La mitad de los luchadores de MMA son consumidores habituales de cannabis

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El luchador de MMA Nate Díaz fumándose un porro tras un entrenamiento público. Foto: Kevork Djansezian/Zuffa LLC/Zuffa LLC via Getty Images.
El luchador de MMA Nate Díaz fumándose un porro tras un entrenamiento público. Foto: Kevork Djansezian/Zuffa LLC/Zuffa LLC via Getty Images.

Podremos tener nuestras preferencias en cuanto a equipos o competidores preferidos, pero hay una cosa en la que, de forma unánime, todos los aficionados al deporte estamos de acuerdo: queremos que sea limpio. Nos gusta que las reglas se cumplan a rajatabla, que la competición sea justa y que nadie haga trampas. Esto, por supuesto, incluye el dopaje.

Por eso, no serán pocos los aficionados que se han escandalizado ante el estudio que ha publicado la revista The Athletic, que determina que aproximadamente la mitad de los luchadores de artes marciales mixtas (MMA, por sus siglas en inglés) son consumidores habituales de cannabis. Este deporte, también identificable por las siglas UFC debido al nombre de la competición más famosa de cuantas se celebran, se basa en peleas individuales que se desarrollan en una jaula de forma octogonal y en las que se combinan técnicas de muchas otras disciplinas; en la práctica, casi todo tipo de golpes y agarres están permitidos.

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The Athletic ha obtenido los datos a partir de una encuesta propia en la que han consultado a 170 luchadores de todo el mundo, una muestra bastante representativa toda vez que, según Insider, hay poco más de un millar de peleadores profesionales. De ellos, el 45,9 % reconoció que es usuario frecuente de marihuana, y otro 4,7 % reconoció haberla empleado con regularidad en el pasado, pero ya no (otro 2,4 % no quiso responder). Es más: hasta un 76,5 % confesó emplear productos con cannabidiol (CBD), un compuesto químico no psicoactivo que se extrae de la misma planta.

El uso de la marihuana tiene dos modalidades. Por un lado, está su consumo como simple droga recreativa; no en vano, se trata de una de las más consumidas en el mundo, con varios centenares de millones de usuarios alrededor del planeta y con estatus legal variable en cada territorio; en general, es un producto prohibido pero no se persigue con demasiado rigor (en España, por ejemplo, no se permite comerciar con ella pero el consumo está despenalizado). Pero también está su faceta terapéutica: los luchadores la valoran como una ayuda imprescindible para ayudarles a recuperarse de las lesiones, que en una actividad de esta naturaleza son muy frecuentes.

Preguntado al respecto, Jeff Novitzky, vicepresidente de Salud y Rendimiento de los Atletas en la UFC, no se mostró nada sorprendido por las cifras. “Me suena bastante razonable. Nunca hemos hecho una investigación, pero sí he tenido muchísimas conversaciones con el tema. Probablemente sea la pregunta que más me hacen los peleadores”, contestó.

Combate de UFC entre Jorge Masvidal (izquierda) y Nate Díaz en noviembre de 2019. Foto: Josh Hedges/Zuffa LLC via Getty Images.
Combate de UFC entre Jorge Masvidal (izquierda) y Nate Díaz en noviembre de 2019. Foto: Josh Hedges/Zuffa LLC via Getty Images.

La UFC, que es una compañía privada con sede en Las Vegas (Nevada, Estados Unidos), llegó a un acuerdo para regirse por las normas de la USADA, la agencia antidopaje de aquel país, que concuerdan con las de la WADA (el organismo que lo vigila a nivel mundial). Esto significa que en los controles antidopaje se persigue también el cannabis. Concretamente, el límite que ha establecido la WADA como máximo permitido en los análisis de orina es de 150 nanogramos de tetrahidrocannabinol (THC, el principal compuesto psicoactivo) por mililitro.

