El Chelsea se solidariza con Black Lives Matter mientras le acusan de ocultar casos de racismo en su cantera

Luis Tejo
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Graham Rix y Gwyn Williams, miembros del cuerpo técnico del Chelsea.
Gwyn Williams (derecha), antiguo entrenador de la cantera del Chelsea y principal acusado en el caso de racismo contra algunos jugadores. Foto: Neal Simpson/EMPICS via Getty Images.

A raíz de la muerte del afroamericano George Floyd a manos, o más bien a rodillas, de la policía de Minneapolis (dejaremos a los jueces la tarea de añadir “asesinato”, “homicidio” o el apellido que proceda) se ha desatado una oleada de indignación mundial contra el racismo que ha venido a reforzar las campañas de protesta que movimientos como Black Lives Matter llevaban tiempo desarrollando. Por todas partes se ven todo tipo de gestos de solidaridad y apoyo, especialmente la famosa rodilla al suelo que popularizó el jugador de fútbol americano Colin Kaepernick. En muchas ocasiones no cabe duda de que se trata de un compromiso legítimo y sincero por la igualdad racial; en otras, permítase la sospecha de que más de uno se está subiendo a la ola de lo que la presión social, la corrección política y las relaciones públicas demandan ahora mismo.

En este segundo grupo estaría uno de los equipos de fútbol más importantes de Europa: el Chelsea. Al menos así lo creen dos antiguos jugadores de la cantera del club, que no dudan en calificar a la entidad de “hipócrita” y de asegurar que ha tenido un comportamiento “absolutamente asqueroso”. Estos futbolistas, que han concedido una entrevista a la BBC pero no han querido dar su nombre, afirman haber sufrido abusos de carácter racista cuando formaban parte de las categorías inferiores de los blues, “hace 25 o 30 años”.

La situación, cuentan, fue tan grave que les ha motivado a llevar ahora a la entidad a los tribunales, en un juicio previsto para principios de 2022 en el que estos dos exfutbolistas y otros dos más alegarán que el maltrato sufrido les ha destrozado no solo la carrera futbolística, sino también la vida. “Acabaron con mi confianza. Me hicieron ver a la gente blanca de manera diferente y hundieron todos mis sueños de ser futbolista. Fue una experiencia traumática que creo que no he superado y ha afectado a mis relaciones y a la forma en que interactúo con otra gente”.

El principal acusado tiene nombre y apellidos: Gwyn Williams. Este entrenador trabajó durante 27 años, desde finales de los ‘70 hasta 2006, en diversos cargos en el cuerpo técnico del club, desde entrenador de categorías inferiores y coordinador de la academia (se le considera el descubridor de figuras como John Terry) hasta ojeador, pasando por ayudante de alguno de los responsables del primer equipo, como Claudio Ranieri. Tras tanto tiempo en la casa “tenía más poder que el manager general, y si te quejabas de él, sus superiores simplemente se encogían de hombros”, dice uno de los denunciantes.

El equipo juvenil del Chelsea dirigido por Gwyn Williams entrenándose en 1985.
Williams (en el centro, mirando al frente) dirigiendo un entrenamiento del equipo juvenil del Chelsea en 1985. Foto: Hugh Hastings/Chelsea FC via Getty Images.

El abuso, incitado por Williams, ocurría “a diario, en cualquier lugar y momento, enfrente de cualquiera”, y fundamentalmente era de tipo verbal. Los jóvenes muchachos de raza negra eran recibidos con expresiones ofensivas como “spear-chucker” (literalmente “tirador de lanzas”) o “mango-muncher” (“mastica-mangos”), dos términos injuriosos contra personas de ancestros africanos, el segundo de ellos además con un matiz homófobo. Les preguntaba constantemente cosas como “cuántos bolsos has robado” o “a cuántas viejas has asaltado esta semana”.

“Lo decía con una sonrisa en la cara, como si fuera una broma o algo. El problema es que lo seguía haciendo durante años y años”, se queja una de las víctimas. Podía pasar “en Stamford Bridge [el estadio del Chelsea], en los campos de entrenamiento, en el bus del equipo... básicamente en cualuqier lugar donde Williams te viera. Esa era su forma de tratarte”. Por si fuera poco, también hacía comentarios obscenos sobre el estereotipo del tamaño del pene de los negros, a quienes ordenaba mostrárselo a los compañeros: “llegó a un punto en el que no podía entrar en la ducha hasta que todos los demás se habían ido”. A veces incluso había tocamientos, que muchos verían como un juego inocente pero a ellos resultaban muy molestos: “Cuando Gwyn pasaba cerca de ti, te tenías que cubrir la entrepierna, porque si no te golpeaba en los huevos. Se lo hacía a todo el mundo, hasta a los profesionales”. El ambiente, “traumático” e “intimidatorio”, les llevaba a “desear que hubiera huelga de trenes para no tener que ir a los entrenamientos”.

