Si lo de Froome lo hace Movistar, no hay documentales suficientes para explicarlo

Guillermo Ortiz
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SATURNIA, ITALY - SEPTEMBER 09: Start / Chris Froome of The United Kingdom and Team INEOS Grenadiers / Mask / Covid safety measures / during the 55th Tirreno-Adriatico 2020, Stage 3 a 217km stage from Follonica to Saturnia 294m / @TirrenAdriatico / on September 09, 2020 in Saturnia, Italy. (Photo by Justin Setterfield/Getty Images)
Chris Froome. Foto: Photo by Justin Setterfield/Getty Images.

Este iba a ser un artículo sobre la decadencia de Chris Froome. Un artículo sobre el enésimo héroe que no se atreve a poner su vida del revés y se mantiene enganchado a un deporte que ya no le respeta. Un deporte en el que, casi, se ha convertido en un extraño. Desde la caída de primavera de 2019, Chris Froome es un espectro que vaga por el pelotón, carne de cámara enfocándole mientras sufre para no distanciarse de un grupo de 70 corredores. Después de 4 Tours, 2 Vueltas y 1 Giro, es una imagen triste, pero es la imagen que él ha decidido. Pese a haber cumplido ya 36 años, acaba de firmar un suculento contrato para el año que viene con el equipo Israel Start-Up Nation.

Sin embargo, ese enfoque está ya muy manido y, viendo lo que vimos en la primera etapa de la Vuelta, quizá sea más interesante reflexionar sobre el encaje de esas estrellas pasadas en equipos que ya no les pertenecen. Es cierto que Chris Froome no llegó a España como cabeza de filas del Ineos -esa consideración se la ha ganado a pulso en el último año el ecuatoriano Richard Carapaz-, pero era razonable mantener un interrogante sobre un corredor tan acostumbrado a renacer de sus cenizas. Probablemente, Froome se hubiera quedado en cualquier momento de esa primera etapa o de la segunda o de la tercera. El asunto es que se quedó descolgado cuando sus compañeros lo decidieron, cuando se pusieron a tirar en cabeza de pelotón, conscientes de que su otrora líder no iba a poder seguir el ritmo. No hacía ninguna falta.

La imagen fue dura: Ineos subiendo el ritmo camino de Eibar y detrás, Froome sufriendo como un perro para acabar cediendo. Si el equipo británico no tenía otra alternativa, tal vez lo mejor habría sido no haber llevado al tetracampeón del Tour a competir y haberle dado una despedida digna, que en este caso, implicaría dejarle en casa entrenando para el año que viene. No. Ineos se llevó a Froome a la Vuelta -no sé hasta qué punto el corredor pensó en una recuperación milagrosa o la organización presionó en ese sentido- para dejarlo caer desde lo más alto. Aquello fue una humillación. Hubiera bastado con dejar que Movistar o Jumbo se hubieran encargado de hacer el trabajo pero decidieron hacerlo ellos en primera persona.

Es chocante. Chocante pero a la vez, en un equipo “científico” como siempre ha presumido la estructura Sky de toda la vida, comprensible. El Sky no llegó al mundo del ciclismo para caer bien. De hecho, no lo ha conseguido nunca. Ganó el Tour con Bradley Wiggins, lo ganó con Chris Froome, lo ganó con Geraint Thomas, lo ganó con Egan Bernal... y siempre tuvimos una cierta sensación de impersonalidad, de que en realidad el líder podría ser cualquiera y aun así ganaría. Era un equipo duro, que no hacía concesiones, digno heredero del US Postal de Lance Armstrong en los años de plomo. La misma sensación de que sus gregarios andaban mejor que los líderes ajenos, el mismo poderío económico para llevarse a cualquier rival para garantizarse el dominio durante más tiempo.

Con todo, cuesta pensar que no haya algo de empatía, de cariño hacia un corredor tan de la casa como Froome. El triunfo de Wiggins fue histórico, pero Wiggins llevaba toda su carrera compitiendo en equipos europeos. Froome fue el primer producto exclusivamente Sky. Y no fue un Tour, fueron cuatro, más otras tres grandes vueltas. ¿Cómo ha acabado la cosa en este ninguneo público? Que el deporte profesional es una trituradora lo sabemos todos. Que Froome quizá debería haber dicho adiós antes, está dicho desde el primer párrafo. Ahora bien, ¿cómo nos habríamos tomado esto en España si, por ejemplo, se lo hubiera hecho Banesto a Induráin? ¿Qué habríamos dicho si tirando Marc Soler, se hubiera quedado Enric Mas del pelotón sin compañeros?

Habríamos sido implacables, sin duda. No hubiera bastado con un documental para explicarlo, habrían hecho falta dos o tres. A veces, miramos con lupa (y con razón) a algunos mientras asumimos la dureza de otros sin rechistar. Eso es parte también del deporte profesional, supongo. A Ineos se lo perdonamos porque la victoria es lo único que cuenta. A Movistar se lo afearíamos porque Movistar sí intenta caer bien. Sí intenta hacer campañas de imagen y sí tiene una estructura en la que se supone que los símbolos importan. No había más que verles tirar el miércoles como locos por tierras navarras. Quizá el problema del equipo de Unzúe sea precisamente ese: intentar navegar entre dos aguas, la de las relaciones públicas y la de la competición.

Pongamos un ejemplo más claro: en su último año como profesional, Valverde se plantea ganar su quinta Lieja-Bastoña-Lieja en la estructura Movistar. Por supuesto, ya no es el de los años dorados, pero, en fin, es Alejandro Valverde, un campeón con mayúsculas. Imaginemos que, después de anunciar su intención en la prensa, empiezan a tirar los Pedrero, Carretero, Verona y compañía y vemos cómo Alejandro pierde metros y metros sin nadie que le ayude y sin nadie que diga “oye, hay que bajar el ritmo que se queda el nuestro”. Imaginemos que se le trata como a uno más, como a un gregario o directamente como a un ciclista de otro equipo. Alguien ajeno. Costaría asimilarlo, ¿verdad? Con Ineos, no pasa. Ineos solo vive de presente y futuro. El sentimentalismo, que quede para otros.

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