Para algunos atletas, los Juegos Olímpicos no son solo una oportunidad para competir, sino también para desertar

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La atleta bielorrusa Krystsina Tsimanouskaya, quien dijo que su equipo intentó obligarla a salir de Japón después de una pelea durante los Juegos Olímpicos de Tokio, camina con su equipaje dentro de la embajada de Polonia en la capital japonesa
YUKI IWAMURA

WASHINGTON.- El domingo, la velocista bielorrusa Krystsina Tsimanouskaya se presentó en la Embajada de Polonia en Tokio y se convirtió en la más reciente atleta olímpica que se niega a volver a su país porque teme por su seguridad personal.

Los Juegos Olímpicos siempre han servido como plataforma para amplificar protestas, aislar a regímenes discriminatorios o escenificar las tensiones de la Guerra Fría. Y para algunos atletas y entrenadores, los Juegos también han sido la ruta de escape para desertar de sus países.

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“Los Juegos son una oportunidad muy atractiva para los que quieren escapar de situaciones difíciles que se viven en sus países de origen, y que suele tener que ver con la represión política”, dice Barbara Keys, historiadora de la Universidad de Durham.

La bielorrusa Krystsina Tsimanouskaya, en los 100 metros en los Juegos de Tokio, el 30 de julio de 2021. (AP Foto/Martin Meissner)
La bielorrusa Krystsina Tsimanouskaya, en los 100 metros en los Juegos de Tokio, el 30 de julio de 2021. (AP Foto/Martin Meissner)


La bielorrusa Krystsina Tsimanouskaya, en los 100 metros en los Juegos de Tokio, el 30 de julio de 2021. (AP Foto/Martin Meissner)

Tsimanouskaya dice que las autoridades olímpicas de Bielorrusia intentaron obligarla a subirse al avión de regreso, después de que ella criticara al Comité Olímpico de su país. El domingo a la noche, ya en el aeropuerto de Tokio, la atleta buscó la protección de las autoridades japonesas.

Polonia ya le otorgó una visa humanitaria de emergencia y Tsimanouskaya volará el miércoles a Varsovia, donde solicitará asilo, según Alexander Opeikin, director ejecutivo de la Fundación Solidaria del Deporte Bielorruso, una agrupación que se opone al régimen de ese país.

Estas son las deserciones más resonantes que se dieron en la historia de los Juegos Olímpicos.

Juegos Olímpicos de Londres 1948

Marie Provaznikova entrenó y llevó a la victoria al equipo femenino de gimnasia de Checoslovaquia en los Juegos de Londres 1948. Pero el brillo dorado de las medallas despertó poco orgullo nacional en la entrenadora de 58 y presidenta de la Federación Internacional de Gimnasia.

El 18 de agosto de 1948, Provaznikova anunció su intención de pedir asilo en Estados Unidos.

Un par de meses antes, ese mismo año, el Partido Comunista había tomado el control de Checoslovaquia con apoyo soviético. Poco antes de los Juegos de Londres, Provaznikova lideró una demostración de 28.000 gimnastas mujeres en Praga, en apoyo al expresidente Edvard Benes.

Marie Provaznikova, checa, 1948
John Rider-Rider/AP


Marie Provaznikova entrenó y llevó a la victoria al equipo femenino de gimnasia de Checoslovaquia en los Juegos de Londres 1948 (John Rider-Rider/AP/)

La Embajada de Checoslovaquia dijo que el gobierno liderado por los comunistas en Praga había aprobado la decisión de la entrenadora de permanecer en el extranjero, según publicó entonces The New York Times. Pero Provaznikova dijo que era “una refugiada política, y orgullosa de serlo”.

La entrenadora y dirigente deportiva se convirtió en la primera persona en desertar de su país durante los Juegos Olímpicos, al menos de la era moderna, y así nació esa tradición que después se hizo costumbre.

El domingo pasado, cuando Provaznikova dejó en claro su intención de pedir asilo, la República Checa se ofreció a recibirla.

Juegos Olímpicos de Melbourne 1956

Los Juegos Olímpicos de 1956 en Melbourne, Australia, se celebraron pocas semanas después de que los tanques y las tropas soviéticas aplastaran un levantamiento en Hungría. La represión dejó miles de muertos y heridos, y cientos de miles de personas huyeron del país.

Los integrantes del equipo olímpico de Hungría se enteraron por la prensa cuando ya estaban en Melbourne, según el diario New Republic, y muchos decidieron no volver a Hungría.

Las tensiones alcanzaron su punto máximo durante la semifinal de waterpolo entre Hungría y la Unión Soviética, que pasó a la historia como el Incidente del Baño Sangriento de Melbourne. En medio del partido, estallaron peleas entre los jugadores, y la estrella húngara del waterpolo, Ervin Zador, salió de la pileta con la cara chorreando sangre, tras ser golpeado por un jugador soviético.

La estrella húngara del waterpolo, Ervin Zador, tras las peleas en los Juegos de Melbourne, en 1956
Bettmann


La estrella húngara del waterpolo, Ervin Zador, tras las peleas en los Juegos de Melbourne, en 1956 (Bettmann/)

En los Juegos de ese año desertaron decenas de atletas húngaros, en su mayoría a Estados Unidos.

Algunos más tarde volvieron a su país, según Sports Illustrated, y hasta volvieron a calzarse el uniforme de Hungría en otras olimpíadas, pero la mayoría permaneció en Estados Unidos.