Este tope está vigente desde 2013, cuando se decidió elevar; anteriormente estaba en 15 nanogramos, diez veces menos que ahora. El incremento, que se hizo “tras las numerosas solicitudes recibidas”, demuestra una tolerancia creciente hacia el consumo; antes el mero hecho de ser fumador pasivo ya suponía el riesgo de dar positivo, mientras que ahora es preciso ser usuario habitual en grandes cantidades. Además, en el caso de las artes marciales mixtas solo se controla durante la época de competición, que se ha definido como el periodo entre el pesaje previo a la pelea (normalmente el día anterior) y el mismo momento en que el luchador abandona el octógono; el resto del tiempo está permitido.

Y aun así hay voces, como las del propio Novitzky, que piden ir más allá y despenalizarla por completo. Porque, según alegan, el cannabis no proporciona ningún beneficio práctico ni mejora en el rendimiento de un luchador. No le da ni más fuerza ni más velocidad o agilidad, sino más bien al contrario: es un depresor del sistema nervioso que puede reducir la capacidad motora. Pero, tal como explica Jeff, su uso sería especialmente valioso para deportistas sometidos a la presión psicológica que tienen los luchadores de MMA.

“No hay ningún deporte en el planeta, en mi experiencia y opinión, que produzca tanta ansiedad como la MMA y UFC. Saber que en algunas semanas vas a luchar contra uno de los peleadores más habilidosos del planeta, y que incluso aunque te vaya bien, probablemente te harán daño, eso produce ansiedad. Prácticamente todos tienen ansiedad antes de una pelea. Eso provoca que no puedan entrenar a su máximo, o que no puedan dormir. Muchos peleadores usan marihuana por esa razón”, alega el directivo.

Estas ventajas, sumadas a la ayuda que el cannabis ha demostrado que puede proporcionar en el proceso de recuperación, han llevado a la UFC, por medio del propio Novitzky, a pedir que la marihuana salga de la lista de dopantes. No es de esperar que lo consiga, al menos en breve, porque la propia WADA hace explícito en su Código que entre sus propósitos no solo está perseguir a los atletas que hagan trampas, sino también fomentar la salud en el deporte. Y está más que demostrado que la marihuana, aunque pueda tener beneficios terapéuticos en algunos casos, también causa daños al organismo a largo plazo.

Más allá de los efectos inmediatos de euforia y relajación, por los que muchas personas consumen esta droga con fines recreativos, a la larga el THC puede causar pérdidas permanentes de memoria, disminución de las habilidades cognitivas, estados de ansiedad, psicosis y depresión, o incluso consecuencias físicas: en algunos casos se han detectado agravamientos de patologías cardiacas o incluso impotencia. Si el consumo se hace fumando, además, puede generar daños pulmonares (aunque en mucha menor medida que el tabaco). Por otra parte, como toda droga, tiene el potencial de generar adicción.

Mientras se decide si legalizarla de una vez o dejar las cosas como están, los partidarios de la libertad de consumo pide que, al menos, haya cambios en la metodología de los tests. Actualmente se hacen análisis de orina, que pueden detectar restos de marihuana consumida días o semanas atrás (motivo por el cual, aunque no sea estrictamente obligatorio según el reglamento, la UFC recomienda a los luchadores que se abstengan durante al menos dos semanas antes de los combates). La USADA está intentando desarrollar exámenes en saliva, que registrarían solo lo utilizado en el mismo día en que se realiza la prueba y así garantizarían que el peleador no sube al octógono drogado.

Porque lo que parece imposible (ni se pretende) es lograr que el consumo se abandone: los datos indican que está tan extendido que ya prácticamente forma parte de la cultura de la MMA. Uno de los competidores más afamados, el estadounidense Nate Díaz, llamó mucho la atención cuando, tras una sesión de entrenamiento en California previa a un combate, se fumó un porro con CBD, algo legal en aquel estado (al igual, por cierto, que en Nevada). Quizás no sea la imagen que uno espera ver de un deportista de élite, pero en este contexto concreto sí que puede ser útil para que las cosas cambien.

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