Un remate de cabeza termina con su carrera en el fútbol con solo 19 años

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Bobby Copping jugando para el Peterborough. Foto: Joe Dent / The Posh Official.
Bobby Copping jugando para el Peterborough. Foto: Joe Dent / The Posh Official.

Un tópico tan desafortunado como repetido en nuestra sociedad es que el trabajo de un futbolista es fácil. Estamos tentados a pensar así cuando vemos los salarios que reciben, aunque nos olvidamos de que las millonadas que acaparan titulares en la prensa se refieren solo a las superestrellas y que los de categorías inferiores ganan una fracción mínima. Y tampoco nos solemos acordar de la exigencia física tremenda que tienen. Porque sí, es cierto que no echan ocho horas como cualquier oficinista, pero las dos o tres de entrenamientos diarios y los 90 minutos de partido obligan a su cuerpo a rendir al máximo, a niveles a los que alguien que no sea deportista profesional ni sueña con acercarse.

Y eso se paga. Debido a los encontronazos constantes con otros jugadores, los futbolistas son muy propensos a sufrir lesiones en todas partes de su cuerpo, a cuál más dolorosa. A menudo se resuelven con varias semanas de baja, si acaso meses, pero en ocasiones los daños producidos son tan graves que obligan a la víctima a terminar su carrera profesional antes de tiempo. Lo habitual, dadas las características del juego del balompié, es que estas dolencias tan traumáticas se produzcan en las piernas, sobre todo en tobillos y rodillas. Hay casos más raros en los que son otros trastornos los que impiden a un profesional seguir jugando.

Pero pocas veces habíamos visto una lesión tan extraña como la que ha obligado a retirarse a Bobby Copping. Y además a una edad tempranísima, con apenas 19 años. El que era defensa del Peterborough United, club de la League One (el tercer escalón del fútbol inglés), ha tenido que colgar las botas debido a los daños cerebrales que se produjo durante un entrenamiento... simplemente al rematar de cabeza un balón.

Tal cual suena: no es que sufriera un encontronazo aparatoso contra un compañero ni que tropezara, cayera al suelo y se golpeara en mal sitio. Tan solo fue a cabecear la pelota, como tantas y tantas veces había hecho desde que se empezara a tomar el fútbol un poco más en serio y entrara en la cantera del Norwich a los ocho años. Es un gesto que no suele tener consecuencia alguna, y de hecho Bobby jamás había tenido ningún percance, pero en aquella ocasión, por circunstancias que los neurólogos aún no tienen muy claras, el impacto le causó un daño cerebral grave.

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Los hechos ocurrieron durante una práctica de pretemporada en el mes de julio de 2020. En el momento se hizo tanto daño que tuvo que pasar cuatro días en el hospital, sufriendo síntomas como pérdida de memoria y de visión. Al cabo de un tiempo parecía que se iba recuperando, y el entrenador pudo convocarle para estar en el banquillo en un partido de copa contra el Cambridge United en noviembre. Sin embargo, solo una semana después las mismos molestias se reprodujeron.

"En los últimos meses he hecho todo lo que he podido para recuperarme. Hablé con un especialista que me sugirió probar con una medicación para evitar que la lesión volviera a ocurrir. Desafortunadamente, no funcionó, así que esto me dejaba pocas opciones. Tuve conversaciones con el club y con el especialista y entre todos llegamos a la conclusión de que, por el bien de mi salud a largo plazo y para prevenir daños mayores, retirarme por completo del fútbol era la decisión obvia. Sobre todo teniendo en cuenta que todavía tengo dificultades en mi vida diaria debido a la lesión", indica Copping en un comunicado que comparte la web oficial de su equipo.

"Aún noto problemas de memoria, lo que, siendo un chico joven, es muy preocupante, aunque espero que mejorará con el tiempo. No puedo ir de pasajero en un coche porque sufro mareos tremendos. Y en general, a menudo siento dolores de cabeza muy fuertes que solo se me pasan echándome a dormir", dijo a la BBC. El fármaco con el que probaron para aliviar su malestar es tan potente que le anestesia casi por completo; "literalmente no me deja moverme", asegura. Y otro producto disponible para el mismo tratamiento se descartó porque tiene riesgos potenciales de causar efectos secundarios nocivos a la larga.

Bobby todavía está tratando de asimilar que, casi sin haber salido de la adolescencia, su trayectoria como futbolista se ha venido abajo por algo tan anodino como un cabezazo al balón. "Me asusta lo rápido que pueden cambiar las cosas, porque estaba jugando muy bien, haciendo todo lo posible para llegar al máximo nivel, y de repente todo se viene abajo", indica. "La decisión [de retirarse] ha sido descorazonadora no solo por mí, sino por mi familia que ha hecho tantos sacrificios para que yo pudiera progresar".

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Al menos, el Peterborough ha tenido el detalle de no dejar tirado a Copping. Le han dado un empleo para ocuparse de tareas administrativas en los equipos de categorías inferiores del club. El directivo Kieran Scarff lo explicó: "Su salud a largo plazo es la prioridad y, aunque su decisión [de retirarse] fue muy difícil de tomar, es la correcta. Le apoyaremos todo lo que podamos. Es un joven educado y respetuoso que ha trabajado muy duro, así que estamos muy contentos de que haya aceptado la oferta de seguir en el club en otra posición y estamos convencidos de que dará el 100 %, igual que lo hacía en el césped".

El suceso de Bobby, aunque es extremadamente raro y desafortunado, sirve para reabrir un debate recurrente del que se ha hablado mucho en el fútbol inglés: la conveniencia de limitar los golpes en la cabeza que reciben los futbolistas, especialmente cuando aún están en fase de formación, por el riesgo de que la repetición de impactos cause daños permanentes a cerebros aún en crecimiento. Se ha vinculado la práctica del fútbol con una mayor frecuencia de casos de demencia, y cada vez se ven más ejemplos de antiguos jugadores que padecen esta enfermedad: en la misma Inglaterra se han conocido los de Bobby Charlton y el recientemente fallecido Nobby Stiles, ambos integrantes del Manchester United en los años '60 del siglo pasado.

Por eso, cada vez más voces, incluyendo personajes influyentes como Alex Ferguson, piden adoptar medidas preventivas en el fútbol base. Se ha planteado, por ejemplo, prohibir, o al menos reducir al máximo, los cabezazos en niños menores de 12 años, algo que muchos creen necesario por razones sanitarias pero otros ven como una forma de desnaturalizar el juego. Con respecto a la situación concreta de Copping, no hay forma de saber si habría servido para evitar que ahora se viera así, puesto que se desconoce aún si fue aquel remate puntual el que lo causó todo o si el daño ya venía de atrás y esta fue la gota que colmó el vaso.

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