Biden resucita el Supermartes y se avista un choque de trenes ante Sanders en la contienda presidencial demócrata

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Un cataclismo político tuvo lugar en el reciente Supermartes, las elecciones primarias demócratas del pasado martes 3 de marzo. El exvicepresidente Joe Biden se alzó de sus cenizas, un proceso que había comenzado el sábado anterior en Carolina del Sur, y obtuvo victorias en 9 estados, incluida alguna que fue considerada un tanto sorpresiva como fue Texas.

Biden fue el más votado en Alabama, Arkansas, Carolina del Norte, Massachusetts, Minnesota, Oklahoma, Tennessee, Texas y Virginia.

La elección primaria demócrata se ha decantado ya entre dos opciones: el demócrata socialista Bernie Sanders y el centrista Joe Biden. Ambos afirman que son la mejor opción para derrotar a Donald Trump. (AP)
La elección primaria demócrata se ha decantado ya entre dos opciones: el demócrata socialista Bernie Sanders y el centrista Joe Biden. Ambos afirman que son la mejor opción para derrotar a Donald Trump. (AP)
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Además, su empuje motivó una fuerte decantación en la contienda: la víspera del Supermartes, los aspirantes presidenciales Pete Buttigieg y Amy Klobuchar suspendieron sus campañas y dieron su aval a Biden. Y tras las victorias del exvicepresidente este martes, que lo colocaron de nuevo con un rumbo visible a la candidatura presidencial luego de semanas en que pareció no tener futuro, el magnate y exalcade de Nueva York Mike Bloomberg decidió también suspender su campaña, en la que invirtió cientos de millones de dólares de su propio bolsillo pero de la que obtuvo un resultado electoral pobre, y optó por apoyar a Biden.

Así, la contienda primaria demócrata se ha reducido en la práctica a dos aspirantes, cada uno líder de un ala del Partido Demócrata: el centrista Biden y el demócrata socialista Bernie Sanders. Elizabeth Warren, candidata progresista, técnicamente aún sigue en la competencia, aunque se ha mencionado que estudia suspender su campaña y, en todo caso, sus resultados en el Supermartes fueron tan magros que sus posibilidades lucen ya minúsculas.

Si Warren decide suspender su campaña la decisión sobre a quién avalar, o la de no avalar por ahora a nadie, podría tener un efecto relevante en el proceso de decantación electoral.

Sanders tuvo también una noche de éxitos, con victorias en tres estados (Colorado, Utah y Vermont) y una ventaja preliminar sustantiva en el más importante de ellos en cuanto a cantidad de delegados: California. Esperaba ganar, al menos, también en Texas, donde tenía una ventaja en encuestas previas pero en todo caso se hizo, con primeros y segundos lugares (al igual que Biden), de una importante cantidad de delegados. El resultado en Maine permanece también pendiente, con ligera ventaja para Biden.

Joe Biden resurgió el pasado Supermartes electoral y es ya puntero en la contienda primaria demócrata, aunque aún no tiene asegurada la candidatura presidencial. (AP)
Joe Biden resurgió el pasado Supermartes electoral y es ya puntero en la contienda primaria demócrata, aunque aún no tiene asegurada la candidatura presidencial. (AP)

Pero aunque la primaria demócrata sigue abierta entre ellos, Biden se ha colocado nuevamente como puntero, si bien nada está decidido y es crecientemente probable que ninguno llegue a la Convención Demócrata con una mayoría de delegados electos (1,991) para ganar la nominación en la primera votación, lo que abre la puerta a una pugna por atraer los delegados de otros aspirantes en votaciones siguientes.

El hecho de que a partir de la segunda votación (si nadie tiene mayoría en la primera) entran en acción los llamados superdelegados, líderes y altos funcionarios del partido que, previsiblemente, tenderían a apoyar mayoritariamente a Biden,  le da una ventaja potencial al exvicepresidente.

Pero aún es pronto para todo ello y, en realidad, en las próximas semanas se darán nuevas elecciones primarias en estados de gran peso –por ejemplo, Florida, Illinois, Michigan y Ohio, por solo mencionar algunos– y podría llevar hasta mayo o principios de junio, dada la competitividad de ambas candidaturas, para trazar un panorama preciso de cara a la Convención.

La contienda personal e ideológica

Sea como sea, es claro que dos grandes procesos quedaron evidentes en el pasado Supermartes.

Uno, que la competencia entre el ala izquierda y el ala moderada del Partido Demócrata es hoy frontal y será trepidante. Hasta hace poco, los aspirantes de centro competían y se atacaban entre sí para atraer votos, y en ese sentido ha sido solo recientemente que sus baterías se enfocaron hacia Sanders.

