La liga de fútbol que desdeña al coronavirus y atrae el interés de medio mundo

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Un aficionado bielorruso con mascarilla en la grada durante el FC Minsk - Dinamo. Foto: Sergei Gapon/AFP via Getty Images.
Un aficionado bielorruso con mascarilla en la grada durante el FC Minsk - Dinamo. Foto: Sergei Gapon/AFP via Getty Images.

Estamos en el año 2020. Toda Europa está ocupada por el coronavirus. ¿Toda? ¡No! Una república poblada por irreductibles eslavos resiste, todavía y mientras las autoridades sanitarias lo permitan, al invasor. Y la vida no es fácil para las legiones de aficionados al fútbol de los países de alrededor...

Porque Bielorrusia se ha convertido, por pura cabezonería, temeridad o como lo quieran llamar, en el último reducto del balompié en el Viejo Continente. Todas las demás naciones han parado sus campeonatos nacionales, y por supuesto la UEFA también ha echado el freno a las competiciones transfronterizas. Es lo que parece la reacción más lógica, habida cuenta que la epidemia ya se ha llevado por delante a miles de ciudadanos en todas partes y la única forma de detener su altísima tasa de contagio es la cuarentena absoluta y la prohibición de aglomeraciones multitudinarias.

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Sin embargo, el estado también conocido como Belarús, que dirige desde 1994 el presidente Aleksandr Lukashenko con mano de hierro y respeto muy dudoso por los derechos humanos, mantiene en marcha su Vysheyshaya Liga, “Liga Premier” en la traducción oficial. Este mismo fin de semana se ha disputado la segunda jornada de la recientemente inaugurada edición de 2020. Debido a las bajas temperaturas de su invierno, que en la capital Minsk de diciembre a febrero tiene medias de cuatro grados bajo cero y mínimas que pueden llegar a los -30, allí no se juega de verano a verano, sino durante los años naturales.

Dieciséis equipos compiten en la máxima categoría nacional. El Dínamo de Brest (sí, el mismo equipo donde Maradona estuvo maradoneando hace un par de años) intentará repetir el título logrado el año pasado, aunque el gran favorito sigue siendo el BATE Borísov, campeón trece años consecutivos entre 2006 y 2018. No obstante, el gran partido del fin de semana ha sido el derbi de la ciudad principal del país, entre el FC Minsk y el Dínamo, que los primeros ganaron por 3-2.

El hecho de que el campeonato bielorruso sea el único que se mantiene activo ha generado un interés inusitado para una liga más bien modesta, que ocupa el puesto 25º en la clasificación por coeficientes de la UEFA y que solo manda tres equipos (uno a Champions y dos a Europa League) a las rondas previas de las copas internacionales. Normalmente casi nadie le presta mayor atención, pero, según cuenta la BBC, se han firmado acuerdos para retransmitir los partidos en la televisión de diez países extranjeros, incluyendo mercados tan importantes como Rusia, Israel o la India.

También se ha multiplicado su popularidad en la vecina Ucrania, que ya emitía la Liga Premier desde el año pasado porque hay muchos jugadores de su país jugando allí (no tienen ni un español, y de Latinoamérica apenas un puñado de brasileños), pero que hasta ahora no le había dado mayor relevancia. Viktor Samoilenko, responsable del canal Sport-1 que tiene los derechos, deja claro el cambio de mentalidad: “No esperábamos que tuvieran una liga decente. No lo sabíamos porque hasta ahora no se veían los partidos”.

De momento no hay cifras concretas del beneficio económico que pueden recibir los clubes locales. “Es una situación sin precedentes”, indica Aleksandr Aleinik, portavoz de la federación nacional. Lo que se espera es que la visibilidad inesperada de la liga sirva para mejorar el nivel del juego y para abrir puertas a los futbolistas del país en el fútbol internacional. Muy pocos futbolisas bielorrusos han hecho carrera fuera; quizás el que más renombre alcanzó fue Aliaksandr Hleb, quien militó hace algo más de una década en el Arsenal y el Barcelona.

Unas con mascarilla, otros sin camiseta: ultras bielorrusos del FC Minsk animando a su equipo durante el derbi contra el Dinamo. Foto: Sergei Gapon/AFP via Getty Images.
Unas con mascarilla, otros sin camiseta: ultras bielorrusos del FC Minsk animando a su equipo durante el derbi contra el Dinamo. Foto: Sergei Gapon/AFP via Getty Images.

Lo que más sorprende a los espectadores de otras latitudes, dadas las circunstancias, es ver gente animando en las tribunas. Porque no solo no se ha parado la liga, sino que tampoco se ha impuesto restricción alguna a que el público acuda a las gradas. De hecho, la web oficial del torneo indica que 1750 espectadores medio llenaron las 3000 localidades disponibles en el estadio del FC Minsk. En otros países, o en el resto de Europa durante un tiempo, si se optaba por seguir jugando se hacía (no sin polémica) a puerta cerrada. Aquí no hace falta, porque Lukashenko ha dicho que esto del coronavirus apenas es un resfriado venido a más.

Según el mandatario, no hay que dejarse llevar por el pánico: el clima gélido del país, alguna sauna de vez en cuando, un poco de vodka (“el alcohol no sirve solo para lavarse las manos, 100 mililitros al día está bien, pero no en horario laboral”) y el esfuerzo y el sudor son suficientes para evitar riesgos. Fueron muy comentadas sus palabras “un tractor curará el coronavirus”, haciendo alusión al trabajo duro en las granjas que no solo salvará la economía bielorrusa, sino que, cree el dirigente, es la mejor medicina.

Aparentemente funciona, porque los datos oficiales reflejan una incidencia bajísima del coronavirus en Bielorrusia: apenas un centenar de infectados y ningún fallecido para una población de casi diez millones de habitantes. ¿Es creíble? La oposición al régimen dice que no, porque ni los datos se actualizan diariamente ni hay información precisa sobre la ubicación de los focos de contagio. Lo aseguran desde el exilio, claro; de puertas para adentro nadie se atreve a hacer crítica alguna en el único país de Europa donde sigue vigente la pena de muerte y que, según todos los organismos internacionales, aunque tiene parlamento y se convocan elecciones cada cierto tiempo, en la práctica funciona como una dictadura.

De momento, nadie en Bielorrusia se plantea parar. La tercera jornada debe arrancar el viernes 3 de abril, a las cinco de la tarde hora local (una menos en la España peninsular, dos en Canarias) con el partido entre los dos últimos clasificados: el Belshina de Bobruisk y el Gorodeya. Ese mismo día habrá otro encuentro (Dínamo de Minsk contra Torpedo-BelAZ de Zhodino) y los seis restantes se repartirán entre el sábado y el domingo. Lamentablemente, tendremos que conformarnos con los resúmenes en YouTube, porque ningún operador español ha comprado los derechos de retransmisión... todavía. “Esperemos que alguien lo haga”, anhela Hleb.

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