección, y lo pude lograr, pero en futsal. Siempre peleando contra todo, con esfuerzo. Yo me crié en Villa Soldati, donde no nos sobraba nada. No me ayudaba el barrio, no me ayudaban un montón de cosas. Sí me ayudaba mi entorno, mis viejos que eran dos fenómenos, mi hermano, mis amigos. Algunos volcaron mal en un barrio como este. Lo único que te lleva es a eso, a querer vivir a pleno. Todo lo que me pasó a mí ahí adentro, fue todo malo. Es más, rogaba que no hubiera más colimba por mis hijos, siempre te queda esa marca. Gracias a Dios no hubo más. Mi hermano, por suerte, se salvó de la colimba, seis años después.

-Tu primo también estuvo en la guerra...

-Él, categoría 62 y yo, 63. Estuvo en el Belgrano. Se salvó. Fue el octavo que se salvó. Casi muere congelado. Es de los referentes de los soldados. Anda por todos lados, un pibe bárbaro. Hugo Adesso. Él se pudo salvar, él la pasó peor que yo. Estuvo seis, siete horas casi congelándose. Imaginate la familia también. Estábamos los dos. Él pasándola mucho peor que yo, y yo sabiendo desde adentro cómo la estaba pasando. Son todas cosas que te marcan. En la vida, mucha gente se hace problema por pequeñas cosas. Y yo digo, ‘la pucha, si supieran lo que tuvimos que pasar nosotros’. A parte con 18 años. ¡No entendíamos nada! Imaginate que yo lo que quería era jugar al fútbol, todo el día jugar al fútbol y de repente te encontrás con eso. Una sola vez fui al polígono. La primera vez que tiramos casi me saco el hombro, no sabíamos ni apoyar el arma. No entendíamos nada. A los dos días estábamos subiendo a los camiones para ir a una guerra. ¿Qué podíamos entender nosotros? ¿Qué podíamos entender chicos de 18 años? Por ahí ellos se pensaban que no iban a venir, calculo yo. No me gusta hablar del tema. Estoy a muerte con los chicos que estuvieron en combate, con los familiares. Y con los otros que estuvieron en continente, como me pasó a mí, pero que quizás no pudieron forjar una vida como me tocó a mí, en el deporte, y pudiendo llegar a los sueños que tenía. Yo pude ir cumpliendo mis sueños, pero sigo laburando día a día para mejorar y para seguir logrando cosas. Es lo que le inculco a mis hijos. Pero no quiero que se olviden de esa gente porque dieron todo por la patria y hay veces que se encuentran con nada. Yo hoy, que lo puedo expresar atrás de un micrófono, detrás de las redes sociales, es lo mínimo que puedo hacer. Que se acuerden, que no se olviden.

-Y Huracán, ¿qué papel ocupó en ese tramo de tu vida?

- Fue mi segunda casa. Yo a los 10 años ya era jugador de este club. Soy un tocado por la varita. El año en el que llegué, Huracán salió campeón. Uno de los mejores equipos de la historia, Huracán del 73. A los 16 años tuve la suerte de estar en un plantel, de hacer todas las inferiores. Venir de Soldati, que era difícil, tuve una contención que no tuvieron otros. Varios amigos míos no la contaron. En Soldati, si no te la aguantabas, no la pasabas. Huracán me contuvo desde ahí. Tanto a mí como a Omar (De Felippe), más a Omar, todavía, porque él salió enseguida, estuvo en combate, y se insertó en Primera División. Yo, al ser 63, me tuve que quedar un año más bajo bandera. Cuando salí, estuve con problemas de salud, en el riñón. El club siempre estuvo. Cuando el club me soltó la mano, que quedé libre con hepatitis, podría haberle hecho juicio, sacarle el Ducó, y prioricé lo otro, que siempre me dieron una mano y no me equivoqué. No le hice ningún juicio, me fui, agaché la cabeza. Me tuvieron que convencer para volver a jugar y terminé jugando, de tanto que me insistieron, en Sportivo Barracas. No se me cayeron los anillos y forjé una carrera de nuevo en el ascenso. De tener el sueño de jugar en el club que vos amás y estar a los 16 años cerca de todo, a los 21 estaba jugando en Primera D. A partir de ahí fui creciendo. No fui nunca más el mismo jugador, sobre todo por la hepatitis. El hígado es el motor de uno, realmente lo sentí. No me arrepiento ni me voy a arrepentir de no haberle hecho juicio al club, porque sabía que iba a volver en algún momento. Y volví a los 28, para jugar fútbol de salón. Me volví a poner la camiseta de Huracán. Hasta que me retiré un viernes y el lunes me vinieron a buscar para que me haga cargo de la Primera, con la suerte de que, el primer torneo que dirigí, salimos campeones. Huracán es todo. Acá, como entrenador, hice el jardín de infantes, la primaria, la secundaria, la universidad y me recibí. Por suerte pude darle esta mano al club con dos estrellas y un ascenso.

