La caza a Chris Froome se abre en su propio equipo

Guillermo Ortiz
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TOPSHOT - (From R) Great Britain's Geraint Thomas, wearing the overall leader's yellow jersey, and his Great Britain's Team Sky cycling team teammates, Great Britain's Christopher Froome amd Colombia's Egan Bernal, and Germany's Nikias Arndt ride in the pack chasing a 32-men breakaway during the 14th stage of the 105th edition of the Tour de France cycling race, between Saint-Paul-Trois-Chateaux and Mende on July 21, 2018. (Photo by Marco BERTORELLO / AFP)        (Photo credit should read MARCO BERTORELLO/AFP via Getty Images)
Photo by MARCO BERTORELLO/AFP via Getty Images

Carsten Jeppesen aparece en la página oficial del equipo Ineos como “responsable de operaciones técnicas y comerciales”. Su trabajo es vender futuro, encontrar sponsors y conseguir que esos sponsors ofrezcan los mejores avances técnicos para sus corredores. Es precisamente un conseguidor, por así decirlo, algo más que un relaciones públicas, el hombre al que acudes cuando te quieres asegurar de que todo está en orden y puedes seguir siendo competitivo. Jeppesen, por lo demás un desconocido para el gran público, sorprendió esta semana con unas declaraciones que más sonaban a advertencia que a otra cosa: “No estoy seguro de que Chris Froome esté en condiciones de ganar su quinto Tour”.

Las declaraciones en sí no tienen nada de sorprendente: Froome tiene 35 años, va para 36, y lleva trece meses sin competir. Que ganara el Tour con ese bagaje sería un auténtico milagro. Ahora bien, Froome es un campeón y de los campeones no se duda. No en su propio equipo, desde luego, salvo que se le quiera mandar un mensaje: “Hazte a un lado, no se te ocurra estorbar a Egan Bernal, prepárate para trabajar”. Ganar 4 Tours, 2 Vueltas y 1 Giro para tener que aguantar a un comercial haciendo predicciones debe de ser duro.

Obviamente, aquí lo que cuenta es el trasfondo: como el propio Jeppesen afirma, la estructura Sky/Ineos ha ganado Tours con otros corredores. Sin ir más lejos, el año pasado consiguieron un doblete Bernal-Geraint Thomas sin sensación de esforzarse demasiado. Ahora bien, aunque es cierto que estos triunfos suponen el éxito sin matices de un proyecto (¿qué estructura ha ganado siete Tours en ocho años y con cuatro corredores distintos?), nada habría sido posible sin Froomy. Por supuesto, todo empezó con Bradley Wiggins en 2012, pero Wiggins venía del Garmin y de la pista, no era un producto propio.

Froome, en cambio, sí. Sky consiguió coger a un corredor del montón, afectado por no sé cuántas enfermedades y descalificado del Giro por agarrarse a una moto mientras subía el Mortirolo y convertirlo en un vencedor de siete grandes. Eso son “ganancias marginales” y lo demás son tonterías. Incluso cuando Froome dio aquel positivo sideral por salbutamol en la Vuelta a España de 2017, la tremenda influencia del todopoderoso equipo británico hizo que le absolvieran. No sólo eso, sino que de paso le “cayó” la Vuelta de 2011 por un positivo retroactivo de Juanjo Cobo.

En resumen, hablamos del “hijo pródigo” de Brailsford, del gran campeón de la década y llevan todo el año enseñándole la puerta hasta que por fin ha llegado el Israel Start-up Nation para ofrecerle una jubilación dorada justo cuando menos claro está que se vaya a poder competir en los próximos años. Queda así Froome en una incómoda tierra de nadie: nominalmente, es aún corredor del Ineos… pero tiene contrato firmado con otro equipo. Por palmarés, debería poder exigir ser jefe de filas en cualquier equipo… pero justo va a coincidir en el Tour con otros dos campeones, uno de ellos llamado a ser el gran dominador junto a Tadej Pogacar y Remco Evenepoel del próximo lustro.

Es una situación desagradable para todos: no es de recibo que Froome tenga que ganarse los galones desde cero como un neoprofesional… pero más peligroso es para Ineos contar en el Tour con un corredor a disgusto y que sienta la tentación de hacer la carrera por su cuenta y no respetar jerarquías. Como decía el mítico Cyrille Guimard hace poco, quizá convendría preguntarse si a Ineos no le compensa más traerse a otro gregario para Bernal y dejar al campeonísimo en casa. Y Guimard las ha visto de todos los colores en el Renault de los primeros ochenta, cuando los egos de Hinault, Fignon y LeMond competían entre sí y lo llevaban todo al límite.

Y es que, quizá, después de todo, esto no sea más que un problema de ego. El ego de Froome convencido de que los milagros pueden repetirse múltiples veces. No todo el mundo tiene la sangre fría de un Miguel Induráin para retirarse a la primera derrota o de un Bernard Hinault, que se marchó del ciclismo a los 30 años y como segundo del Tour (de haber seguido, los extraños Tours de 1987 y 1988 tal vez habrían llevado su nombre). La caída y posterior lesión de Froome habría sido un excelente momento para decir adiós tras una temporada de ensueño enlazando Vuelta 2017-Giro 2018-podio en Tour 2018. Él no está de acuerdo, salta a la vista. Esperemos que pronto tenga la oportunidad de cerrar bocas. Empezando por la de Carsten Jeppesen.

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