La propia candidatura de Bloomberg se originó en la noción de que la debilidad de Biden y la insuficiencia de los otros candidatos de centro podría conceder la nominación a Sanders, lo que el establishment demócrata ve como de alto riesgo en la contienda contra Donald Trump y punzante en el sentido ideológico. La irrupción de Bloomberg y sus muchos millones ciertamente sacudió la contienda y le atrajo importantes cantidades de votos.

Pero al final Bloomberg, luego del auge de Biden, habría acabado siendo un factor de debilidad del centro demócrata, lo contrario a lo que buscaba, y por ello su declinación a favor del exvicepresidente. Esto clarifica el panorama, retira un factor punzante (la idea de un supermillonario “comprando” la candidatura) y podrá permitir que, como sucedió en 2018, los enormes recursos de Bloomberg fluyan en apoyo de otros candidatos, tanto para vencer a Trump como a favor de aspirantes al Congreso para inclinarlo hacia los demócratas.

Bernie Sanders tiene una larga trayectoria de lucha y firmeza ideológica y un movimento de masas dinámico y sin igual, por lo que su aspiración a la candidatura presidencial continúa con opciones. (AP)
Bernie Sanders tiene una larga trayectoria de lucha y firmeza ideológica y un movimento de masas dinámico y sin igual, por lo que su aspiración a la candidatura presidencial continúa con opciones. (AP)

De este modo, el centro moderado ha gravitado hacia Biden y beneficiado con ello su candidatura, algo evidente en el pasado Supermartes. Ciertamente, si no hubiese habido un grupo de aspirantes demócratas tan numeroso, con la mayoría de ellos en torno al centro, posiblemente Biden no se habría visto en los apuros recientes.

Y Bloomberg, aunque no logró éxito en su aspiración personal, al final habría obtenido en Biden lo que buscaba, al menos de modo tardío y aún provisional: una fuerte candidatura de centro capaz de ganar la nominación demócrata y derrotar a Trump en noviembre.

Ello bajo la premisa de que solo atrayendo a todos los demócratas, más los moderados, independientes e incluso republicanos desafectos de Trump podrá evitarse la reelección del presidente y que en ello el más apto para concitar esa aglutinación es un centrista, en este caso Biden, y no un demócrata socialista como Sanders, quien ciertamente genera inquietud en las élites políticas y económicas.

Sanders, con todo, aún tiene poderosas posibilidades, y sería un error suponer que Biden tiene ya libre el panorama. En realidad, aunque algunos analistas ponen las posibilidades de Sanders un tanto en segundo plano luego del auge de Biden (en un escenario en cierto modo similar aunque no idéntico a la contienda de 2016 entre Sanders y Hillary Clinton), Sanders presumiblemente seguirá toda la ruta hasta la Convención en su afán de ganar la nominación presidencial gracias a un movimiento de base de dinamismo enorme y sin rival en el Partido Demócrata, una maquinaria de recaudación de donaciones de pequeños donantes también formidable y una visión de transformación amplia que atrae a la gran mayoría de los jóvenes demócratas y plantea las propuestas de cambio más profundas.

¿Quién puede contra Trump?

¿Quién entonces está más capacitado para vencer a Trump? Según los promedios de encuestas nacionales como los de RealClearPolitics, tanto Biden como Sanders vencerían a Trump, si bien eso presupone que cualquiera de los dos tendría, de ser candidato, el apoyo cabal de todo el aparato y las bases demócratas, lo que no es necesariamente automático. Y dado que la elección de 2020 se decidirá en un puñado de estados indecisos, el personaje que cuente con más arrastre en ellos sumará puntos a su elegibilidad.

¿Perdería Biden el empuje progresista o enfrentará Sanders el rechazo del aparato si uno u otro resulta el candidato y con ello ambos acabarían menguados ante Trump? ¿O realmente el afán de evitar la reelección presidencial mantendrá unido al Partido Demócrata y le atraerá apoyos adicionales sea quien sea el candidato? Son incógnitas de peso que aún no tienen una solución definitiva, si bien la unidad ante Trump, incluso por encima de diferencias ideológicas, parecería un imperativo demócrata de primera magnitud.

Sacar a Donald Trump de la Casa Blanca es el objetivo principal de los demócratas, aunque si es con un candidato moderado o una progresista, uno que mantenga el status quo sin los excesos de Trump o alguien que emprenda una transformación mayor, es la dinámica que cala en el proceso primario del Partido Demócrata. (Getty Images)
Sacar a Donald Trump de la Casa Blanca es el objetivo principal de los demócratas, aunque si es con un candidato moderado o una progresista, uno que mantenga el status quo sin los excesos de Trump o alguien que emprenda una transformación mayor, es la dinámica que cala en el proceso primario del Partido Demócrata. (Getty Images)

En contrapartida, el auge reciente de Biden podría catalizar aún más a los votantes que prefieren una opción de intenso progresismo y ven en Biden más de lo mismo. Ello, aunque aún es especulativo, podría reportarle dividendos a Sanders en próximas primarias y obstaculizar el alza de Biden.

