Azerbaiyán presume de las "ruinas" conquistadas cerca de Nagorno Karabaj

Dmitry ZAKS
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Después de semanas de combates en Nagorno Karabaj, Azerbaiyán se jacta de haber conquistado unos viñedos marchitos salpicados de chasis de tanques, plantando una bandera en una colina desierta, en medio de un paisaje de desolación.

Los enfrentamientos entre los separatistas armenios de Nagorno Karabaj, de confesión cristiana y apoyados por Ereván, y el ejército azerbaiyano para reconquistar este enclave montañoso del Cáucaso, que ambos bandos consideran como su territorio ancestral, se reanudaron a finales de septiembre.

Azerbaiyán reivindica desde hace días éxitos militares en el frente, y su presidente, Ilham Aliyev, recalca que "expulsará como a perros" a los armenios si "no se van por sí mismos" de Nagorno Karabaj.

Dos treguas humanitarias, la última el sábado pasado, saltaron por los aires inmediatamente, y los beligerantes se acusan mutuamente de haber iniciado los enfrentamientos, los peores registrados en la zona desde la guerra que causó 30.000 muertos en los años noventa.

En Twitter, el presidente Aliyev difundió una lista de los pueblos y aldeas que sus fuerzas aseguran haber conquistado. Una de esas localidades es Jabrayil, en el sur de la región. 

Sin embargo, el municipio había quedado completamente desierto tras haber caído en la "tierra de nadie" que separa a ambos bandos desde el alto el fuego de 1994. Hoy, ya no queda nada.

El valle al que da la colina donde ahora ondea la bandera azerbaiyana está cubierto de matorrales y de fragmentos de muro de ladrillo, aquí y allá, destruidos por los combates. 

La única estructura que queda en pie en Jabrayil es un viejo monumento soviético, levantado, irónicamente, en nombre de la "amistad y la paz entre los pueblos". Un soldado armado con una ametralladora trepa por él ante la mirada de los periodistas para enseñar una bandera azerbaiyana, durante una visita de la prensa vigilada por el ejército.

"Nuestro enemigo debe saber que los soldados azerbaiyanos combatirán hasta su última gota de sangre para defender su patria y sacrificarán su vida si hace falta", lanza el coronel Elshat Jabilvov, antes de pedirle a los reporteros que se vayan. 

"A medida que liberamos una a una nuestras tierras ocupadas, nos sube la moral y nos acercamos cada vez más a la gran victoria", agrega.

- "Integridad territorial" -

El orgullo del ejército azerbaiyano de mostrar la reconquista de esta colina deshabitada ilustra la voluntad de dejar atrás el trauma de la guerra de 1988-1994, que se saldó con la pérdida de Nagorno Karabaj y de los territorios aledaños, como Jabrayil y el distrito vecino de Fizuli, situado cerca de la frontera iraní.

Esas zonas suponen puntos de acceso hacia Nagorno Karabaj y su capital, Stepanakert, para las fuerzas armadas de Bakú. La estrategia de Azerbaiyán es capturar las zonas norte y sur y sus éxitos militares se sitúan, en su mayoría, en la frontera con el enclave separatista.

Con la intensificación de los combates en las últimas dos semanas, los disparos de artillería son incesantes en el norte de la zona de conflicto, por lo que los habitantes se ven obligados a refugiarse en los sótanos.

Los soldados azerbaiyanos, por su parte, se muestran con el puño en alto en señal de victoria y parecen relajados, fumando cigarrillos en la carretera secundaria que conduce a Jabrayil. En las montañas de los alrededores todavía se ven algunas piezas de artillería.

En la región, los campos, antaño repletos de abundantes viñedos, están ahora llenos de palos. Tan solo los montones de ladrillos que hay esparcidos recuerdan la forma que tenían las casas, hoy destruidas.

El coronel Jabilov apenas recuerda la última vez que alguien vivió en estos valles, o cuántas personas solían hacerlo.

"Recuperamos ruinas. Pero también recuperamos nuestra integridad territorial", insiste.

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