Las cámaras de seguridad no evitan la violencia policial ni las muertes como la de George Floyd

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El mundo está lleno de cámaras. Esas cámaras pueden grabar cualquier delito. Y esa grabación puede llevar a la cárcel a su autor. Sin embargo, que el mundo esté lleno de cámaras no evita muertes como la de George Floyd. Por lo que queda claro que la tecnología no es suficiente.

El asesinato de George Floyd por agentes de la policía de Minneapolis fue capturado en video, no una sino media docena de veces. Un oficial de policía comprimió con su rodilla el cuello y la columna vertebral de un hombre durante minutos después de haber perdido el conocimiento hasta matarlo.

Las cámaras de seguridad no evitan la violencia policial ni las muertes como la de George Floyd REUTERS/Eric Miller
Las cámaras de seguridad no evitan la violencia policial ni las muertes como la de George Floyd REUTERS/Eric Miller
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Tenemos imágenes de cámaras de seguridad que nos muestran el antes, el momento y el después de lo ocurrido. En ellas se ve a tres oficiales arrestando y sometiendo a la víctima.

Cuando se juzgue al oficial Derek Chauvin, que patrullaba a pesar de las 17 denuncias civiles en su contra y la participación previa en dos tiroteos de sospechosos, su defensa dependerá del video de las cámaras del cuerpo que él y otros oficiales estaban usando.

Ninguno de estos videos salvó la vida de George Floyd, y es posible que ninguno de ellos condenará a su asesino. En el mismísimo vídeo que se ha hecho viral, se puede apreciar como el oficial Chauvin se muestra impasible, aunque sabe que lo están grabando a pocos metros. Sabe que no va a ser condenado porque seguramente, en su fuero interno, está aplicando una maniobra permitida ante una persona que ha opuesto algo de resistencia a su detención. En otras palabras, se sabía impune.

La muerte de George Floyd, como la de otras muchas personas afrodescendeintes que han sido grabadas en vídeo, demuestra que el poder político de la tecnología no existe. Da igual que haya decenas de cámaras por las ciudades, si los criminales se saben impunes, les da lo mismo que graban sus fechorías.

Y esd aquí dónde las cámaras pierden toda su fuerza. Nuestro acto de disciplinarnos como si siempre estuviéramos bajo observación, más que la amenaza del castigo corporal, es el mecanismo principal de la "tecnología política" y el poder en la sociedad moderna.

La esperanza de la vigilancia proviene de la misma lógica. Si los oficiales de policía saben que están siendo observados tanto por sus cámaras corporales como por civiles con teléfonos celulares, se disciplinarán y se abstendrán de participar en actos de violencia innecesarios.

Es una buena teoría, pero en la práctica, no ha funcionado. Un gran estudio realizado en 2017 por la oficina del alcalde de Washington DC asignó a más de un millar de policías en el Distrito para usar cámaras corporales y más de mil para ir sin cámaras. Los investigadores esperaban encontrar evidencia de que el uso de cámaras se correlacionaba con una mejor vigilancia, menos uso de la fuerza y menos quejas civiles. No encontraron ninguno: la diferencia de comportamiento entre los oficiales que sabían, que estaban siendo vigilados y los oficiales que sabían que no eran estadísticamente insignificantes, tal y como recuerda el MIT.

¿Eso significa que deberíamos dejar de grabar a la Policía o que deberíamos desactivar las cámaras de seguridad? Desde luego que no: solo que es necesario un cambio sistémico en las leyes y en las organizaciones para que los agentes de la ley se sientan observados y no actúen con impunidad. Eso es lo que están pidiendo millones de personas en todo el mundo.

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