Hay que querer mucho al Barça para ser Messi y no abandonar un barco que se hunde

Albert Ortega
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Leo Messi during the match between FC Barcelona and Club Atletico Osasuna, corresponding to the week 37 of the Liga Santander, played at the Camp Nou Stadium on 16th July 2020, in Barcelona, Spain.   -- (Photo by Urbanandsport/NurPhoto via Getty Images)
Leo Messi se dispone a lanzar un córner. (Foto Urbanandsport/NurPhoto via Getty Images)

La tristeza y el hastió que emanaron de las ácidas palabras de Leo Messi tras la derrota ante Osasuna hurgaron profundamente en la consciencia del aficionado azulgrana. Un puñetazo en el mentón en forma de realidad. Herido, enfadado y disparando fuego amigo. Sin hacer prisioneros en un gallinero. El capitán argentino habla poco, pero cuando lo hace, los cimientos del Camp Nou acostumbran a temblar. Con una renovación sin firmar de por medio, un proyecto agotado que se desmenuza a pedazos y un futuro tan incierto que va distorsionándose varias veces por semana, hay que fisgar en el corazón de Messi para encontrar motivos que le empujen a permanecer en el Barça.

El desplome azulgrana definitivo se ha producido en el césped, pero ha sido provocado desde el palco pasando por los despachos hasta desembocar en los banquillos. Ernesto Valverde empezó la temporada cuando su proyecto estaba decrépito, Setién, con suerte, la acabará a trompicones si no salta por la borda y ahora estudian poner García Pimienta del Barça B para afrontar la Champions League. A las puertas de unas nuevas elecciones, el tiempo avanza sin detenerse mientras la figura del entrenador como chivo expiatorio por parte del presidente azulgrana, Josep Maria Bartomeu, cae por su propio peso.

La cadena siempre se rompe por el eslabón más débil, pero el Barça tiene un problema de club, no de técnico. Es imposible entender lo que viene sucediendo sobre el terreno de juego si no se atiende antes a una junta directiva que se ha encargado de hacer infeliz a Leo Messi. No deja de ser curioso que se retrate al argentino como una especie de pequeño dictador que dirige las idas y venidas deportivas del Barça cuando lleva toda una temporada manteniendo una guerra abierta con la dirección deportiva dirigida por Eric Abidal y el presidente. Tras las últimas palabras destinadas a Setién y quienes lo trajeron, no cabe duda de que no es así.

Sin embargo, de nada sirve cambiar de técnico si no se produce una reestructuración profunda de una plantilla envejecida: Leo Messi (33 años), Gerard Piqué (33 años), Luis Suárez (33 años), Arturo Vidal (33 años), Ivan Rakitic (32 años), Sergio Busquets (32 años) y Jordi Alba (31 años) a la que ahora se les unirá Miralem Pjanic (30 años). La pregunta no reside en si es necesario agitar el cóctel de futbolistas, sino en quién tendrá la autoridad y el poder suficiente para llevar a cabo el cambio de rumbo. Todo indica que Quique Setién no tendrá ni la oportunidad de demostrar una valentía inédita hasta el momento.

En este sentido, la planificación deportiva de la plantilla desde la salida de Neymar hacia el PSG ha hecho más traumática la marcha de uno de los mejores jugadores del mundo al que, tres cursos después, han sido incapaces de suplir. El dinero desperdiciado a cascoporro en fichajes como Philippe Coutinho, Ousmane Dembélé o Antoine Griezmann no ha servido para atajar las carencias estructurales de un equipo. Al contrario, han agravado la dependencia absoluta de Leo Messi. Probablemente, por eso el mismo ‘10’ haya insistido tanto en su vuelta.

El día que Leo Messi se marche, no habrá palabras de consuelo para entender cómo una junta directiva elegida por los mismos socios azulgranas desperdició tan cruelmente los últimos años de la carrera del astro argentino. El rosarino se ha cansado de observar la lenta autodestrucción del Barça. Una inmolación deportiva y social llevada a cabo por un club que cita más a Johan Cruyff y La Masía como lemas publicitarios que como pilares de la entidad. El Barça busca recordar de dónde viene y cómo lo hizo, pero es incapaz de volverlo a repetir con otros nombres, fórmulas y matices. Mientras, Messi se desespera con un proyecto que no está a la altura de su figura. El ‘10’ debe querer mucho al Barça para no salir escopeteado por la puerta.

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