Borna Coric acelera el proceso de asimilación de la ATP a la WTA

MASON, OHIO - AUGUST 21: Borna Coric of Croatiacelebrates his win over Stefanos Tsitsipas of Greece during the men's final of the Western & Southern Open at Lindner Family Tennis Center on August 21, 2022 in Mason, Ohio. (Photo by Matthew Stockman/Getty Images)
Borna Coric celebra su triunfo ante Stefanos Tsitsipas en la final de Cincinnati(Photo by Matthew Stockman/Getty Images)

Desde hace años venimos criticando la apreciable falta de jerarquía en el circuito WTA. Desde que la edad acabó con el dominio de Serena Williams, no encontrábamos sucesora digna de ese nombre. Naomi Osaka lo intentó, pero se vino abajo mentalmente en Roland Garros 2021 y no ha vuelto. Ashleigh Barty se acercó durante un año y pico, pero acabó tan agotada psicológicamente que ha acabado retirándose del tenis a los 25 años. Queda ahora la incógnita de hasta donde puede llegar Iga Swiatek. Lo que hemos visto de ella esta primavera es de otro nivel, pero de Wimbledon aquí el bajón es evidente.

Frente a esa constante incertidumbre de la WTA, probablemente exagerada, que provocaba que casi cualquiera pudiera ganar cualquier torneo, se oponía la granítica jerarquía de la ATP, con su "Big 4", luego "Big 3" y finalmente "Big 2" imponiéndose grande tras grande. Un dominio, también hay que decirlo, probablemente exagerado y en ocasiones demasiado previsible. Nadal y Djokovic siguen siendo inalcanzables en los grand slams -han ganado quince de los últimos diecisiete- pero es inquietante el abismo al que nos enfrentamos en los torneos en los que no juegan el español ni el serbio o presentan una versión menor.

Lo que estamos viendo no es un relevo, sino un sálvese quien pueda. Uno podría pensar que era el momento para que los Medvedev, Tsitsipas y compañía dieran un paso adelante y dominaran el circuito, pero no está siendo el caso. A eso sumémosle la lesión de Zverev y el bajón evidente de Carlos Alcaraz. ¿Qué queda? Un circuito donde de repente Nick Kyrgios te hace final en Wimbledon, Carreño te gana Montreal y Borna Coric, perdido más allá del número 150 del mundo, gana Cincinnati con una solvencia inesperada.

En sí, cada uno de estos hechos, no tiene nada de escandaloso: Kyrgios llevaba años siendo un talento sin explotar, Carreño es un medallista olímpico y dos veces semifinalista del US Open... y Coric está en ese puesto por las lesiones, no por su juego. Ahora bien, cuando todo se da a la vez, te preocupas. No estamos acostumbrados a ver cabezas de serie caer como moscas en primeras rondas y jugadores desaparecidos tener una semana de gloria, normalmente con poca continuidad.

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Por ejemplo, Kyrgios ganó Washington después de su exhibición en Londres... pero en Canadá y Cincinnati jugó a un nivel bajísimo. Carreño ganó Montreal, pero en Ohio solo aguantó un partido. ¿Qué podemos esperar ahora del croata? ¿Coric es un campeón o un accidente? Esta pregunta, que nos la veníamos haciendo sistemáticamente en la WTA con las Raducanu, Krejcikova, Kenin y compañía, nos la vamos a hacer dentro de nada en el circuito masculino como no surja de verdad un grupo de jugadores destacados que lleven su rivalidad a lo más alto y aúnen capacidad con regularidad.

No es casualidad que el número uno del mundo, Daniil Medvedev, tenga menos puntos que nadie desde que se cambió el formato en 2009 o que hasta cuatro jugadores puedan salir de Nueva York encabezando el ranking -serían cinco sin la lesión de Zverev-. Tampoco es casualidad el hecho de que Novak Djokovic, que no ha jugado el Open de Australia, ni ha podido pisar Norteamérica -es decir, se ha perdido Indian Wells, Miami, Montreal y Cincinnati- aún sería número uno del mundo si le hubieran contado los puntos de su victoria en Wimbledon.

El nivel, admitámoslo, es bajo. No se ha igualado por arriba, sino por abajo. Volvamos al talentoso Coric: hace un mes y pico estaba perdiendo en primera ronda de un challenger. Su aventura en Canadá duró exactamente cinco juegos, los que consiguió ganarle a Marin Cilic también en primera ronda. No es normal que alguien que llega así a todo un Masters 1000 se imponga con tanta facilidad y sin excusas en el cuadro: cinco de sus seis rivales estaban entre los quince cabezas de serie... y el otro fue Lorenzo Musetti, un jugador excepcional.

Lo que nos queda por dilucidar ahora es si es que el nuevo Coric es mucho mejor que sus versiones anteriores o si es que esos cabezas de serie no están al nivel, que es lo que pasa en la WTA cuando en octavos de final vemos todo el cuadro limpio con dos o tres excepciones. Veremos si Kyrgios, Carreño, Coric y compañía hacen un US Open de escándalo o si pierden a las primeras de cambio. Veremos si el número uno ejerce como tal y si la gran promesa posadolescente coge el toro por los cuernos. Falta hace, desde luego. Algo parecido a un escalafón. Sin excesos, pero sin disparates.

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