El clásico menos clásico de siempre

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Ramos y Messi, en el Camp Nou en 2019 (Photo: NurPhoto via Getty Images)
Ramos y Messi, en el Camp Nou en 2019 (Photo: NurPhoto via Getty Images)

Aquel 19 de noviembre de 2005, cuando Real Madrid y Barcelona saltaron al césped del Santiago Bernabéu, Rodríguez Zapatero habitaba La Moncloa, la princesa Leonor vivía sus primeros días en Zarzuela, Fernando Alonso seguía celebrando su primer Mundial de F1 —ese grito de ¡Vamooooos!—, el canal Cuatro daba sus primeros pasos en abierto y ETA aún amenazaba a una España que seguía recuperándose del 11-M ocurrido año y medio antes.

Suena, casi, a otro país. Tan lejano como el día que Leo Messi y Sergio Ramos disputaron su primer clásico en un Bernabéu que terminó aplaudiendo la exhibición de Ronaldinho. 16 años y miles de batallas después, la historia no puede ser más distinta... ni más caprichosa. El del domingo será el primer Barça-Madrid sin ninguno de ellos. Y las sensaciones en ambos bandos son radicalmente opuestas; en ‘Can Barça’ viven tiempos tormentosos, mientras en la capital por ahora el viento sopla a favor. Aunque los números, al menos en LaLiga, no dicen lo mismo.

Las cosas del destino. Messi y Ramos debutaron “juntos” y vivirán juntos, pero desde París, el primer Barça-Madrid sin los clásicos de década y media. La eterna rivalidad de delantero y defensa como referentes de sus equipos ahora ha tornado en compañerismo en las filas del PSG. Aunque por unas horas sus colores de siempre les volverán a separar.

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La vuelta del público en el peor momento culé

A lo largo de los años, uno y otro se perdieron algún duelo por lesión o sanción, pero esta será la primera vez que ni estén ni se les espere, porque hasta en aquellas ausencias puntuales se hacían notar. Hoy, las alargadas sombras del astro argentino y del capitanísimo sevillano no rondarán el estadio salvo en el recuerdo de muchos aficionados. Que esa es otra; el público volverá a vivir en las gradas el gran día del fútbol español año y medio después.

La añoranza será especialmente dolorosa para la parroquia culé, que mira al Camp Nou con el miedo en el cuerpo. El Barcelona se desarma entre una crisis financiera y otra de juego, no se sabe cuál peor. Y con Ronald Koeman —el entrenador que parece competir por mostrar menos ilusión que ningún otro por su trabajo— aún en el banquillo porque a Laporta no le salen las cuentas para despedirle.

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La situación en la ciudad condal es crítica, con una deuda milmillonaria que llegó a poner en peligro su viabilidad económica. Ferran Reverter, director general del F.C. Barcelona, reconoció recientemente que la pasada temporada la situación llego al punto de “no poder pagar al mes siguiente a nuestros trabajadores”. Una refinanciación de esa deuda y el peso de la marca Barça han salvado el proyecto.

Eso sí, la supervivencia de la institución no sale gratis. Incapaces de retener a Messi para no incumplir el fair play financiero de LaLiga, obligados a quitarse de encima como pudieron pesos pesados para ahorrar en fichas (véase Griezmann) y a fichar gratis, la plantilla ha dado un bajón de calidad. Lo advertía Koeman, a modo de hago lo que puedo: “Si tengo la bolsa de dinero, todavía tengo a Messi aquí y otros jugadores para dominar. Si no tengo un extremo de mucha velocidad y si tienes un jugador derecho para jugar con la izquierda, es lo que hay. Faltan cosas”. Y encima, lesiones: Agüero, que ni ha debutado, Pedri, Araujo, Ansu Fati, por fin de vuelta...

El Real Madrid, capaz de cualquier cosa; el Barça se agarra a lo que puede

En la competición casera, ni tan mal, pese a todo. El Barcelona se ve en un chocante séptimo lugar, aunque a solo dos puntos del Madrid, que va segundo. Lo sangrante viene en Europa, donde ahora mismo estaría fuera de los octavos y se iría a la Europa League tras dos sonadas derrotas ante Bayern (previsible) y Benfica (dolorosa).

Enfrente, a los de Carlo Ancelotti parece irles mejor de lo que en realidad les va. Igual se despeñan en partidos ‘fáciles’ que acaban goleando como en sus mejores tiempos. Ni el escandaloso tropiezo ante el desconocido Sheriff en la Champions ni el sufrido ante el Espanyol en Liga entraban en los planes de nadie. Oportunidad perdida para abrir brecha con el eterno rival. Si pierden esta tarde, ese Barça tan terrible se les pondría por delante.

Eso no entra en las quinielas de ningún experto ni ningún futurólogo, pero ya se sabe aquello de fútbol es fútbol y otras frases hechas que a veces cobran sentido. Que a nadie le extrañe si el Barça salta la banca en su propia casa. Y el evidente favoritismo del Madrid, con Vinicius desatado y Benzema en disposición de soñar con el Balón de Oro, podría volverse en su contra.

De momento, los Piqué, Ansu Fati y compañía se agarran a lo que pueden para ilusionarse. Una buena victoria ante el Valencia y otra muy sufrida al Dinamo de Kiev suponen una racha positiva (sí, se habla de racha positiva...) que les lleva al Camp Nou con el ánimo un poco más en pie.

A las 16:15 el balón volverá a rodar, sin Messi ni Ramos pero con mucho en disputa. Un ‘Clásico’ siempre será un ‘Clásico’, juegue quien juegue.

Este artículo apareció originalmente en El HuffPost y ha sido actualizado.

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