El penúltimo mordisco de Luis Suárez a LaLiga

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Atletico Madrid's Uruguayan forward Luis Suarez celebrates after scoring during the Spanish league football match Real Valladolid FC against Club Atletico de Madrid at the Jose Zorilla stadium in Valladolid on May 22, 2021. (Photo by CESAR MANSO / AFP) (Photo by CESAR MANSO/AFP via Getty Images)
CESAR MANSO / AFP) (Photo by CESAR MANSO/AFP via Getty Images.

“Cuando he visto lo lejos que estaba de la portería, ‘uffff’ […], pero en cuanto ha llegado al área lo tenía claro: esa Suárez la enchufa seguro”. Es el primer mensaje que leo en mi WhatsApp cuando decaen las pulsaciones y el frenesí del carrusel multicancha deja paso a ese ritual que empieza por desbloquear el móvil para lanzar ánimos y felicitaciones a partes iguales.

Volviendo a ese preciso instante, Estadio José Zorrilla, Valladolid, minuto 67:28 de la jornada 38 de Liga, en el que Luis Suárez se esconde entre los centrales, para él como agazaparse entre la maleza, caza el nada ortodoxo pase atrás de Sergi Guardiola e inicia una conducción hacia el título de Liga. Mi amigo el del WhatsApp, los colchoneros y, caprichos del destino, incluso los madridistas, se llevaron entonces las manos a la cabeza, igual que Marcos Llorente. Curioso, siendo el '14' la fábrica de goles del '9' durante todo el curso, que esta vez fuera él quien rezase para que el charrúa llegase al área de Masip cuanto antes.

Marcos Llorente se lleva las manos a la cabeza mientras Luis Suárez encara la portería de Jordi Masip.
Marcos Llorente se lleva las manos a la cabeza mientras Luis Suárez encara la portería de Jordi Masip.

Para entender cómo Luis 'el cocodrilo’ Suárez (bautismo original del siempre certero Alejandro Arroyo) le pegó su penúltimo bocado a LaLiga, hay que retrotraerse a la situación del propio delantero y del contexto que le acogió "con los brazos abiertos".

En la 2019/2020, el Atlético se desenganchó de la lucha por el título en diciembre. Era la jornada 16 y el binomio Barcelona-Real Madrid ya lideraba la tabla con mano de hierro, 34 puntos mediante. 8 por debajo, en la séptima posición y con un partido disputado más, los colchoneros asumían su realidad.

Pero el ‘Cholo’ no perdió la perspectiva. Sin ceder ni un centímetro de la posición de poder que ha conquistado a lo largo su estancia en el banquillo del Atlético, Simeone mantuvo el estatus jerárquico que él mismo ha conseguido que le corresponda al club por derecho propio mientras impulsaba una revolución silenciosa, ideológica, táctica y estratégica.

A caballo entre sus preceptos competitivos tradicionales, la interiorizada idea de la defensa como nexo de identidad, unión y solidaridad colectiva y la evolución consecuente con el salto técnico de las renovadas piezas en la plantilla, el Atlético empezó a transformarse. Primero a través de la figura de Koke Resurrección, que unos días abandonaba la banda para mezclarse por dentro, a ratos jugando como mediapunta y otros, directamente, gestionando los primeros pases.

Si el ‘Cholo’ quería llegar hasta João Félix, tendría que hacerlo mediante su jugador más capaz de relacionarse con el balón. El talento del ‘Menino de Ouro’ es superior, que no integrador. Es egoísta y anárquico. Si quieres disfrutarlo, tendrás que ganártelo. Llegar hasta él, cuidarlo, mimarlo y entregarle lo que pida.

Por eso, Koke fue el epicentro de un sistema posesional y dominante que encontró las siguientes fases de su evolución en la vuelta de Yannick Ferreira Carrasco de la ‘Habitación del tiempo’ (que por lo visto está en China) y de la explosión de Marcos Llorente, hasta Liverpool solo un portentoso suplente y un desorientado mediocentro, en uno de los mejores jugadores del mundo desde entonces.

