Quién es Colin Kaepernick: el 'footballer' que inspiró las protestas antirracistas que sacuden Estados Unidos

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El jugador de fútbol americano Colin Kaepernick. Foto: Carmen Mandato/Getty Images.
El jugador de fútbol americano Colin Kaepernick. Foto: Carmen Mandato/Getty Images.

Seguro que lo has visto en los últimos días, porque es una imagen repetida varias veces en diversos escenarios. A raíz de la muerte por asfixia del afroamericano George Floyd tras sufrir el maltrato de agentes blancos de la policía de Minneapolis, se ha desencadanado una oleada de protestas que ha generado disturbios gravísimos en Estados Unidos. Los manifestantes piden en última instancia una igualdad racial real que, como estamos comprobando, no existe todavía en aquel país.

Por este motivo, están recibiendo muestras de solidaridad y apoyo de los lugares más insospechados. Incluso la propia fuerza del orden, encargada de controlar (y en algunos casos reprimir) las marchas callejeras, está en algunos casos poniéndose de parte de su parte. En el mundo del deporte se han visto varios ejemplos, como los futbolistas Marcus Thuram (Mönchengladbach), Jadon Sancho (Dortmund) o la plantilla entera del Liverpool.

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Muchas de estas acciones tienen en común que repiten el mismo gesto: el protagonista se arrodilla doblando una sola de sus piernas. Para entender de dónde viene esta acción tan simbólica no hace falta que abandonemos el ámbito deportivo, pero sí que cambiemos de tipo de balón. Porque quien lo inició todo fue Colin Kaepernick, jugador de fútbol americano.

Kaepernick juega (o más bien jugaba, como veremos más adelante) en la posición de quarterback o mariscal de campo, que es una de las piezas más importantes en la estrategia ofensiva del football ya que se encargan de decidir e iniciar la jugada de ataque que desarrollará su equipo. La crítica especializada no dudaba en considerarle uno de los mejores en la NFL, la liga profesional norteamericana. Como miembro de los San Francisco 49ers, con quienes debutó en 2011, llegó a jugar la Super Bowl de 2012, además de ser ganador de la NFC (uno de los dos grupos en que se divide el campeonato) y ser finalista al año siguiente.

Todo en su carrera transcurría con tranquilidad relativa, sin más ajetreo que el habitual en un deportista de élite, hasta el año 2016. En las competiciones deportivas en Estados Unidos es costumbre (aunque no haya obligación legal) que se interprete el himno nacional antes de empezar el partido y que jugadores, técnicos, árbitros y todo el personal presente lo escuchen de pie y con la mano en el corazón. Kaepernick, en su lugar, optó en un primer momento por permanecer sentado, y en los siguientes encuentros por arrodillarse mientras duraba la música (le pareció una opción más respetuosa y a la vez más vistosa).

Era su forma de protestar, decía, contra las desigualdades raciales y los abusos contra la población negra en Estados Unidos. Justo por esa época estaba surgiendo el movimiento Black Lives Matter, a modo de respuesta por la muerte de ciudadanos negros a manos de la policía. La lista de casos es prácticamente interminable, aunque quizás el que más llamara la atención fue el de Eric Garner, a finales de 2014, en circunstancias muy parecidas a las de Floyd actualmente.

“No me voy a levantar para mostrar orgullo por la bandera de un país que oprime a la gente negra y de otras razas. Para mí, esto es más importante que el football y sería muy egoísta por mi parte mirar hacia otro lado. Hay cuerpos por las calles mientras los asesinos se escapan sin consecuencias y hasta con vacaciones pagadas”, declaró Kaepernick al ser preguntado por su actitud.

Porque Kaepernick se considera a sí mismo parte de la comunidad afroamericana, aunque en rigor sea mestizo. Su padre sí era de raza negra, pero se separó de su madre (blanca) antes de que Colin naciera en 1987. Ella, además, dio a su bebé en adopción al poco tiempo: los Kaepernick, un matrimonio blanco de Wisconsin, se hicieron cargo de él y le criaron junto a sus otras dos hijas biológicas.

