Cambio de hora: por qué pasar al horario de verano puede perjudicar a tu cuerpo

Mónica De Haro
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Este cambio de hora puede suponer para nuestro organismo un ligero desajuste entre nuestro ritmo biológico interno y la distinta exposición a la luz natural, y es posible que provoque algunas molestias como cansacio o migrañas, además de alteraciones del estado de ánimo, más aún estando en plena crisis del coronavirus. (Foto: Getty)
Este cambio de hora puede suponer para nuestro organismo un ligero desajuste entre nuestro ritmo biológico interno y la distinta exposición a la luz natural, y es posible que provoque algunas molestias como cansacio o migrañas, además de alteraciones del estado de ánimo, más aún estando en plena crisis del coronavirus. (Foto: Getty)

En la madrugada del sábado volveremos al horario de verano. Aunque a unos nos afecte más que a otros, hemos asumido esta práctica bianual como algo normal. Y aunque se dijo que en 2021 se produciría, probablemente, el último cambio, la pandemia de covid-19 ha alterado todas las agendas. Por lo que es posible que tengamos que esperar algo más.

Este cambio de hora está regulado legalmente en España desde 2002 y es de obligado cumplimiento para todos los países de la UE. En nuestro país, el cambio al horario de verano provoca que, durante los meses estivales, tengamos más horas de luz, con un pico de 15 horas el 21 de junio: el solsticio de verano.

Esta es una de las razones por las que el horario de verano es el favorito de los españoles (según la OCU, más del 70 por ciento quería suprimir el cambio de hora y opta por quedarnos en el horario de verano). Sin embargo, en España, los expertos recomiendan el horario de invierno.

El principal argumento para instaurar la alternancia horaria fue el económico, se pretendía ahorrar energía durante las horas de más luz. Sin embargo, "en la economía no se nota, pero en los cuerpos sí", asegura José Luis Casero, presidente de la Comisión Nacional para la Racionalización de los Horarios Españoles (ARHOE).

Por eso la mayoría de los expertos (sanitarios, profesores, cronobiólogos) consideran que el horario adecuado es el UTC+1 (Universal Time Coordinated, por sus siglas en ingles), el mal llamado 'horario de invierno', porque es el más acorde con factores como salud, descanso, productividad y rendimiento (laboral y escolar), mientras que otros no están de acuerdo en que el horario de verano desaparezca y mantienen que no podemos tener un horario fijo todo el año porque el sol cambia muchísimo de una zona a otra.

A mí no me gusta hablar de horario de verano y horario de invierno porque, para empezar, no son términos exactos. El primero lo adoptamos en marzo, que no es precisamente verano, y el segundo en octubre, que no es invierno. Además, estos nombres tienen muchas connotaciones, el verano nos recuerda a las vacaciones, el sol… intuitivamente nos gusta mucho más”, señala Casero en la revista Muy Interesante.

“Si cogemos un mapa de luz y oscuridad a lo largo del año en nuestro país lo vemos claro: en caso de quedarnos con el UTC+2 (horario de verano) habría en torno a cuatro meses (de noviembre a febrero) en los que en algunas zonas del país amanecería entre las 9 o incluso las 10 de la mañana. A nivel fisiológico sabemos que el cuerpo humano necesita al menos una hora de luz para empezar a ser productivo, así que estamos hablando de miles de trabajadores y de alumnos que se irán de noche a la oficina o al colegio y que aún no habrán, en cierto modo, despertado”, añade.

A efectos prácticos, cambiar de manera brusca la rutina de sueño y actividades a los que nuestro cuerpo está habituado. Con este cambio madrugaremos una hora más y nos iremos a dormir sesenta minutos antes. Pero aunque el despertador nos indique que nos estamos despertando a la misma hora de todos los días, nuestro cuerpo “sabrá” que está madrugando una hora más.

El efecto más inmediato del cambio de hora es una alteración en la secreción de melatonina, una hormona que actúa regulando los estados de vigilia y sueño en función de la luz solar: a más luz se produce menos melatonina, por lo que la función de inducir el sueño que tiene esta hormona se produce de forma más tardía, explican en la web de la farmacéutica Cinfa.

A ello hay que añadir que el horario de trabajo sigue siendo el mismo, por lo que en realidad, desde la perspectiva del reloj biológico, nos levantamos una hora antes de lo habitual, rompiendo la rutina del sueño, de modo que no se descanse lo necesario.

Esta desadaptación puede provocar, aunque de manera más suave y mitigada, síntomas similares a los que provoca el jet lag:

  • Fatiga y cansancio general.

  • Somnolencia durante el día.

  • Dificultad para conciliar el sueño por la noche.

  • Irritabilidad, falta de concentración y disminución del rendimiento físico e intelectual.

También podemos sentir hambre a horas intempestivas o, todo lo contrario, falta de apetito o sensación de plenitud tras la comida. Seguro que tu ánimo lo nota y que estás más irritable los primeros días, pues a nadie le gusta ver que ‘pierde’ una hora de su día, que tiene que encender las luces de casa antes o que cuando salga del gimnasio o la oficina ya será de noche.

A quienes más afecta el cambio horario es a los niños y las personas mayores, ya que tienen una mayor sensibilidad ante estos cambios hormonales. Pero las personas con algunas patologías (por ejemplo, epilepsia, migraña o deterioro cognitivo) y los bebés lactantes pueden notar con más intensidad los anteriores efectos. En cualquier caso, nuestro cuerpo tiende a recuperarse con rapidez: nuestros ritmos circadianos necesitan unos tres días para estar regulados de nuevo.

Más infartos y accidentes de tráfico

Por otro lado, en relación al cambio horario y sus efectos en el organismo humano, hay algunas cuestiones que aún se están estudiando, dado que no se ha podido establecer una relación causa-efecto.

Por ejemplo, una revisión de estudios publicada por la revista médica ‘European Review for Medical and Pharmacological Sciences’ asocia el cambio de hora que se realiza en primavera con un ligero aumento de los infartos de miocardio en los días inmediatamente posteriores, mientras que se reduce con la restitución del horario normal que se produce en otoño. Alguno de estos estudios ha llegado a medir que el lunes siguiente al sábado en el que se realiza el cambio de hora en primavera se hacían muchas más intervenciones coronarias que el resto del año.

Esto parece ocurrir también con el índice de suicidios y el número de accidentes de tráfico que se dan en los tres días posteriores al cambio horario primaveral, y menos en el otoñal según una investigación realizada por científicos españoles. "El cambio de hora en verano implica una hora menos de sueño, lo que podría provocar un aumento de la fatiga y una capacidad de conducción disminuida ese día”, concreta el estudio, publicado en 2018. No obstante, los autores reconocen que son planteamientos no generalizables y siempre circunscritos a personas muy sensibles

Se cree que el motivo de este incremento en el riesgo de sufrir un infarto agudo de miocardio está relacionado con el cambio en el ritmo circadiano del sueño. Y es que la transición al horario de verano, adelantando una hora el reloj, reduce el tiempo de sueño en una hora, pero también reduce la calidad del sueño. También es sabido que una modesta privación de sueño o una alteración de los ritmos circadianos pueden ser un factor de riesgo de infarto agudo de miocardio en personas predispuestas.

En este sentido, es posible que el cambio horario afecte más a las personas con la fase del sueño retrasado que a personas con la fase del sueño adelantado. Es decir, que afecta más a aquellas personas que tienden a levantarse y a acostarse tarde, que a las que tiende a levantarse y a acostarse temprano.

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