El Barcelona se convierte en Argentina

La presencia de Messi es el único argumento de un equipo que ya no intimida ni a un Slavia que defendió en mediocampo y se marcha con un 0 a 0.
La presencia de Messi es el único argumento de un equipo que ya no intimida ni a un Slavia que defendió en mediocampo y se marcha con un 0 a 0.


EDITORIAL

Da muestras de aburrirse el Barcelona y a pesar de que el partido frente al Slavia de Praga no fue tan soporífero en cuanto al juego ni tan lamentable en cuanto a resultado con respecto a lo visto a domicilio del Levante el pasado fin de semana lo cierto es que el equipo es incapaz de transmitir sensación positiva alguna. Ni siquiera la ausencia de Luis Suárez por lesión y la posibilidad de agitar el sistema sin el uruguayo permitió ver una versión más alegre de un Barcelona cansado de si mismo y que fue incapaz de hacer recular lo más mínimo la adelantadísima defensa dispuesta por Jindrich Trpisovsky, que acabó el partido en la misma zona en la que lo empezó: la línea de centro del campo.

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El Barcelona se limitó a poner balones largos durante el primer tramo del partido y a cruzar los dedos para que Leo Messi transformase alguno de los balones que le cayeron. Sin referente en el delantero centro, el rosarino volvió a ser protagonista pero más allá de inventarse las mejores y más claras ocasiones de su equipo, volvió a marcharse sin ver puerta en Europa como local y alarga una sequía que supera ya los seis meses a pesar de que en el primer tiempo fue el autor de cuatro de los seis remates del Barcelona. El juego del equipo sigue siendo triste, incapaz de conectar a Messi en las zonas donde es imparable. Y en este contexto es imposible transmitir alegría alguna.

Aun así el Barcelona -o Messi, mejor dicho- logró trenar algunas ocasiones de peligro aprovechando la defensa adelantada del Slavia pero, como sucedió en Praga, no fue suficiente para intimidar al cuadro checo, más valiente incluso que cuando hace dos semanas encerró a los catalanes en su área para verles acabar pidiendo la hora. Porque el Barcelona no carbura y Ernesto Valverde tampoco aporta mayores soluciones. Su equipo no ha logrado dominar todavía dos partidos seguidos, sufre como nunca para llegar a la puerta contraria y vive solo del índice de acierto de unos jugadores que necesitan medio balón para marcar un gol.

Nadie ha hecho más remates al arco que Messi en esta edición de la Champions League pero el rosarino apenas ha marcado un solo gol. Por primera vez desde 2015 se queda sin ver puerta en dos partidos seguidos, lo cual da buena medida de cómo al equipo le ha venido de milímetros no perder en Dortmund y dejarse puntos en Praga y en casa ante el Inter. Son ya demasiados avisos. El Barcelona, lejos de evolucionar, decrece en cada partido que pasa. Los rivales lo saben y empiezan a perderle todo el respeto como demostró un valiente Slavia que si no logró más en el Camp Nou, fue por el buen hacer de Marc-André Ter Stegen. Este Barcelona ya no mete miedo más que a sus propios aficionados. Igual que la selección argentina.

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