De comer en la misma mesa a tener que llevar babero para pedir la carta

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Leo Messi y Antoine Griezmann se lamentan tras fallar una ocasión.
Leo Messi y Antoine Griezmann se lamentan tras fallar una ocasión.

La imagen se repite en cada partido del Barça con un resultado idéntico: Antoine Griezmann se vacía ofreciendo desmarques al espacio y ninguno de sus compañeros le pasa el balón. Es más, quienes deberían ser sus principales socios en el club azulgrana, Leo Messi y Luis Suárez, nunca le encuentran. Primero porque no le miran lo suficiente y segundo, porque siempre se dibuja como la última opción si hay opciones de que la jugada la puedan finalizar cualquiera de ellos dos. La pregunta, por tanto, es ¿por qué el Barça ha fichado a un campeón del mundo si sus estrellas iban a ignorarlo?

Hace no tanto tiempo, concretamente en septiembre de 2018, Antoine Griezmann afirmaba comer en la mesa de Leo Messi y Cristiano Ronaldo. Una afirmación exagerada ya por entonces, pero que se ajustaba al escalafón jerárquico que ocupaba el entonces campeón del mundo en su selección y en su equipo, el Atlético de Madrid. Antoine era uno de los mejores futbolistas del mundo. En este sentido, el galo se encargaba de conectar la solidez defensiva con el ataque a través de su creatividad en la zona de la mediapunta. Un área de influencia que le ha sido arrebatada por causas de fuerza mayor.

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La demarcación de Leo Messi es la zona de Griezmann y ese territorio queda reservado al argentino. Así, el francés ha tenido que irse con la música a otra parte y tratar de encontrar su sitio en el entramado azulgrana. Desde la banda izquierda con Ernesto Valverde hasta la punta de ataque con Quique Setién, Antoine ha transitado por diferentes posiciones y roles. La melodía del francés suena en el Barça pero nadie la escucha. Y ya empieza a desafinar demasiado.

En la banda izquierda del ataque azulgrana era un parche metido con calzador por la falta de extremos. Al fin y al cabo, Griezmann era un magnífico conductor de transiciones ofensivas, pero no contaba con los recursos suficientes desde el desborde y el regate para asentarse en una posición que vive de desestabilizar el sistema defensivo rival. De hecho, el propio jugador no tardó en manifestar su incomodidad al asegurar que no sabía regatear porque su estilo de juego se basaba en intercalar uno o dos toques con velocidad.

La solución de Quique Setién fue formar una doble punta arriba ante la ausencia de Luis Suárez. De este modo, Griezmann volvía a estar centrado en el ataque culé pero tirado a la izquierda, lo que suponía seguir renunciando a su propia naturaleza. Los futbolistas son esclavos del contexto. Griezmann no se ha podido encontrar una situación más complicada para exhibir su juego, ya que no tendrá la posibilidad de adueñarse de la zona de Leo Messi.

Mapa de calor de Antoine Griezmann en el Barça de Ernesto Valverde. (Sofascore).
Mapa de calor de Antoine Griezmann en el Barça de Ernesto Valverde. (Sofascore).
Mapa de calor de Antoine Griezmann ante el Athletic Club. (Sofascore).
Mapa de calor de Antoine Griezmann ante el Athletic Club. (Sofascore).

Sin embargo, el francés no ha alzado apenas su voz desde entonces, pero la realidad es que el problema va más allá de la táctica y la pizarra. Antoine Griezmann es ignorado sistemáticamente por sus compañeros de ataque. Sin balón, el galo lanza desmarques profundos, pinta jugadas prometedoras, arrastra defensas y aclara la zona de Messi, pero no le buscan. Una situación que cobra especial importancia cuando la pelota cae en los pies del argentino o de Luis Suárez. En muy pocas ocasiones tratan de integrar al galo en la finalización de las jugadas.

El desaguisado es enorme. El Barça está desaprovechando a uno de los mejores futbolistas del mundo por no saber brindarle el ecosistema necesario para que brille. A consecuencia de lo poco que pesa en los ataques azulgranas, Griezmann respira desconfianza cada vez que toca el balón. No intenta su jugada, se limita a hacer lo correcto -esto es mirar a Messi- y pasar desapercibido. Sin peso, sin mesa y sin jerarquía. ¿Se rebelará Griezmann contra su propio contexto?

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