Los afectados relatan que se han atrevido a contarlo ahora, tanto tiempo después, porque antes creían que nadie les iba a tomar en serio, pero han visto que otros futbolistas que alzaron la voz tras sufrir abusos sexuales sí han recibido la atención adecuada. Hace unos años se puso en marcha otra investigación para determinar hasta qué punto otro antiguo entrenador, Eddie Heath, agredió a varios jugadores de categorías infantiles durante los años ‘70. Heath falleció en 1983, poco después de desvincularse del club, sin ser nunca juzgado pro sus crímenes. Al destaparse el escándalo, el club no dudó en disculparse, aunque alegó que ningún otro adulto sabía lo que estaba ocurriendo... y que, aunque les avergüenza lo ocurrido, fue hace tanto tiempo que la administración actual del club no tiene nada que ver con aquello (lo cual es cierto: el propietario actual, Román Abramóvich, se hizo cargo en 2003; Williams sí que llegó a trabajar tres años a las órdenes del magnate ruso). “Hoy el club es un lugar muy diferente a lo que era entonces”, aseguran.

Pero en el caso del racismo, protestan los afectados, la situación es muy diferente. Para empezar, les indigna que el informe que encargó el club a la ONG Barnardo’s (especializada en velar por los derechos de la infancia) fuera conjunto tanto para el abuso sexual como para el racista, ya que consideran que “es una forma de esconderlo”. Y además, se quejan de que, aunque en ese comunicado y en varios otros el Chelsea decía comprometerse a ofrecer apoyo, en la práctica no han hecho absolutamente nada. “Queremos acciones, no palabras. Es tan sencillo como eso”.

Jugadores del Chelsea arrodillándose para protestar contra el racismo antes de un partido.
Jugadores del Chelsea hincando la rodilla para protestar contra el racismo antes del patido contra el West Ham el 1 de julio. Foto: Darren Walsh/Chelsea FC via Getty Images.

Porque al juicio van a ir cuatro jugadores negros que denuncian racismo, pero, según cuentan, hay al menos otros diez que dicen haber sufrido situaciones similares (y que presentarán causas por separado, al estar aún en la fase de recogida de pruebas). “El Chelsea ha tenido la oportunidad de rectificar las cosas, pero siento que no lo han hecho en absoluto. Ni siquiera se han disculpado personalmente con nosotros. Parece que no ha cambiado nada en estas tres décadas, cuando estábamos allí, y seguimos luchando por la justicia y la igualdad”.

Ante una situación como esta, por supuesto, no faltan quienes tachan a los demandantes de oportunistas y de presentar la querella únicamente por afán de recibir una indemnización. Para ellos tienen una respuesta: “Ni siquiera es un factor. Esto es acerca de hacer el bien o el mal. Si has sufrido abuso racial, ya es malo de por sí, pero imagina además que encima ahora alguien dice que estás mintiendo y que solo lo haces para ganar dinero. También somos humanos y tenemos emociones. El caso es importante para asegurarse de que ningún otro niño, ningún otro futbolista, hombre o mujer, piense que está solo, y para que sepa que puede alzar la voz si sufre racismo en cualquier equipo”.

La postura del Chelsea ante todo esto, por su parte, es de comprensión hacia quienes sufrieron, pero insistiendo en que han hecho todo lo que está en su mano. Un portavoz del club insistió en que son “una organización antirracista totalmente implicada en sacar” este problema del fútbol “ahora y en el futuro” y que entre sus misiones está “asegurarse de que todos los antiguos jugadores que hayan sufrido abuso tienen apoyo”. Dicen, además, que incluir en la misma nota los casos de agresiones sexuales y raciales es una decisión adoptada para asegurarse de que se da a ambos problemas “el mismo peso”. Por su parte, Williams (quien, tras salir del Chelsea, estuvo unos años más trabajando en el Leeds, de donde tuvo que marcharse por otro escándalo tras mandar un email con imágenes subidas de tono usando una cuenta corporativa), que hoy tiene 71 años, niega todas las acusaciones e insiste en que no actuó “de forma racista hacia ningún jugador ni ningún juvenil”. Serán los tribunales los encargados de dar o quitar razones.

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