El Barça, el mayor beneficiado de los errores arbitrales que favorecen al Real Madrid

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Gerard Piqué, durante el partido ante el Sevilla. (Foto Fran Santiago/Getty Images)
Gerard Piqué, durante el partido ante el Sevilla. (Foto Fran Santiago/Getty Images)

La conspiración arbitral que sobrevuela la mente de una gran parte de los aficionados azulgranas tras las ambiguas palabras de Gerard Piqué al finalizar el Sevilla-Barça ha conseguido nublar el juicio futbolístico durante este fin de semana. El central azulgrana, experto en escaramuzas arbitrales y control del relato mediático, apostó por sembrar una duda en la psique de sus adeptos: el colectivo arbitral favorece intencionadamente al Real Madrid.

Tan solo dos días después, el conjunto de Zinedine Zidane venció a la Real Sociedad con tres jugadas fronterizas cargadas de polémica. La mecha y la dinamita se dieron cita sobre el tapete. Por supuesto, la bomba de humo del central ha funcionado: ya no se habla del juego. Como en tantas otras ocasiones, el pan y circo han sepultado la realidad. La artimaña utilizada por el azulgrana para volcar las críticas hacia el archienemigo y la confabulación judeo-masónico-comunista-internacional arbitral va viento en popa. No me extraña. Siempre es más fácil alimentar la maquinación que realizar un ejercicio severo de autocrítica.

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Hagan la prueba. ¿Cuántos artículos se pueden leer ahora mismo sobre el decepcionante rendimiento del Barça en las últimas jornadas y cuántos sobre la polémica arbitral? Ahora, cojan y comparen. No hay color. Piqué es experto en estratagemas. La argucia del defensa ha servido para tapar el pésimo rendimiento que ha venido demostrando el cuadro azulgrana en cada uno de sus partidos exigentes a domicilio. Ni rastro de las cero victorias que ha logrado el Barça de Quique Setién en San Mamés, Mestalla, San Paolo, Santiago Bernabéu o en el Ramón Sánchez-Pizjuán. Nada. Todo ha sido un ilusionismo inaprensible. Fantasías muy nuestras. La inventiva funcionando a mil revoluciones.

En esta línea, también será difícil encontrar hoy piezas periodísticas tratando la desconexión entre un fichaje de 120M€ como Antoine Griezmann y el resto del equipo. El francés llegó al Barça para marcar la diferencia y formar un tridente temible junto a Leo Messi y Luis Suárez, pero de momento lo único que está haciendo es desmarcarse sin que ninguno de sus compañeros le habilite. Nada. Tampoco. Pueden probar con más ejemplos. Es más sencillo alargar la magufada en detrimento del análisis futbolístico.

Sin palabras de la dependencia imperante que tiene el club hacia Leo Messi. Ni de la pésima planificación deportiva que obliga al argentino a tener que multiplicarse como en épocas anteriores para cumplir diversas funciones a sus 32 años. Extremo, interior, mediapunta y delantero. La carencia de energía y desequilibrio está sobrecargando al argentino, pero de eso ya hablaremos otro día. Como del juego, porque eso puede esperar ante la conjura contra el Barça.

Hoy el reto es una perogrullada. Habrá que bucear para tratar de encontrar un mínimo análisis futbolístico entre tanto residuo tóxico arbitral que apela directamente al componente humano más primitivo. O estás conmigo o estás contra mí. Porque cuando se habla de Barça y Real Madrid el discurso se emponzoña hasta niveles galopantes. Una polarización constante y sin igual.

Y qué leches es más satisfactorio justificar que has perdido una liga de 38 jornadas a consecuencia de los errores arbitrales que por un rendimiento sostenido insuficiente para alzar el título. Aunque calles cuando te beneficien a ti. Es preferible quedarse con una teoría rebosante de intriga donde el Real Madrid vence gracias al colectivo de colegiados que aceptar que el mayor porcentaje de culpa en la derrota te pertenece a ti y no a tu enemigo.

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