Chichizola: presente y futuro de un héroe efímero que sueña con otro capítulo en River

Goal.com

Hay destinos que parecieran delineados antes de ser transcurridos y otros tantos que se definen por alguna decisión, luego traducida en vieja anécdota. En este último puñado se posa la carrera de Leandro Chichizola, quien de chiquito practicaba básquet profesional en su pueblo San Justo, pero al que una pelea "con empujones y todo" ante un árbitro lo dejó a un costado hasta verse obligado a jugar a la pelota. Esa personalidad, quizás, fue la que le permitió hacerse cargo del arco de River y atrapar en sus manos uno de los penales más recordados de la década, dándole el campeonato a Ramón Díaz y toda su gente. "Con Ramón me sentía invencible, era salir a la cancha sabiendo que íbamos a ganar", lo define.

"Soy muy hiperquinético, vivo las previas de los partidos demasiado ansioso, quiero salvar a mi equipo: Barovero me enseñó a ver otro costado de esta profesión, me quedó su referencia de la serenidad con la que se tomaba su trabajo", confesó a Goal. Instalado hace casi dos años en Getafe, Madrid, Chichi reflexionó sobre cuánto le cuesta ser suplente y anticipa: "La sangre empieza a hervir, si no hay oportunidades para mí tomaré la misma decisión que tomé en su momento con River: salir a buscar un arco". Sus charlas con Armani antes de la final en Madrid, anécdotas del relato de Atilio Costafebre y sueños a futuro de un joven apasionado por el puesto: "Gallardo me entendió y me dijo que aprovechara, que tomara experiencia jugando". 

-¿Tuviste la chance ya de dimensionar lo que fue atajar ese penal sobre la hora y a Saja?

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-Aquello fue como un gol, digamos. Fue en un momento complicado del partido y del campeonato, necesitábamos ganar. En su momento uno no es consciente de lo que generó esa atajada, con el paso de los años uno sabe que fue muy importante, porque fue el último campeonato local del club. Creo que fue la puerta para las futuras copas que vinieron después, uno lo valora más ahora que en su momento. 

-No se pueden evitar los mensajes de la gente acordándose de aquel relato de Atilio Costafebre...

-Me tienen loco con eso, ja. ‘Las bolas van a empatar’. De aquel penal quedó el momento épico, cada persona que me escribe o me ve en la calle en Argentina me hace recordar ese momento. Mucha gente no pudo estar en la cancha porque explotaba ese día con Racing, entonces lo estaban escuchando con Lito y les quedó grabado.

-¿Qué sensación podés compartir de cómo viviste ese plantel comandado por Ramón y Emiliano Díaz?

-Con Ramón me pasó algo muy raro, de estar saliendo a la cancha sabiendo que el partido lo ibas a ganar, la primera vez que me pasó fue con Ramón y Emiliano, en River. Tenían un convencimiento y un acercamiento a los jugadores que pocos entrenadores lo tuvieron conmigo personalmente. Yo me sentía invencible cuando salía con ellos a jugar y respaldado al cien por ciento, creo que el jugador de fútbol en un club como River necesita eso: que el técnico lo respalde. Ahora seguramente Gallardo lo debe generar y en aquel momento, Ramón. 

-¿Y llegaste a hablar con Gallardo antes de emigrar?

-Con Marcelo estuve los primeros tres entrenamientos, me presenté y tuve una conversación con él porque ya había tomado la decisión de irme y era el entrenador en su momento. Le dije que necesitaba minutos y me dijo que sí, que estuviera tranquilo, que lo mejor que podía hacer era jugar y aprovechar la chance en Italia.

-¿Podrías volver después de Barovero y Armani o es una vara muy alta?

-River actualmente tiene un arquero (Armani) que lo puede degustar para rato, tanto Marcelo Barovero como ahora Franco lo están haciendo muy bien. Ver mi vuelta ahora sería un poco en vano porque el arco está ocupado y en muy buenas manos. Pero siempre lo tengo en mi cabeza, llegué a los 14 años. Estar y crecer en la pensión de River fue lo más lindo que me dio el fútbol.

-No tuviste el espacio para hablar de ésto, pero te cuestionaron por irte libre, ¿te dolieron en su momento esas críticas habiendo nacido en el club?

-Lo mío en algún momento se habló de que era un tema económico y lo mío fue cero por ciento económico. Yo me terminé yendo libre del club a Italia porque necesitaba jugar, necesitaba un arco, no necesitaba dinero. Necesitaba minutos, un espacio para crecer. Tengo muy buena relación con los dirigentes actuales, con Enzo Francescoli, con Rodolfo D’Onofrio, si uno se hubiese peleado con toda esa gente, no sería así. Sí me criticaron por irme, pero pensé en mí, en ese ‘egoísmo’ que a veces los jugadores de fútbol necesitamos para crecer. Si yo me quedaba en River no sabía cuánto tiempo iba a pasar sin jugar. Quería salir a jugar, pero no quería salir a jugar a ningún otro club de Argentina que no fuese River, por eso me fui al exterior.

-¿Y ahora cómo estás viviendo el ser suplente en Getafe?

- A partir de ahora llega un momento en el que uno necesita jugar, la sangre empieza a hervir, no sé qué pasará más adelante, pero ya son casi dos años que estoy en Getafe y veré que si no hay oportunidades para mí tomaré la misma decisión que tomé en su momento con River: salir a buscar un arco. 

-Para cerrar te dejamos una pregunta fácil, ¿Armani o Barovero?

-Qué complicado, eh. Voy a elegir al “Chelo” porque tuve muy buena relación con él y compartí vestuario. Pero estás hablando de los dos mejores arqueros de River de los últimos años, lograron levantar copas internacionales en un arco como ese. La diferencia entre ellos dos no existe, son similares. Solo que con Franco no compartí vestuario y el aprecio es distinto. Cuando vinieron a Madrid para jugar con Boca fui a cenar con los jugadores y me senté al lado de él (Armani). El día después también fui con ellos y volví a hablar con él, me pareció un tipo súper sencillo, me cayó muy bien y me alegro por todos los éxitos que está consiguiendo.  De Barovero aprendí por la tranquilidad y serenidad con la que enfrentaba los partidos. Yo soy muy hiperactivo antes de los partidos, aprendí de su serenidad para hacer su trabajo y se acabó. Por River pasaron un montón de arqueros, con nombre, sin nombres. Pensábamos que iba a ser uno más que pasara seis meses, un año y todo lo contrario. Se asentó y consiguió todo lo que consiguió. 

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