Zador terminó trabajado como guardavidas en Oakland, California, por 6 dólares la hora, y con los años puedo abrir un restaurante y manejar un hotel. A pesar de las dificultades para adaptarse a la vida en un país cuyo idioma al principio no hablaba, antes de su muerte, en 2012, Zador declaró que “ni una sola vez” había lamentado su decisión, según Sports Illustrated.

Múnich 1972 y Montreal 1976

La ola de deserciones de atletas de la Unión Soviética y sus Estados aliados continuó durante la década de 1970. Según Associated Press, más de 100 atletas habrían desertado durante los Juegos de Múnich de 1972, aunque de ellos se sabe muy poco y el número exacto sigue siendo objeto de debate.

“Las deserciones durante los Juegos Olímpicos de la época de la Guerra Fría fueron casi un evento olímpico no reconocido”, dice la historiadora Keys. Los funcionarios del bloque soviético solían enviar “chaperones” para evitar que sus atletas y entrenadores se rebelaran, así que las deserciones generalmente requerían una cuidadosa planificación.

En los Juegos Olímpicos de Montreal, en 1976, al menos cuatro rumanos y un ruso buscaron asilo en Canadá.

Al momento de su desaparición de la Villa Olímpica, el clavadista ruso Sergei Nemtsanov tenía apenas 17 años. Los funcionarios olímpicos soviéticos calificaron el hecho como “un secuestro” que formaba parte de una “campaña antisoviética” en Canadá, según la información de prensa de la época. La delegación rusa amenazó con retirarse y no participar de los dos últimos días de los Juegos, pero finalmente los deportistas decidieron quedarse y competir.

clavadista ruso Sergei Nemtsanov, 1976
Archivo


El clavadista ruso Sergei Nemtsanov, en 1976 (Archivo/)

A parecer, el principal problema del clavadista no era político, parecía que la política no era el factor principal: según los informes, desertó por amor a la hija de un millonario estadounidense que había conocido en una competencia de su disciplina que se había desarrollado en Florida el año anterior.

Canadá le torogó una visa especial que le permitió extender su estadía. Pero unas semanas después de su fuga de la Villa Olímpica, Nemtsanov decidió volver a su país.

Juegos Olímpicos de Pekín 2008

En marzo de 2008, durante la fase de clasificación para los Juegos Olímpicos de 2008, siete miembros de la selección cubana de fútbol sub-23 huyeron del hotel de Tampa donde estaban alojados, después de un empate 1-1 contra Estados Unidos. Según los informes de ESPN, días después, esa misma semana, el equipo cubano salió al campo de juego con solo 10 jugadores.

Los jugadores que desertaron salieron del hotel, compraron un teléfono celular prepago, contactaron a un abogado y festejaron con una comida cubana, informó el Miami Herald. “Estamos bien, tranquilos, esperanzados con nuestras nuevas vidas”, le dijo entonces el furbolista Yenier Bermúdez al Herald. “Obviamente estamos nerviosos porque somos jóvenes, acá no tenemos familia y todavía no conocemos la forma de vida de este país, pero esperamos que las comunidades cubana y estadounidense nos ayuden a empezar.”

Las deserciones de atletas cubanos, no solo durante los Juegos Olímpicos, han sido recurrentes desde la Revolución Cubana de 1959. Según la cadena Deutsche Welle, unos 90 jugadores de béisbol cubanos desertaron para unirse a los clubes de las Grandes Ligas de Estados Unidos.

Algunos de los futbolistas que desertaron en 2008 -ateniéndose a una política de Estados Unidos que permitía a los cubanos obtener asilo al pisar suelo estadounidense-, pasaron a jugar para varios equipos. El mediocampista Yordany Álvarez jugó para el Austin Aztex, el Orlando City y el Real Salt Lake, según puede leerse en su perfil en la Major League Soccer (MLS), la mayor liga de fútbol de los Estados Unidos.

Además, de los cinco campeones cubanos de box que dominaron la disciplina de boxeo en los Juegos de Atenas 2004, ninguno volvió a competir en los Juegos de 2008: tres desertaron y uno fue retirado del equipo tras intentar huir. El último se retiró.

Juegos Olímpicos de Londres 2012

En 2012, alrededor de una docena de atletas olímpicos africanos no regresaron a sus países de origen, y se sospecha que buscaron asilo en Gran Bretaña.

De los 37 atletas de la delegación de Camerún, siete desaparecieron, algunos en medio de la noche y de la mismísima Villa Olímpica: la arquera del equipo femenino de fútbol, un nadador y cinco boxeadores. Cuatro miembros de la delegación congoleña, incluido el director técnico de atletismo y un entrenador, tampoco regresaron a su país de origen después de la finalización de los Juegos. También varios corredores sudaneses acudieron a las comisarías de la policía británica para pedir asilo.

El portaestandarte de la bandera de Eritrea, el corredor de obstáculos Weynay Ghebresilasie, y otros tres integrantes del equipo eritreo también eligieron desertar, según informó VOA News en 2012. Según ese medio de noticias, el corredor explicó que las condiciones en su país estaban empeorando aceleradamente.

Aka Amuam Joseph, miembro de la Federación de Karate de Camerún, le dijo a CNN: “Allá en mi país no tienen el entrenamiento que corresponde, y ellos saben que si estuvieran bien entrenados podrían ganarle a cualquiera de cualquier país… Les duele estar acá y perder con personas a las que podrían ganarles si alguien se ocupara un poco de ellos.”

The Washington Post

Traducción de Jaime Arrambide

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