Ilustres perdedores: los hombres que no pudieron con Induráin ni Contador

Guillermo Ortiz
·7 min de lectura
Claudio Chiappucci. (Photo by: Marka/Universal Images Group via Getty Images)
Photo by: Marka/Universal Images Group via Getty Images

La espita la abrió David Guénel en Twitter: "¿Quién es el corredor que creéis que debería haber ganado al menos una gran vuelta... y que no tiene ninguna en su palmarés?". Es una pregunta recurrente en el mundo del deporte: el mejor jugador de la NBA sin anillo (Karl Malone), el mejor tenista que nunca ha conseguido ganar un Grand Slam (¿David Ferrer, Marcelo Ríos?), el mejor golfista sin un grande a lo largo de su carrera (Colin Montgomerie)... pero que no pasa nunca de moda. Una pregunta, además, que nos hace pensar y recordar. Más allá de nuestros ídolos, ¿quiénes son los corredores que estaban ahí siempre, que se dejaban la piel pero que al final no conseguían nunca el gran triunfo?

En las respuestas a Guénel fueron surgiendo muchos nombres. El más ingenioso de todos, sin duda, el de Lance Armstrong, que, efectivamente, tiene el palmarés vacío desde el 1 de agosto de 1998. Por supuesto, hay nombres de corredores belgas o suizos u holandeses de los años 50 o 60, pero eso ya es para historiadores del ciclismo y va más allá del juego generacional. Puede que el primer nombre que le haya venido a la mente a muchos lectores al ver el enunciado haya sido el de Raymond Poulidor, pero "el gran perdedor" del ciclismo francés, el hombre que subió ocho veces al podio del Tour en un período de catorce años sin vestir siquiera un solo día el maillot amarillo, sí que ganó la Vuelta a España de 1964, así que queda descartado de entrada para entrar en nuestra lista.

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¿Qué grandes corredores de nuestro pasado se quedaron sin ganar una sola gran vuelta? Es complicado no mencionar a Joseba Beloki o a Fernando Escartín, corredores que abarcan una década primero como gregarios y luego como figuras, que subieron a podios de Tours y Vueltas pero a los que les faltó siempre algo (en el caso de Beloki, más bien, le sobró una caída y el dominio aplastante de Lance Armstrong antes de que la USADA entrara a poner orden). Ahora bien, para mí, los dos grandes campeones que jamás ganaron una grande pese a estar varias veces a punto de hacerlo y pese a dejarse los riñones en el intento fueron Claudio Chiappucci y Joaquim "Purito" Rodríguez.

La historia del italiano es fascinante: de gregario con poca relevancia en el Carrera, pasa a otro nivel en el Giro de 1990, ya con 27 años. Se lleva el maillot de la montaña, roza el "top ten" y a las pocas semanas empieza el Tour colándose en una fuga que le mantendría en el liderato hasta la última contrarreloj, en la que Greg LeMond acabaría imponiendo su calidad contra al crono. En medio, el descubrimiento de un valiente. Un tipo que atacaba de amarillo para defenderse, que no se rendía nunca, que de verdad creía que podía ganar un Tour de Francia casi desde la nada y ganárselo además a uno de los grandes campeones de la década. Se quedó, ya digo, a una etapa. ¿Flor de un día? En absoluto, a partir de ahí, Chiappucci encadenó seis podios seguidos en grandes vueltas: Tour 90, 91 y 92 más Giro 91, 92 y 93. En cuatro de esas seis grandes vueltas, el ganador fue Induráin.

Con todo, igual que Induráin le comió por completo la moral a Gianni Bugno, un corredor de características similares, nunca consiguió que Chiappucci se rindiera. Si "El Diablo" llegó de esa manera a los aficionados no fue solo por su enorme palmarés, lleno de "top tens" en prácticamente todas las grandes pruebas en las que participaba -Mundial, Milán-San Remo, Flandes, Lombardía, San Sebastián, Lieja...- sino por su constancia, su punto kamikaze que le impedía "respetar" a nadie, ni siquiera al navarro. Chiappucci te atacaba en el avituallamiento, te atacaba a 200 kilómetros de meta, subiendo un puerto de tercera categoría, bajando uno de segunda... y no eran ataques cara a la galería. Solo la exhibición de Sestrieres en el Tour 92 ya vale para toda una carrera. Probablemente debió haber ganado el Giro 91, el que se llevó Franco Chioccioli, un corredor en comparación menor, pero eran tiempos muy locos y quizá él pensó que tendría mejores oportunidades. Se equivocaba.

