Radiografía azulgrana: lo mejor y lo peor del Barça en la vuelta del fútbol

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Quique Setién de vuelta al trabajo. Foto: Miguel Ruiz/FC Barcelona/Handout via REUTERS.
Quique Setién de vuelta al trabajo. Foto: Miguel Ruiz/FC Barcelona/Handout via REUTERS.

Querido aficionado al fútbol, felicidades. Has llegado hasta aquí. Lo has conseguido. La larga travesía por el desierto está tocando a su fin. La luz de la Liga se atisba al final del túnel. De hecho, es un fogonazo cegador que nos va a alumbrar durante varias semanas de sobredosis futbolera y deportiva en general, empalmando Liga con Champions, NBA, Fórmula 1, Tenis y Liga otra vez. No solo nos van a devolver lo que nos han quitado sino que nos lo van a compensar con doble ración semanal. En clave azulgrana, esto es lo mejor y lo peor de tan esperado regreso:

LO MEJOR:

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Messi. Como diría un entrenador que quiso pararle a base de patadas y al que el argentino le hizo uno de los mejores goles de su carrera: no hace falta decir nada más. Volver a ver a Leo en un campo de fútbol no es solo lo mejor para el culé, sino probablemente para cualquier aficionado al fútbol -o al arte- que tenga ojos en la cara…

Quique Setién. Antes de que vayan ustedes a buscar cualquier arma arrojadiza para lanzarnos, permítanme la siguiente reflexión: de todos los protagonistas -no lesionados- del año blaugrana, el que más se va a ver beneficiado por este parón debería ser su entrenador. Aterrizó de sopetón, cambió las vacas de su pueblo por los mejores jugadores del mundo, vio cómo su ayudante protagonizó polémicas y tuvo algunos partidos interesantes al principio y otros directamente infumables al final. Si de alguien esperamos mucho, es de él. Ha tenido todo el tiempo del mundo para reunirse -telemáticamente- con su equipo, trabajar estrategias y proponer soluciones. No solo nos referimos a nivel táctico sino también a nivel comunicativo: le ha dado tiempo a ver de qué pie cojea cada uno en el vestuario y cuál es el mejor approach posible. No hay excusas a partir de ahora.

Suárez. El otro gran beneficiado. Cada año es un año mayor y ya se le está buscando sustituto pero ni sus detractores más acérrimos pueden negar que, si está en forma, sigue siendo uno de los mejores delanteros del mundo y el mejor complemento para Leo, dentro y fuera del terreno de juego. Su paso por el quirófano a media temporada, sumado al anterior - que le impidió disputar la final de la Copa del Rey- nos llevan a la siguiente conclusión: Luis está en deuda con la afición del Barça y sus compañeros. Tendrá que saldarla en el campo.

Dembélé. Enésima oportunidad para resarcirse de un contratiempo médico y demostrar la enorme calidad que tiene. Los miembros fundadores del movimiento dembeliever tenemos confianza en que pueda reaparecer, aunque sea en agosto en la Champions. El problema es que los impulsores de su inminente puesta en el mercado, también.

Aparcamos el mercado. Uno no es tan ingenuo como para pensar que vamos a dejar de hablar de Lautaro o de Neymar pero se agradece que se pueda reducir la frecuencia de dichas portadas debido al frenético ritmo de competición que nos va a traer dos partidos por semana. Echaremos de menos los artículos que sitúan a Trincao como el nuevo Pelé pero tendremos que superarlo.

Aparcamos la carrera electoral. Víctor Font, Joan Laporta, Lluís Fernández Alà o Toni Freixa, con el que comparto tertulias radiofónicas nocturnas. Todos ellos han tenido su momento de gloria -merecida por la ineptitud en la gestión de la directiva actual- durante este confinamiento.  Hasta ha habido un cameo de Sandro Rosell, rememorando viejos tiempos con Joan. No podemos decir que no haya sido interesante pero nos vendrá bien pulsar el botón de pausa y volver a centrarnos en el juego. Si Bartomeu nos deja, claro.

LO PEOR:

Ni público ni periodistas. La radio seguirá haciendo magia -como ha hecho todos estos días sin fútbol- pero ya nada será lo mismo. Los fotógrafos podrán hacer su trabajo pero el aspecto desangelado de las gradas y el sonido del silencio en la inmensidad del majestuoso Camp Nou no nos lo va a quitar nadie. Eso sí, preferimos escuchar el impacto del balón en el poste o los gritos furtivos desde el banquillo que el abominable y amorfo engendro del sonido de ambiente precocinado que nos va a ofrecer la televisión.

Riesgo de lesiones.  Pese a la norma de los cinco cambios -o precisamente debido a ella, como advierten algunos expertos- el estado físico de algunos futbolistas corre peligro y no nos referimos al coronavirus. Los tests y el protocolo médico previsto nos tranquilizan. Las posibles consecuencias de frenar en seco la competición y volver un par de meses después, no tanto. Cuídenme a Ousmane.

No hay respiro. Sé que a ustedes les da igual porque ya tienen suficiente con lo suyo pero ni futbolistas ni árbitros ni personal de mantenimiento ni periodistas deportivos van a tener nada que se parezca a unas vacaciones. Se nos va a sobreponer esta temporada con la siguiente, con todo lo bueno y lo malo que ello conlleva.

Bartomeu la va a líar. No nos engañemos. Vuelve la competición, vuelven las declaraciones, las stories en Instagram, la presencia de Abidal… El riesgo se multiplica. Se paga muy poco en las casas de apuestas que algún lío culé más vamos a presenciar. Esto es 2020. Cualquier otra cosa sería una sorpresa.

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