Periodismo es dar al lector lo que quiere

La Libreta de Van Gaal
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Soccer Football - La Liga Santander - FC Barcelona v Real Madrid - Camp Nou, Barcelona, Spain - October 24, 2020 Real Madrid's Sergio Ramos is fouled in the penalty by Barcelona's Clement Lenglet and a penalty is awarded REUTERS/Albert Gea
Da más de sí el penalti que la camiseta. (Foto: Reuters/Albert Gea)

Un día después del último FC Barcelona-Real Madrid, José Ramón de la Morena tuvo una buena idea: reunir en su programa ‘El transistor’ de Onda Cero a cuatro directores de los cuatro principales diarios deportivos: Vicente Jiménez (‘As’), Juan Ignacio Gallardo (‘Marca’), Santi Nolla (‘Mundo Deportivo’) y Ernest Folch, que dejó la dirección de ‘Sport’ hace unos meses por problemas de salud. Aunque les pidió opinión acerca del agarrón de Lenglet a Sergio Ramos, la pregunta del millón no era esa. De la Morena les convocó para (tratar de) explicar a la audiencia cómo es posible que la opinión de cada diario sobre un mismo hecho —el penalti— pueda variar tanto. En realidad el drama no reside en la variedad de visiones, sino en que todos supiéramos de antemano cuál iba a ser la de cada uno.

En este tipo de ocasiones los periodistas acostumbran a amagar cierta autocrítica; siempre, eso sí, con la boca pequeña. Suelen demostrar que la teoría más o menos se la saben, aunque luego el día a día —y la acuciante necesidad de vender— les impida llevarla a la práctica. Esta vez ni siquiera fue así. Los cuatro directores, cual disciplinada defensa en línea, se mostraron inexpugnables y despejaron con contundencia cualquier balón que Joserra trataba de bombear al área. Al tiempo, revelaban con notable crudeza el funcionamiento de su industria.

Aunque Jiménez y el propio De la Morena proclamaron que la objetividad no existe, el alegato de defensa fue generoso en otros grandes conceptos como “pluralidad”, “riqueza” y “honestidad”. Si la objetividad es “una falacia”, como dijo Jiménez, no hay que perder el tiempo en perseguirla. “El fútbol es subjetivo. Un gol, que es un hecho único, proporciona toneladas de felicidad a unos y de tristeza a otros. Esa la grandeza”, dijo Gallardo, el que menos se mojó. De la charla concluimos que la realidad puede moldearse al gusto de cada uno y que los diarios hacen su negocio repartiéndose segmentos de población. Tú escribe que es penalti claro, que yo diré que es un atraco.

“Tenemos públicos diferentes y sabemos a quién nos dirigimos”, explicó Folch; “la gracia del fútbol es que es subjetivo e interpretable, como tantas cosas de la vida. Esto es riqueza y se llama pluralidad”. La pluralidad, otra gran palabra en la que ampararse, está muy bien si va de la mano de la independencia, cuando un medio tiene libertad para razonar y llegar a unas conclusiones. Si las conclusiones ya están establecidas de antemano y se trata sólo de justificarlas, ¿de qué pluralidad hablamos? Se trata más bien de un choque de sectarismos.

Pero ante todo quedó patente el miedo —terror, de hecho— a importunar a la audiencia. “La prensa deportiva se dirige mucho más a los sentimientos que a la razón”, subrayó Jiménez; algo que reflejó mejor hace unos años Enric González cuando dijo que la prensa deportiva busca “masturbar al lector”. Los diarios fomentan un cliente —para qué seguir llamándolo “lector”— poco o nada exigente, que sólo pide al periódico que defienda a su equipo y ataque al rival. “Se acercan a la mirada propia en la que se sienten cómodos”, confesó Nolla; “es su zona de comfort porque conecta con lo que ellos piensan”. Se trata de reforzar las ideas del cliente, en ningún caso de refutarlas, no se le ocurra cambiar de periódico. Estamos a tiempo de reformular la más famosa cita falsamente atribuida a George Orwell: “Periodismo es aquello que alguien quiere que se publique. El resto son relaciones públicas”.

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