Aunque João no ocupó el lugar que a día de hoy todavía le corresponde, Simeone aprovechó que el mundo se derrumbaba para dar forma a su enésima obra al frente del Atlético. Ganó tiempo para adelantarse a los obstáculos que se le planteasen por el camino y dar con las soluciones antes que con los problemas.

Y, entonces, apareció Suárez. Si funcionó en 2013 con David Villa, ¿qué podría salir mal ahora? El ecosistema táctico, técnico y físico era el caldo de cultivo para que el fútbol de ‘Lucho’, “menospreciado” y “sufrido”, echara de nuevo raíces. Los unos necesitaban los goles y el otro demostrar que podía seguir marcándolos. Porque, aunque la vida y el fútbol habían cambiado, Luis no. Seguía siendo el mismo que hace unos meses en sus vicios y virtudes, que dirían Kase y compañía.

Esto significa que, por encima de cualquier otra cosa, el uruguayo la mandaría a guardar a la mínima que tuviera ocasión. Simeone tenía una maquinaria perfectamente engrasada para funcionar por y para que 'el Pistolero' no tuviera ocupación alguna más que la de pensar, como tanta gente, en meterla.

VALLADOLID, SPAIN - MAY 22: Luis Suarez of Atletico Madrid celebrates 1-2 during the La Liga Santander  match between Real Valladolid v Atletico Madrid at the Estadio Nuevo Jose Zorrilla on May 22, 2021 in Valladolid Spain (Photo by David S. Bustamante/Soccrates/Getty Images)
David S. Bustamante/Soccrates/Getty Images.

Porque cada gol sería una palmadita en la espalda de sus compañeros. Simeone contaba con ello. Suárez es gol y el gol es gasolina para llegar un esfuerzo más lejos. Es energía y motivación. El gol es ilusión para que los que estaban lejos lo vivieran como si estuviesen cerca.

Y los goles de Suárez cayeron como golpes de manija en un reloj que solo hacía por ganar tiempo para que el sistema floreciera de manera orgánica: con tres centrales en una reconfigurada salida de balón que alimentara más y mejor a Koke, con nuevas sinergias brotando por cada zona del campo y con piezas, como Stefan Savić, Mario Hermoso, Thomas Lemar, Ángel Correa o Kieran Trippier, desarrollando todo su fútbol hasta entonces escondido en un entorno de confianza. De certezas. De confirmarle a todos aquellos que le rodeaban que si él mete goles es porque el equipo funciona. Ni más ni menos.

Suárez fue el mismo. Tampoco cambió en sus defectos y el Atlético lo pagó cuando el ‘Cholo’ volvió a recaer en el repliegue (en ocasiones de hasta 6 jugadores), como quien recae en un romance de primavera, y a exigirle a Luis funciones, por pequeñas que fueran, en tareas defensivas. El área es para su fútbol lo que el museo para un cuadro y su físico así se lo volvió a demostrar cuando intentó presionar, moverse al espacio, jugar alejado de la portería rival o participar en la gestación de las jugadas.

Pero Luis seguía siendo el de siempre. Un sacapuntos que se medía en cada carrera, calculaba cada esfuerzo y se alquiló un sitio en fuera de juego para ahorrarse metros y estar más cerca del centro. Incluso estático en muchos momentos, por su castigado cuerpo seguía hirviendo la sangre charrúa, seña de máxima competición y cabezonería intransigente.

En la temporada liguera en la que menos se ha movido, menos ha participado en el juego (29,1 toques por partido frente a los 33,6 del curso pasado, según SofaScore) o menos ha regateado (0,8 vs. 0,4 p.p.), sus goles han supuesto más puntos que los de ningún otro jugador. 21 tantos que significan 21 puntos (@OptaJose) y el 31,43% de la anotación del equipo campeón. Sin Suárez, los colchoneros pasarían de haber finalizado el curso en la cabeza de la tabla a haber terminado en quinta posición. A buen seguro, serían otro equipo. Y vete tú a saber qué club sería el Atlético sin el 'Cholo'... aunque esa es otra historia.

Así es Luis Suárez. Como pensaría mi amigo el del WhatsApp, un tipo al que se le hacen eternos 25 metros, pero que no falla cuando tiene que meter el gol que decide una Liga.

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