Así juega el Getafe de Bordalás, el equipo más odiado de la Liga

Albert Ortega
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SEVILLE, SPAIN - OCTOBER 27: Jose Bordalas, Manager of Getafe CF looks on prior to the Liga match between Sevilla FC and Getafe CF at Estadio Ramon Sanchez Pizjuan on October 27, 2019 in Seville, Spain. (Photo by Quality Sport Images/Getty Images)
José Bordalás en un partido ante el Sevilla, esta temporada. (Foto Quality Sport Images/Getty Images)

El Getafe de José Bordalás agota, exige, oprime y pasa por encima de sus rivales sin que muchos puedan entender cómo lo hizo. A menudo catalogado injustamente de defensivo y otras de tramposo, el conjunto azulón representa una anomalía en una Liga donde la mayoría de rivales se expresan a través del balón.

Experto en detectar los puntos débiles de sus contrarios y de potenciar sus grandes virtudes, Bordalás ha inyectado a sus futbolistas la capacidad mental de explotar los errores del rival con una disciplina táctica asombrosa.

No hay un equipo que plasme mejor lo que quiere su entrenador sobre el terreno de juego. No hay un bloque más sólido. El tercer clasificado del campeonato por encima de Valencia, Atlético de Madrid, Sevilla o Real Sociedad es también el equipo que menos posesión del campeonato suma por partido (45%), el que menos acierto muestra en el pase (61.7%) y el segundo que más balones en largo dispone por duelo (81).

Datos que arrojan dos verdades incontestables. Por un lado, al Getafe no le importa tener el balón y dividirlo en largo, mientras que por el otro, sus diferentes planes de partido se basan en sacar más ventajadas de su presión que de su circulación. Dicho de otro modo: la presión es su jugador más creativo. Con un dominio -casi- total del juego directo, sus futbolistas tienen marcado a fuego que no importa perder el balón siempre y cuando lo recuperen donde quieren: en campo rival.

El conjunto de Bordalás no cuenta con grandes nombres -pese a tenerlos-, pero encuentra en el colectivo su mayor argumento competitivo y diferencial. Así, el modelo de juego del técnico de moda en la Liga se basa en ejecutar una presión alta, muy agresiva y compacta por dentro a través de Arambarri y Maksimovic con la idea de hacer un Vietnam de cada balón dividido. Su concentración sobrepasa la de sus contrincantes en cada zona del campo.

Así, en fase defensiva, los futbolistas azulones tienen la habilidad de ir a buscar al rival muy arriba con una gran efectividad para robar, salir verticalmente y atacar en pocos pases. Pese a que se les acuse de equipo defensivo, pocos rivales ejecutan una presión alta tan coordinada, sólida y agresiva como la suya. A veces lo hacen tan rápido que el rival no ha tenido tiempo ni de parapetarse. Y cuando se quiere enterar, ya está recogiendo el balón del fondo de la red.

En este sentido, si el rival les supera en sus titánicas luchas individuales por todo el terreno de juego, el integrante del Getafe no duda en frenar el juego como buenamente pueda. Por este motivo son el equipo más amonestado de toda la competición doméstica, con 18.6 faltas por enfrentamiento. Algo que les ha costado parte de su reputación pero que poco importa cuando estás haciendo historia.

Por último, en fase ofensiva, la entidad madrileña presenta tantos recursos como diferentes piezas forman su plantilla en el último tercio del campo. El gran peso de los laterales se combina con tres delanteros hipercomplementarios -Jorge Molina, Jaime Mata y Ángel Rodríguez-. Así, Bordalás dispone de dos dominadores del juego directo capaces de chocar y descargar y del mejor revulsivo de la Liga por su velocidad y picardía para pescar en río revuelto respectivamente.

El próximo rival del Getafe será un proyecto con dudas, en construcción y que aún está tratando de encontrar su fórmula más competitiva: el Barça de Quique Setién.

Con ello, viviremos un encuentro entre dos entrenadores que ya se las tuvieron tiesas en el pasado por cuestiones estilísticas y que comprenden el fútbol desde dos puntos de vista antagónicos. El balón dictará sentencia, pero el Barça y Setién ya saben que el Getafe de Bordalás no hace prisioneros.

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