Un radical vasco ignorando las lágrimas de una víctima de ETA

Ay, no, perdón. No es un radical independentista vasco ignorando las lágrimas de una víctima de ETA. No es un miembro de HB frío, altivo, distante, con cara casi de asco. Barbilla en alto sostenida por una mano orgullosa. Mirada al frente.

Ay, no, perdón. No es el diputado elegido en las urnas de un partido político que asegura que todas las víctimas son iguales, sean asesinados por ETA o no. ¡Cuántas veces lo escuchamos del entorno etarra!

Ay, no, perdón. Que eso ya no pasa, eso ocurría en España en los tiempos en los que la banda terrorista asesinaba todas las semanas. -857 víctimas dejó en su infierno-.

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Ortega Smith ignora a una víctima de la violencia de género.
Ortega Smith ignora a una víctima de la violencia de género.


Ay, no, perdón, que lo que tenemos aquí es al secretario general de un partido político que, ahí lo ven, está negando a una víctima. Niega su realidad, su existencia, la ignora altivamente, crea una bolsa de vacío a su alrededor.

Te ignoro. No existes.

Porque yo lo digo.

Ella, víctima de violencia de género, inmigrante, representa lo peor para VOX. Las hordas de fanáticos la insultaron en las redes, acusándola de cobrar subvenciones. Ignorantes. A Nadia -en silla de ruedas tras ser tiroteada por su excuñado cuando salió en defensa de su hermana- no se la considera víctima de violencia de género. Ella no tenía relación con sentimental con el hombre que le pegó tres tiros.

Ortega Smith ignora a esa mujer en silla de ruedas -algo de cobardía tiene cuando el cuerpo de otra mujer todavía yacía caliente en el suelo de su casa, el forense aún no había levantado su cadáver. La víctima 52 de la violencia de género este año tenía 26 años. Su pareja la acuchilló en el cuello. Ella gritó, pidió ayuda, los vecinos llamaron a emergencias. Pero ya era demasiado tarde.

52 asesinadas en este 2019.

Todas, por sus parejas o exparejas.

Los hombres, claro, no son ETA. Lo aclaro para los malpensados.

Hablo en términos de Código Penal. Hay leyes específicas contra los terroristas, leyes que hacen que una agresión a guardias civiles en Alsasua sea considerada terrorismo y no una pelea de bar o una agresión a la autoridad, leyes que imponen penas diferentes a los delincuentes, leyes que te llevan a un tribunal distinto.

Si determinados tipos de crímenes tienen su propia tramitación legal -por sus características-, ¿por qué se la queremos quitar a la violencia de género?-.

Los asesinatos de mujeres son la consecuencia más grave de un grupo de hombres -afortunadamente una minoría- que aún consideran a la mujer de su propiedad. Un grupo de hombres que miden su valía por su poder sobre las mujeres. Un grupo de hombres que son incapaces de relacionarse con nosotras sin esa toxicidad que empieza aislando y acorralando -quédate en casa conmigo, esa amiga no te hace bien, con esa falda vas provocando- hasta que llega el primer golpe.

Las asesinadas copan titulares. Pero miles de mujeres en España viven con miedo cada segundo de su vida. Aterrorizadas porque al doblar la esquina, o en su trabajo, o incluso en la supuesta protección de su casa, aparezca su ex. Exmarido. Exnovio. Examante. Aparezca y las asesine. ¿Se imaginan lo que es vivir siempre con ese miedo?

Dijo ayer Ortega Smith que “también hay hombres que sufren violencia de mujeres y son asesinados por sus mujeres, a los que también hay que proteger”.



Claro que hay que protegerlos. Y se los protege. Para eso están el Código Penal, los tribunales y los cuerpos policiales.

Pero ante crímenes extendidos y específicos, crímenes con el mismo origen, crímenes que han asesinado a más mujeres en España que las víctimas que dejó ETA, necesitan soluciones específicias.

PP y Ciudadanos, por cierto, que tanto criticaron ayer la postura del partido de ultraderecha, siguen cogidos de la mano con VOX. Ay.. los intereses partidistas.

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