-De Felippe no quería hablar del tema hasta que le dijeron que lo haga para recordar a los héroes y que no se olvide. ¿Sentís que fueron olvidados?

- Sí. Antes de la guerra no nos cobraban el colectivo si estabas vestido como soldado. Éramos todos unos fenómenos. Después de la guerra he escuchado hasta “cagones, perdieron la guerra”. Primero, una vergüenza que hayan metido a pibes de 18 años que no tenían ni idea en una guerra. Y segundo, el exitismo del argentino jugó en contra. No en todos, obvio. Hubo mucha gente que nunca paró de colaborar. Pero también está la otra que te deja de lado. Siempre uno está a tiempo de corregir. Hoy, todavía, con 54 años, todavía se los puede ayudar, porque hay muchos que precisan que los ayuden. No sólo en lo económico, sino en lo psicológico. Hay que hacerlos sentir héroes. No me hago parte de la cosa porque no estuve ahí. No estuve mano a mano con un inglés, o en un pozo esperando que me peguen un bombazo y que vuele por el aire. Pero sí la pasé mal. Cuando volvimos nos mostraron a nuestros compañeros con esquirlas, y que te digan “nabos, ellos sí pelearon y ustedes no”. Que te maltraten los oficiales y los suboficiales. Son momentos. Lo entiendo a Omar que no quiera hablar, porque él sí la pasó mal.

-¿Seguís en contacto con los chicos de Malvinas?

Me llamaron dos o tres chicos que habían estado conmigo, me puso muy contento. Pero nunca nos juntamos. Al que sí veo cada un tiempo es a mi primo. La verdad que no volví a ver a nadie. Capaz que es para evitar el tema. Pero siempre que puedo transmitirlo desde mi persona, quiero ayudar. Siento que puedo dar un poquito más que ellos al tener la exposición que tengo.

-En los últimos años se hizo mucho hincapié en reclamar la soberanía en un tono pacífico. ¿Vos qué opinás del reclamo?

- Si son nuestras, tienen que ser nuestras. Por eso, orgullosos de los que estuvieron en combates. Muy triste por los que perdieron la vida. Son héroes. Es algo nuestro que nos sacaron. Uno como argentino, que le tocó esto, cree, cada día que se levanta, que son nuestras. Pero tenés que ir de la manera correcta para que te la den. No podés ir a la buena de Dios. Porque tenés todas las posibilidades de que te vaya mal. Esto fue un manotazo de ahogado. Pero creo que las Malvinas son muy nuestras. Ojalá algún día podamos disfrutarlas. Ojalá que entiendan que no tiene que correr una gota de sangre y que nos den lo que nos corresponde. Que no haya violencia. Que no se derrame una gota de sangre por nada. Estamos en una sociedad muy jodida, muy violenta. Me encantaría que el tema Malvinas se lleve a cabo como una materia más en el colegio. Para que los chicos sepan lo que pasamos. Y, ¡la pucha! ¡lo que vale la vida de cada uno! Ojalá puedan llegar a un acuerdo y que no corra una gota de sangre.

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