La cabeza de Simeone

Ruben Uria Blog
Ruben Uria Blog

No conviene perderse en discursos melifluos. Al hueso: si alguien no confía en Simeone, si hay quien duda de que es el mejor entrenador posible para este club, enhorabuena, es un momento ideal para echarle del banquillo.Si por el contrario, hay quien sigue manteniendo intacta la confianza en el líder que cambió la historia contemporánea del Atleti, es el momento ideal para dejar claro que a este equipo hay que quererle cuando menos se lo merezca, porque igual es cuando más lo necesita. Si no crees en el Cholo, adelante y a despedirle. Si crees que su tiempo ya pasó, fuera. Ahora bien, si el riego sanguíneo del cerebro llega para comprender que Simeone es el mismo entrenador que lleva ocho años haciendo el milagro de los panes y los peces, quizá tengas memoria para recordar que el propio Cholo, con sus múltiples errores, lleva meses alertando de que esta temporada será complicada. Aquí no ha cambiado el entrenador, sino los jugadores. En el caso de quien esto escribe, el asunto está claro. Con Simeone hasta el final. El día que le echen, los que ahora le maldicen y culpan de haber matado a JFK, bailarán sobre su tumba. Pero hasta ese día que esperan como agua de mayo, los atléticos deberían interiorizar que la fuerza de las convicciones se demuestra en los malos momentos. Este lo es. Y por eso, hay que definirse, colocarse en un lugar de la trinchera y posicionarse: con Simeone o contra él. Hagan examen de conciencia, tomen nota y decidan. Y háganlo ya, que el Atleti lo necesita.

Dicen que quien condena la historia está condenado a repetirla. De primer tiempo infame en primer tiempo infame, sepultada la cultura del partido a partido para caer en brazos de la mentalidad del nuevo rico, el Atleti volvió a chocar contra su realidad en Leverkusen. El equipo tiene dos problemas: uno futbolístico y otro social. El relacionado con la pelota es profundo: defiende peor, ataca peor, decide casi siempre mal, es irregular y está falto de esa confianza y determinación que siempre afloraba cualquier equipo de Simeone. No hay jugadores que estén a su nivel, tampoco otros que estén derribando la puerta de la titularidad y por supuesto, el grupo está tardando en asimilar que el Atleti no puede esperar a nadie. Hay que defender de verdad, hay que presionar de verdad, hay que contragolpear de verdad y hay que recuperar el formato de aquel equipo que planteaba los partidos como una batalla y que moría en cada balón dividido. Sin eso, el Atleti no es nada. Y eso no es una cuestión de entrenador, sino de conciencia. Es fácil parapetarse detrás del míster cuando las cosas no salen y bastante más complicado dar la cara cuando las críticas arrecian. Y ahí es donde los jugadores tienen que demostrar que pueden. No con palabras, sino con hechos. Menos hablar y más correr. Las fechas pasan, las hojas del calendario avanzan y el grupo, como ya les ha hecho ver su entrenador en privado y en público, se está quedando sin tiempo: o se curan como equipo, o morirán como individuos.

Luego está el gran problema, el social. Simeone se desnudó: “Buscamos encontrarnos, el primer responsable del primer tiempo soy yo porque no hay una motivación para que el equipo responda, hay algo que tendré que mejorar”. Sencillo, autocrítico, humilde y contundente. Reconoció problemas profundos para un equipo que antes de su llegada tenía la exigencia por el suelo y ahora, después de ocho años bajo su mando, la tiene por las nubes. Como hablarle de exigencia a Simeone es como hablarle de fogones a Chicote, huelga señalar que el argentino volvió a ejercer de escudo humano de la plantilla. No es la primera vez y no será la última. Nadie mejor que él sabe que ahora caen chuzos de punta y son merecidos. Y nadie mejor que él lo sabe porque lleva todo el curso avisando, sin éxito, a unos aficionados que suelen hacer más caso al relato de los trompeteros habituales que a la realidad. Simeone advirtió del embuste de “la mejor plantilla de la historia”, pero nadie quiso escuchar. Alertó de que se habían ido piezas clave en el equipo, pero más de uno se vio en Neptuno en primavera. Explicó que los que han llegado son muy jóvenes y aún no están para sostener el nivel de un equipo de elite, pero para una inmensa mayoría de aficionados, resulta más cómodo exigir que comprender. Su mensaje para los suyos fue nítido: “Que no les confundan”. Pues siguen confundidos. Al Atleti le están cayendo palos para hacer un fuerte. Y casi todos merecidos. El entrenador ya ha hablado. Ahora lo tiene que hacer el grupo. Y debe hacerlo, alto y claro, donde debe. En el campo, demostrando que tiene personalidad para revertir la situación. A los que piden la cabeza de Simeone, suerte. Y a los que aún creen en él, es el momento de doblar la apuesta. Todo al Cholo. El Atleti tiene que unirse, recuperar el partido a partido, hablar menos y correr más. "Y el que no crea, que no venga".

Rubén Uría

Desplázate para ir al contenido
Anuncio

Otras historias