El Barça de Valverde es un cuento chino

Gerard Piqué disputa un balón con Wu Lei instantes antes del gol del futbolista asiático. (Foto Quality Sport Images/Getty Images)
Gerard Piqué disputa un balón con Wu Lei instantes antes del gol del futbolista asiático. (Foto Quality Sport Images/Getty Images)

El Barça de Ernesto Valverde volvió a firmar un partido soporífero ante el colista en el derbi más desigual de la Liga. Una prueba más en un carrusel de decepciones futbolísticas más allá del resultado que sirve para evidenciar el juego apático, ramplón y mediocre que lleva practicando el club azulgrana desde que la competición 2019/20 dio el tiro de salida en agosto. Este fin de semana, el público culé tuvo que volver a presenciar el descontrol y la continua improvisación con balón que demuestra el actual Barça.

¿Recuerdan cuándo el Barça de los centrocampistas quería el balón para protegerse y dañar al rival? Pues bien, ya no existe. Es una ilusión óptica, un trampantojo, un cuento chino, como el gol de Wu Lei para arrebatar dos puntos a los visitantes. El Barça sigue ansiando el balón para atacar, pero no sabe dotar a su circulación de la pelota de la profundidad ni la velocidad suficiente para hacer sostenibles sus construcciones y superar al rival. Su puesto en la clasificación no es acorde a lo visto hasta el momento.

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Toca, toca y toca, pero como ante el Espanyol, en lugar de encontrar la rendija entre el sistema defensivo rival, acaba rifando el balón por abusar de las cadenas de pases horizontales que no llevan a ninguna parte. Más allá de Frenkie de Jong, Leo Messi y Sergio Busquets, el resto del equipo aboga por una posesión del balón ultraconservadora que no consigue generar las ventajas suficientes para desestabilizar a rivales bien pertrechados.

De hecho, no deja de ser llamativo que el Barça de Piqué, Busquets, Messi, Arthur Melo -ahora lesionado-, De Jong, Antoine Griezmann, Luis Suárez y Leo Messi tenga más probabilidades de marcar la diferencia al contragolpe pese a no gozar de amenaza al espacio, que a través de la construcción reposada del juego donde el centro del campo es la pieza más preciada en la corona azulgrana. El Barça sufre con el descontrol, pero también comprende que es la vía más fácil para batir al guardameta contrario.

Así, el conjunto de Ernesto Valverde ha perdido sus principales señas de identidad, las mismas que le dieron una gran solidez en su primera temporada al mando de la nave del Camp Nou. En este sentido, ahora además de explotar más a Leo Messi por la falta de creatividad en el circuito de pases en la zona central y retrasar al argentino hacia posiciones de centrocampista, Valverde no está sabiendo dar con la tecla para sacudir una temporada que ya ha nacido renqueante.

Por ello, la expulsión de Frenkie de Jong por doble amarilla tras perder el balón en la presión alta del Espanyol no es una casualidad, sino la respuesta a los problemas colectivos azulgranas. La falta de mecanismos para solucionar unas carencias que hacen que futbolistas como el neerlandés deban correr hacia atrás por estar mal situados tácticamente sobre el terreno de juego es evidente.

La solución parece complicada, indescifrable y quizás hasta utópica para un entrenador que transmite el mismo estado de ánimo que su equipo. Uno que, por cierto, va segundo pese a estar practicando uno de los peores juegos en la última década, señal de que la materia prima sigue siendo de alta calidad y esto le permite pelear por la Liga, pero también de que falta una estructura capaz de unir a unas piezas únicas en el mercado para crear un equipo capaz de alzar la Champions League.

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