Todo ello en el contexto de la otra gran noción de elegibilidad ante Trump: Sanders ha planteado que solo un muy amplio movimiento popular, que provoque una oleada de votantes de proporciones mayúsculas e históricas impulsadas por un afán de transformación se podrá lograr una victoria electoral contra Trump en la que participen ciertamente los demócratas y los independientes pero también un enorme caudal de nuevos votantes, sobre todo los jóvenes. En ese sentido, el status quo de Biden, aunque exento de las perturbadoras distorsiones de Trump resultaría insuficiente para generar esa oleada cívica.

El movimiento y los votantes de Sanders son en ese sentido cruciales e indispensables para vencer a Trump, lo serán si el senador logra la candidatura pero también si Biden resulta el candidato. Por ello, si bien la contienda primaria demócrata será punzante en los próximos meses, también será clave mantener los puentes entre las dos alas partidarias. Una eventual división por enconos o desencuentros si es uno u otro el candidato demócrata sería, al final, beneficioso solo para Trump.

Sacar a Trump de la Casa Blanca es el objetivo principal de los demócratas, aunque si es con un candidato moderado o una progresista, uno que mantenga el status quo sin los excesos de Trump o alguien que emprenda una transformación mayor, es la dinámica que cala en el proceso primario del Partido Demócrata.

Diversidad pendiente

El segundo elemento clave es que, al margen de la dicotomía ideológica entre Biden y Sanders, la primaria demócrata ha acabado decantándose en dos personajes septuagenarios de raza blanca, que buscan enfrentar en noviembre a otro septuagenario de raza blanca, Trump.

Eso plantea importantes preguntas sobre la carencia o incapacidad de los demócratas de generar liderazgos diversos a escala presidencial, pues al final ninguna de las candidaturas encabezadas por mujeres, afroamericanos, hispanos, jóvenes, homosexuales o personas al margen de la política formal (que tuvieron en su momento aspirantes en la contienda) prosperó, lo que en cierto modo va a contracorriente de la diversidad misma de los demócratas y del perfil que su partido ha asumido y busca potenciar para atraerse a la mayor cantidad de votantes de cara a la elección de noviembre.

Elizabeth Warren y Julián Castro son dos ejemplos de la diversidad que hubo en la contienda primaria demócrata, ahora acotada a dos septuagenarios de raza blanca, Biden y Sanders. Pero ellos, y otros exaspirantes, podrían alzarse como opción a la candidatura vicepresidencial demócrata. (AP)
Elizabeth Warren y Julián Castro son dos ejemplos de la diversidad que hubo en la contienda primaria demócrata, ahora acotada a dos septuagenarios de raza blanca, Biden y Sanders. Pero ellos, y otros exaspirantes, podrían alzarse como opción a la candidatura vicepresidencial demócrata. (AP)

Ante ello, hay quien señala que la selección de la mancuerna vicepresidencial de modo que aporte diversidad demográfica e ideológica será clave para paliar esa situación, y para añadir un ariete contra Trump, con el elemento adicional de peso de que, de ganar la presidencia, Sanders llegaría a la Casa Blanca a los 79 años y Biden a los 78. El factor edad es inevitable y por ello el talante del eventual vicepresidente será muy relevante en caso de victoria en noviembre.

Pero lo es ya hoy, cuando aún quedan docenas de primarias por realizarse. Y por ello podría darse el caso de que Biden o Sanders opten por no esperar a su eventual triunfo en la Convención y seleccionen una opción vicepresidencial anticipadamente, para reforzar su oferta ante los votantes y con ello lograr arrebatarle apoyos al rival en las próximas primarias o, en su caso, en las negociaciones durante una posible Convención abierta. Ello implicaría que Biden elija una personalidad de progresismo claro y que Sanders optase por alguien de perfil más centrista.

Warren, Buttigieg, Julián Castro, Kamala Harris o Cory Booker son ejemplos de la diversidad que hubo en la contienda primaria demócrata, ahora acotada a Biden y Sanders. Pero alguno podría alzarse, como opción de balance y pluralidad, a la candidatura vicepresidencial demócrata.

¿Harían ellos ese gesto en aras de ampliar su alcance pero también para tender puentes de unidad interna? ¿Lo harán durante las primarias o en la Convención?

Todo ello es aún especulación, pero lo cierto es que las primarias de los próximos dos martes, 10 y 17 de marzo, clarificarán un poco más el panorama y darán un grave peso a las preguntas abiertas sobre la unidad y los desencuentros, las prioridades y las diversidades de los demócratas en su afán de lograr el objetivo mayor de derrotar a Trump.

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