Las cosas podrían haber quedado ahí si no fuera porque en Estados Unidos los símbolos nacionales en general, el himno en particular, son una cuestión muy sensible. La Constitución, en su primera enmienda (la que se refiere a la libertad de expresión), garantiza el derecho de protesta como se crea conveniente, incluso quemando la bandera de las barras y estrellas. Otra cosa es que socialmente esté muy mal visto, porque algunos sectores lo consideran una falta de respeto gravísima a los militares y agentes de la ley que han perdido la vida en acto de servicio.

De ahí que el acto de Kaepernick de arrodillarse durante la interpetación de la melodía causara controversia inmediata. Muchos otros jugadores, tanto de su equipo como de sus rivales, comenzaron a secundarle y al poco tiempo el asunto se convirtió en un problema que trascendió más allá de los estadios. Donald Trump, en aquella época candidato a la presidencia por el Partido Republicano, dijo que lo que había hecho Colin era “algo terrible” y que el jugador “debería buscar un país que sea mejor para él. Que lo intente, no lo encontrará”.

Un año más tarde, ya como presidente, fue más allá: fiel a su estilo, llamó “hijos de puta” a los footballers que se arrodillaban durante el himno (que cada vez eran más) y animó a los presidentes de las franquicias a despedirlos. El clima de hostilidad que se generó llevó a algunos aficionados a quemar camisetas de los jugadores implicados, además de boicotear la competición dejando de comprar sus productos oficiales y de contratar las retransmisiones en televisión.

La situación se atajó a las bravas en 2018, promulgando una nueva norma en la NFL que de hecho obligaba a los jugadores a estar de pie durante la interpretación del himno sin hacer ningún gesto de protesta, bajo pena de partidos de sanción. Esto y el paso del tiempo contribuyeron a ir relajando poco a poco los ánimos. Pero para Kaepernick sí que hubo consecuencias. Con él había empezado todo, así que se le usó como chivo expiatorio.

A finales de aquel 2016, los 49ers decidieron no prolongar su contrato. Durante todo 2017 estuvo intentando fichar por otro equipo, y llegó a hacer un par de pruebas, pero finalmente nadie le quiso integrar en su plantilla. Eso, a pesar de que entrenadores, prensa y aficionados estaban de acuerdo en que era mejor que muchos de los titulares habituales en otros equipos. Colin estaba convencido de que la NFL había dado orden a las franquicias de mantenerle al margen, de manera que acabó llevando a juicio a la organización (aunque en 2019 llegaron a un acuerdo confidencial y se retiró la querella).

Durante este tiempo, aunque ha seguido entrenándose con la esperanza de volver a jugar, Kaepernick se ha centrado en esta batalla legal y en su faceta de activista político, ya que se convirtió en una de las voces más reconocibles contra el racismo en Estados Unidos. Tampoco descuidó sus finanzas: en 2018 firmó un contrato para ser una de las imágenes de marca de Nike. La consecuencia casi inmediata fue una campaña de boicot contra el fabricante de zapatillas, de nuevo con gente quemando sus productos, aunque a la empresa no le importó mucho porque a la larga le salió rentable.

Recientemente se ha podido comprobar que Kaepernick tenía razón: había un veto contra él y nadie le quiso fichar en aquel 2017 no por sus cualidades deportivas, sino por su implicación en la causa. Lo ha confesado Joe Lockhart, que fue directivo de la NFL, concretamente vicepresidente de Comunicaciones, entre 2016 y 2018. Pero, contrariamente a lo que se pensaba, no era la propia liga la que le quería mantener al margen (más bien al contrario, presionaron para que alguien le fichara), sino las franquicias, temerosas de las implicaciones que podía tener una figura tan controvertida a la hora de negociar patrocinios o de atraer público a los estadios. “Ese era un riesgo comercial que ningún equipo estaba dispuesto a asumir, ya fuera el propietario partidario de Trump o un liberal”, asegura el antiguo mandatario.

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