El Barcelona ahora mismo no tiene entrenador

Luis Tejo
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Ronald Koeman observa un partido del Barcelona delante del banquillo.
Ronald Koeman, entrenador del Barcelona... o no. Foto: Adrià Puig/Anadolu Agency via Getty Images.

La situación institucional del Fútbol Club Barcelona es tan convulsa que, como dice el refrán, si el presidente Josep Maria Bartomeu montara un circo, los enanos saldrían campeones de la NBA. Prácticamente cada día surge un frente nuevo en los despachos del Camp Nou. Y se trata a menudo de problemas graves y serios, pero hay ocasiones en las que más bien parece un esperpento digno de carcajada.

Observen al señor que sale en la fotografía que encabeza este artículo. Nos referimos al que más destaca, el rubio de la camisa blanca que permanece de pie. Ningún lector avispado habrá tenido problemas para reconocerle: se trata de Ronald Koeman, de nacionalidad neerlandesa, uno de los mejores defensas centrales del último cuarto del siglo XX, vieja gloria de los azulgranas y, desde este mismo verano, entrenador de la primera plantilla culé.

Sin embargo, una de las cosas listadas en esa enumeración de cualidades es falsa. Y no es que haya cambiado de nacionalidad o de nombre, o que algún revisionista le haya borrado de los libros de historia. Resulta que, para sorpresa general, Koeman ahora mismo no es el técnico del equipo. Al menos desde el punto de vista legal.

La “culpa”, entre todas las comillas que se quieran poner, es del anterior inquilino del banquillo: Quique Setién. El cántabro sigue figurando como entrenador oficial, tal como se puede comprobar en la web de LaLiga. Y así continuará mientras no se resuelva el conflicto burocrático derivado de su salida.

Setién fue destituido tras la humillante eliminación del que todavía es su equipo en cuartos de final de la pasada Champions League por paliza contra el Bayern de Múnich. Sin embargo, no se terminó de cerrar su finiquito. Y las posturas están bastante enfrentadas en este sentido, por lo que no se espera una solución sencilla. El entrenador pretende que el club le pague el año de contrato que le quedaba cuando le echaron, mientras que la directiva entiende que no procede porque no cumplió con las expectativas de rendimiento.

Sea como sea, Setién sigue estando en nómina del Barcelona ahora mismo. Precisamente, sus abogados ya mandaron a finales de agosto un burofax (la palabra de moda) al club para indicar que no habían recibido constancia oficial del despido. Hasta que no se resuelva este tema, no se le podrá dar de baja como empleado del club. Y por tanto, la Federación no podrá dar de alta a Koeman en el mismo puesto, ni permitir a Quique fichar por otro club.

Esto quiere decir que el holandés, ahora mismo, a 17 de septiembre por la mañana, no puede ejercer como entrenador del Barça en partido oficial. No hay problema alguno para que lo haga en amistosos, como el que enfrentó ayer a su equipo (estrenando una indumentaria rosa y verde cuanto menos peculiar) contra el Girona y que se saldó con una victoria por 3-1 sin mayores dificultades, o como el trofeo Joan Gamper que jugará pasado mañana sin público contra el Elche. Pero en torneos nacionales o internacionales la normativa lo impide.

En definitiva, el equipo ahora mismo carece de entrenador. O mejor dicho, tiene dos, pero ninguno de ellos ejerce como tal. El antiguo porque le han echado y no le quieren ni ver, y el nuevo porque, aunque sí que está cumpliendo las funciones del cargo, no está autorizado.

Al igual que el Atlético y el Sevilla, al Barça se le han aplazado los partidos de las dos primeras jornadas de liga debido, precisamente, a que su participación en competiciones europeas le obligó a estar compitiendo en agosto, terminando la temporada pasada más tarde de lo previsto (el Real Madrid, como cayó en octavos de la Liga de Campeones, solo tiene una jornada extra de descanso). Esto quiere decir que este fin de semana todavía no le toca jugar en Primera División.

Así las cosas, hay de margen para resolver este problema hasta el fin de semana del 27 de septiembre, en fecha exacta todavía por determinar; una semana y media en el mejor de los casos. ¿Suficiente para completar todos los trámites? Debería serlo, pero con la casa de los líos en que se ha convertido el Barcelona, nadie se atreve a afirmarlo con rotundidad.

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