Si Chiappucci fue el corredor que nos puso de pie en los 90, "Purito" fue el ciclista carismático por excelencia de los 2000-2010. Tienen algo en común: ninguno de los dos destacó como líder hasta una cierta edad. Gregario en la ONCE y después en el Caisse d´Epargne (la estructura de toda la vida de Reynolds, ahora Movistar), "Purito" era un súperclase limitado por sus obligaciones. No se metió entre los diez primeros de una general hasta la Vuelta 2008, con 29 años. Y no fue hasta su marcha a Katusha en 2010 que no se reveló como un auténtico líder. "Purito" era un corredor explosivo, capaz de esprintar cuesta arriba durante cien metros, doscientos, trescientos... hasta que su rival tenía que sentarse y ceder. Nunca fue de ataques lejanos pero no lo querías en el último kilómetro contigo: así, consiguió dos medallas en campeonatos del mundo, dos Lombardías, una Flecha Valona y varios podios en Lieja, territorio de Alejandro Valverde.

Como el murciano, también quiso ser competitivo en grandes vueltas y a fe que lo consiguió: pese a coincidir con grandes figuras históricas como Contador, Nibali, Froome y el propio Valverde, "Purito" subió al podio en las Vueltas de 2010, 2012 y 2015, se quedó a una crono del triunfo -como Chiappucci- en el Giro de 2012 y cuadró un Tour redondo -no se le daba demasiado bien esa carrera- en 2013, con tercer puesto incluido. No es solo la acumulación de buenos puestos lo que le coloca en esta escueta lista, sino el hecho de que realmente mereció haber ganado alguna de esas carreras. En aquel Giro que perdió "in extremis" se pasó diez jornadas de rosa y ganó dos etapas y la montaña. Solo le separaron del triunfo dieciséis segundos y ante un corredor -Ryder Hesjedal- francamente inferior sobre el papel.

Con todo, quizá la gente recuerde más la Vuelta que se le escapó inexplicablemente aquel mismo 2012. "Purito" llegaba como un tiro: se colocó líder en la cuarta etapa, sumó tres triunfos de etapa vestido de rojo y tenía completamente derrotados a Alejandro Valverde y Chris Froome a falta de cinco días para la conclusión de la Vuelta. Su único rival parecía ser Alberto Contador... pero Contador volvía tras un año sin correr por sanción y era una incógnita. Antes de empezar la decimoséptima etapa, de Santander a Fuente Dé, el de Pinto estaba a 28 segundos del liderato y decidió probarlo subiendo al Mirador, un puerto de segunda sin mayor importancia. No quedaba mucho más terreno hasta la llegada a Madrid, solo la Bola del Mundo, pero la Bola del Mundo era la típica ascensión que favorecía a Purito más que a nadie.

Contador atacó -no hay imágenes de aquello-, cogió una pequeña distancia, Valverde se fue a por él, Katusha se vino abajo... y el resto es historia. En una etapa de media montaña, Purito perdió más de dos minutos y medio y con ellos, la Vuelta de ese año y la esperanza de conseguir un gran triunfo. En 2015, ya con 36 años, consiguió otro segundo puesto en la Vuelta, aprovechando el hundimiento de Tom Dumoulin en La Morcuera pero sin dar la sensación de ser superior a Fabio Aru, el vencedor final. Purito y Chiappucci, Chiappucci y Purito. Dos hombres que se quedaron sin más gloria que la del reconocimiento de los aficionados. Dos nombres que pasarán a la historia mucho más que el Chris Horner de turno, por otro lado. Tal vez, al fin y al cabo, eso es lo que realmente cuente.

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